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'Historias de miedo para contar en la oscuridad': terror juvenil al uso pero rebosante de imágenes de impacto
Críticas

'Historias de miedo para contar en la oscuridad': terror juvenil al uso pero rebosante de imágenes de impacto

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El crédito de Guillermo del Toro como productor no siempre es garantía de infabilidad, más bien al contrario. 'Mamá' y 'No tengas miedo a la oscuridad', por mencionar un par que están en sintonía con 'Historias de miedo para contar en la oscuridad', fracasaron a la hora de conectar con sus respectivos referentes -un cortometraje que hacía de la contundente concisión su virtud y un clásico del horror espectral sucio de los setenta-. Aquí la conexión está más lograda, pero es precisamente la reconocible identidad de Del Toro la que echa algo por tierra el proyecto.

'Historias de miedo para contar en la oscuridad' se inspira en una colección de tres libros (que aquí se editaron en su día como 'Historias de miedo'), cada uno con una treintena de historias brevísimas de terror orientadas al público juvenil. Su autor, Alvin Schwartz, experto folclorista, las basó en leyendas urbanas y cuentos populares de miedo. No era una táctica nueva, ya que precedentes históricos como Robert Louis Stevenson o ETA Hoffmann habían hecho cosas similares inspirándose en raíces paralelas de la cultura popular.

Lo que sí hizo Schwartz muy bien y de forma novedosa fue rubricar cuentos que funcionaban gracias a su estructura casi oral, de "esto le pasó a un amigo de un amigo". Y también con su brutal brevedad, que se anticipó por completo a formas de las narraciones de miedo que ahora vemos sobre todo en Internet, a golpe de creepypasta y redes sociales. Eran casi una destilación de un tebeo de horror de la EC, con su muerto vengativo o su espectro resentidillo proporcionando un giro, un susto y una instantánea de impacto.

Esos son los mejores momentos de 'Historias de miedo para contar en la oscuridad', los que le dan un sello realmente diferenciador: las pequeñas historias de terror que funcionan de forma independiente, en piezas de gran intensidad, rebosantes de monstruosidades aberrantes (estupendo el uso de efectos prácticos en los diseños, potenciado mediante CGI) y fantasmas del infierno, y que no duran más de unos cuantos minutos. En esos momentos de tono histérico y total desconexión con lo racional es donde la película encuentra un rasgo diferenciador. Por desgracia no sucede en igual medida en la parte que se encarga de dotarlas de unidad.   

'Historias de miedo para contar en la oscuridad': antología pesadillesca

Quizás el gran inconveniente de 'Historias de miedo...' es que no se atreve a ser una auténtica película de episodios, algo similar a lo que le sucedía a la también muy estimable y juvenil 'Pesadillas'. Aquí la situación es más llamativa porque las monstruosidades que se presentan a los protagonistas no tienen relación entre sí, sino que salen de lo que se escribe en un libro encantado, basándose en las propias fobias de cada uno de ellos. Es decir, algo de episódico tiene, pero la mayor parte del tiempo lo que contemplamos son las vicisitudes comunes de los protagonistas de esas minihistorias y el intento colectivo por salvarse

Se trata de un grupo de amigos que en 1968 entran en una casa con fama de encantada y despiertan a un peligroso espectro, una mujer que en vida fue torturada entre aquellas paredes y de cuya maldición no se pueden desprender. Acarrean con un libro maldito sacado de la casa, cuyas historias aniquilan a quienes las protagonizan. Y claro, será este grupo de chavales quienes empiecen a aparecer como centro de las nuevas historias que se escriben solas en sus páginas...

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Con una ambientación que, pese a la época escogida, toma mucho prestado de las dinámicas de personajes de la nueva versión de 'It' o de 'Stranger Things', poco a poco el sello visual y temático de Guillermo del Toro se apropia de la sórdida abstracción del original literario. De ese modo, los espíritus del tramo final podrían haber salido de 'La cumbre escarlata', aunque debido a la orientación juvenil de esta película, los resultados son mucho menos mórbidos. El resultado tira en muchas direcciones, pero de ninguna con la suficiente fuerza. 

Hay interesantes inyecciones de simbolismo político por la vía de 'La noche de los muertos vivientes' y la inevitable pero bien integrada presencia latina. André Øvredal hace lo que puede dejando parte de su morboso sello visual (mucho mejor encajado en la estupenda 'La autopsia de Jane Doe') en las escenas más pesadillescas. Y gracias a los actores infantiles (sobre todo una estupenda Zoe Margaret Colletti), los niños generan empatía y un ambiente juvenil y despreocupado. El conjunto no está todo lo equilibrado que sería deseable, pero lo cierto es que sus secuencias de impacto son dignas de recuerdo: más cuanto más arbitrarias y, con ello, fieles a los libros, se presentan.

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