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'La Cuestión Humana', la cuestión del público

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‘La Cuestión Humana’ (‘La Question Humaine’) es un film francés de 2007 que llegó a los cines españoles el pasado 14 de noviembre. Dirigida por Nicolas Klotz y rotagonizada por Mathieu Amalric, más popular ahora gracias a su papel de (mediocre) villano en ‘007: Quantum of Solace’, la película nos pretende descubrir conexiones entre las grandes empresas y el nazismo.

La historia de ‘La Cuestión Humana’ se centra en Simon, un importante psicólogo que trabaja en el departamento de recursos humanos de una gran multinacional. Su cometido es el de organizar juegos de rol para descubrir los puntos fuertes y débiles de los aspirantes a formar parte de la empresa. La vida de Simon da un giro cuando se le encarga investigar al mismísimo director general, quien parece haber perdido la cabeza. Éste, sin embargo, cree ser víctima de una conspiración.

El proceso, o la amenaza, de la deshumanización es algo que ha interesado al cine desde hace tiempo. No es nada nuevo, como tampoco todo lo que rodeó al partido nazi, su origen, su desarrollo y sus consecuencias. ‘La Cuestión Humana’ quiere hablar de ambas cosas, unirlas, en el marco de los negocios, de las grandes corporaciones, y en la actualidad.

La película de Klotz se hace eco de la frialdad, la artificialidad y la falta de humanidad que parece afectar a las sociedad occidental, la más avanzada, la del progreso, el capitalismo y el consumo masivo. Para ello acude a una de las etapas más vergonzosas y terribles de la Historia, el ascenso y apogeo del nazismo. Cómo sucedió aquello, cómo pudieron ocurrir tantas barbaridades en la Alemania nazi es algo de lo que se viene hablando y debatiendo desde hace décadas.

‘La Cuestión Humana’ no pretende explicar este fenómeno, pero sí demostrar que hay raíces de lo que ocurrió aquí y ahora. En nuestras empresas, en nuestro entorno. Que puede ocurrir de nuevo, parece llegarnos a indicar Klotz, repitiendo un mensaje que también forma parte de la alemana ‘La Ola’ (estrenada en España el día 28 de este mes). La génesis del desastre sigue viva, como un virus, mutando para adaptarse a los tiempos que corren. Unos tiempos donde el ser humano parece reducido a una cifra. Como las víctimas de los campos de concentración nazis.

Sin embargo, este discurso, esta interesante hipótesis, queda en nada. En un soporífero film que no aporta absolutamente nada al espectador. El público es ignorado por completo en ‘La Cuestión Humana’, que innecesariamente dura casi dos horas y media, para colmo. Klotz acude a una narración casi documental, una de esas modas que han vuelto a nuestro tiempo, y se limita a mostrarnos escenas que evocan esa frialdad y falta de humanidad, eternas secuencias cuyo significado se lee en un segundo y aburren en todos los demás. Lo más destacado del conjunto es, desde luego, el esforzado trabajo de Mathieu Amalric y de Michael Lonsdale (casualmente, encarnó a otro villano de la saga de James Bond).

Se supone que hay inteligencia en este producto, pero yo no encuentro más que torpeza a la hora de querer desarrollar una trama vaga y simple, torpeza a la hora de querer trasladar al espectador una idea terrible. Se supone que estamos ante la demostración de que el nazismo sigue vivo en nuestro sistema económico… y uno no siente más que ganas de apagar la pantalla e irse a dormir. La cara de Amalric en muchos momentos, de completo desconcierto, era la mía, que no comprendo cómo se puede malgastar tanto dinero en fabricar una película como ésta, tan insustancial y vacía. No entiendo cómo se puede estrenar en salas comerciales una película así, tan aburrida.

Tenía un gran interés en esta película, como podéis comprobar en uno de los artículos de “el día del espectador”, pues los ingredientes de la misma me parecían suficientemente atractivos, con posibilidades, y, teniendo en cuenta el nivel general de lo que nos llega de norteamérica, lo cierto es que tenía ganas de saborear un producto diferente. Ahora me lamento. Pero lo mismo que de haber visto los churros comerciales de Hollywood.

Porque a fin de cuentas, tanto una cosa como la otra es lo mismo, una pérdida de tiempo. En mi opinión, cine mediocre. La diferencia es que un producto va destinado a los círculos elitistas y el otro al público como masa. Perfecto, todos contentos, menos los que nos encontramos en terreno de nadie, que seguimos esperando películas que puedan soportar la comparación con obras maestras del calibre de ‘Tiempos modernos’ o ‘Vencedores y vencidos’.

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