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John Carpenter: 'Dark Star', cutrez y talento

John Carpenter: 'Dark Star', cutrez y talento
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“Es el momento del sueño eterno, pedazo de basura inútil”

- Sgt. Pinback al alienígena

Al igual que sucedió con algunos célebres cineastas, antes y después que él, la primera producción de Carpenter, la muy estimable ‘Dark Star’ (id, 1974) se hizo con poquísimo dinero y muchísimo ingenio para emplearlo. Según la mayoría de las fuentes, unos exiguos sesenta mil dólares, que se reunieron con bastante esfuerzo. Pero lo que importa no es el presupuesto, ni la forma de conseguirlo, sino los resultados. Antes de hablar de ellos, constatar que para hacer una película como esta hay que desplegar una fe realmente enorme en el material que se va a filmar y en uno mismo, porque de la misma manera que quedó bien, podría haber resultado un fiasco definitivo. Con ella Carpenter se dio a conocer al mundo, y gracias a su (relativo) impacto pudo hacer ‘Asalto en la comisaría del distrito 13’ (‘Assault on Precinct 13’, 1976), pero también pudo haber caído en el ridículo más absoluto y no haber dirigido más en toda su vida. Por ello Carpenter personifica, como muy pocos directores, la importancia de creer en uno mismo, más allá de cualquier otra consideración moral o personal.

Inclasificable, audaz, divertidísima, cínica, extraña, extravagante, chocante…muchos adjetivos le cuadran al debut de Carpenter, que por muy ínfimo que sea en cuanto a proyecto consigue prácticamente todo lo que se propone. Es decir: la diferencia entre lo buscado y lo encontrado es mínima, por no decir inexistente, hasta el punto de erigirse en título clave del maltratado (y hasta cierto punto incomprendido) género de la sci-fi, al que regresaría Carpenter en más de media docena de títulos. Muchos de ellos desarrollarán temas y formas ya ensayados con éxito en ‘Dark Star’, pues Carpenter es uno de esos artesanos que, además, son autores, y que no renuncian a su personalidad por más que suenen los cantos de sirena de los estudios. A Carpenter lo único que le interesa son sus obsesiones: los elementos de la sci-fi pura, tatuados en su retina después de leer miles de cómics del género, el dibujo irreverente de los personajes, la aventura de ver y hacer películas.

La cosa es más o menos como sigue: cuatro astronautas llevan varias décadas del siglo XXII dando vueltas por el espacio, a bordo de la nave Dark Star. Están encargados, gracias a su muy desarrollada tecnología, de destruir planetas inestables que puedan poner en peligro colonizaciones futuras. Se sirven, para ello, de bombas inteligentes y de un poder inmenso. El comandante de la misión ya falleció, y le mantienen congelado, aunque pueden comunicarse con él. Además, el tripulante más conflictivo, el sargento Pinback, ha adoptado una mascota alienígena con forma de balón de playa y dotado de garras, al que debe alimentar. Así las cosas, la bomba número 20 se niega a aceptar las órdenes y amenaza con detonarse a sí misma. El mal avenido equipo de astronautas, y su congelado comandante, saldrá de su tedio estelar intentando que no cumpla sus amenazas, filosofando con ella, llegando a un memorable y trágico final. Estos son los mínimos elementos de ‘Dark Star’ y no son lo más interesante de la película. Lo más interesante es cómo la ha dirigido Carpenter.

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Que John Carpenter sea capaz de inquietar y atrapar al espectador con una historia tan boba como esta, es la prueba de un talento auténtico, innato (y de que es más importante, siempre, el “cómo” que el “qué”). Es capaz de convertir las enormes limitaciones presupuestarias en una virtud, inoculando una gran claustrofobia y tensión anímica con una puesta en escena ascética y muy precisa, con la cámara como aliada (no pueden decir lo mismo muchos supuestos grandes directores, que sólo saben hacer plano/contraplano, y que cuando salen de ahí se dedican a hacer cosas absurdas con ella) y sin tomarse jamás demasiado en serio a sí mismo. No conozco a ningún otro director capaz de filmar a una pelota de playa y hacerla pasar como un inquietante alienígena. Por lo demás, se advierten guiños poco velados, más que influencias reales, a ‘2001: una odisea del espacio’ (‘2001: A Space Odyssey’, Stanley Kubrick, 1968) y a ‘¿Teléfono rojo?, volamos hacia Moscú’ (‘Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb’, Stanley Kubrick, 1964), y una serie de soluciones narrativas que van a reaparecer en algunos títulos relevantes de la sci-fi.

En cierto modo, se puede considerar a esta película un puente entre una cierta concepción de la sci-fi como vehículo para la trascendencia cósmica, que tendría su máximo exponente precisamente en la citada película de Kubrick, y una sci-fi mucho más cotidiana, que potencie las relaciones de los personajes entre ellos mismos y con su entorno, y con una historia con la que podamos conectar a un nivel emocional, además de sensorial. Dan O’Bannon, protagonista, coautor del guión, montador, encargado del diseño de producción y supervisor de los efectos especiales, pasaría a la historia del cine pocos años más tarde por ser el autor del guión de ‘Alien’ (id, Ridley Scott, 1979), en realidad bastante retocado por David Giler y Walter Hill, aunque él supo luchar por permanecer en los créditos como único guionista. Pero realmente ‘Dark Star’ parece un borrador de la futura película de Scott. Además, cuenta con Ron Cobb como encargado de efectos especiales, un hombre que será diseñador o artista conceptual nada menos que de proyectos como ‘Alien’, ‘Aliens’ (id, James Cameron, 1986), ‘The Abyss’ (James Cameron, 1989), ‘En busca del arca perdida’ (‘Raiders at the lost Ark’, Steven Spielberg, 1981) o ‘Desafío total’ (‘Total Recall’, Paul Verhoeven, 1990).

Filmada en 16 mm, posteriormente hinchados a 32 mm, la cinta apenas duraba cuarenta y cinco minutos, hasta que llegó Jack H. Harris y dio el dinero necesario para sus ochenta y tres minutos finales (así como unos cuantos dolores de cabeza a Carpenter, al parecer). En estos ochenta y tres minutos finales de cutrez y diálogos imposibles, Carpenter da una lección en la planificación y en la atmósfera, dominando completamente los espacios y el ritmo, llenando perfectamente su ratio de 1.85 (posteriormente, utilizará el scope siempre que pueda), y llevando a cabo un sorprendente equilibrio entre humor y densidad. Algunos quisieron ver en ella una sátira del género, o incluso una parodia, y no creo que sea nada de eso. En realidad es un meritorio homenaje a un género con el que Carpenter creció y por el que siente un gran cariño y admiración. Tampoco es cuestión de ver en ‘Dark Star’ una gran película. No lo es. Es un filme de factura correcta que presenta el gran talento narrativo de su máximo responsable, que divierte y que es toda una declaración de principios y de coraje.

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