Christopher Nolan ha convertido 'La Odisea' en una de esas películas que ganan con cada visionado. Más allá de su espectacular despliegue técnico o de su reinterpretación del poema de Homero, el filme está repleto de pequeños detalles que ayudan a contar la historia sin necesidad de dar muchas explicaciones.
Uno de los más interesantes aparece durante el clímax, cuando Odiseo regresa a Ítaca para ejecutar su esperada venganza. En ese momento, una tormenta se desata sobre el palacio y los relámpagos acompañan prácticamente toda la secuencia, iluminando el caos, la violencia y la sangre que inundan la pantalla. Pues resulta que, como todo, no fue solo una decisión estética.
Ojo, que a partir de aquí habrá spoilers
Mejor no tentar a la suerte
Desde que comienza la matanza de los pretendientes, la tormenta está presente y permanece a lo largo de toda la secuencia. Los continuos destellos de los rayos remarcan cada momento de tensión y convierten la batalla final en una auténtica manifestación del caos, como si la propia naturaleza estuviera reaccionando a lo que sucede en el interior del palacio.
Y lo curioso es que la película mantiene ese simbolismo desde el principio. En una de las primeras escenas se menciona la llamada "ley de Zeus" y, justo en ese instante, un rayo suena cerca de donde están sobre los personajes. Es una forma de sugerir que el dios está presente, observando cada cosa que ocurre, aunque nunca aparezca ni lo veamos. Ese concepto de la "ley de Zeus", inspirado en la antigua xenia griega, permanece como uno de los ejes morales de la película.
En lugar de representar a Zeus o Atenea como personajes, Nolan convierte los fenómenos naturales en la expresión de su voluntad. Los antiguos interpretaban los rayos, truenos o terremotos como acciones divinas y esta idea permite abordar los elementos mitológicos desde una perspectiva más terrenal.
Además, este detalle también está relacionado con el texto original. En 'La Odisea', Zeus utiliza el trueno como un presagio que confirma que Odiseo cuenta con su favor antes de enfrentarse a los pretendientes, y los relámpagos funcionan repetidamente como señales divinas a lo largo del relato.
Es el tipo de recurso que puede pasar desapercibido, pero que subraya todo lo que vemos y le aportan mucha más fuerza a la historia y al final. La tormenta deja de ser un simple efecto atmosférico para convertirse en un guiño que nos habla del juicio, la justicia y el final de un ciclo. Una muestra más de que, incluso en una superproducción de este tamaño, Nolan sigue construyendo sus películas a partir de pequeños detalles.
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