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'La familia Savages', retrato familiar bien contado

'La familia Savages', retrato familiar bien contado
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"Cuando nuestros padres, que estado cuidándonos toda la vida, no pueden cuidar de sí mismos, ¿qué hacemos con ellos?" reza el eslogan del anuncio de una residencia de ancianos que sale en la película. Y me parece la premisa perfecta para lo que propone una obra muy estimable del pasado año. Esta pregunta, tan irreversible como universal, podría haberse tratado de una forma muy convencional, como esos telefilms que emite cierta cadena en la hora de sobremesa.

Por suerte, no es el caso de 'La Familia Savages'. Un título, por cierto, mal traducido, como siempre, o se traduce como 'Los Savages' o 'La Familia Savage', pero este "quedarse a medias" resulta horroroso. La película sin duda funciona por varios motivos, unos más evidentes que otros, pero sin duda hay que ir al grano destacando la actuación de sus dos protagonistas, Wendy y Jon Savage, interpretados con lucidez por dos de los mejores actores de la actualidad. Son, respectivamente, Laura Linney y Philip Seymour Hoffman.

Resulta que dos hermanos, que no tienen un contacto muy habitual, deben volver a verse y convivir para cuidar de su padre (estupendo Philip Bosco), que tiene los primeros síntomas de demencia y su movilidad se va viendo progresivamente lastrada. La película se encarga de mostrarnos, con una honestidad tajante, todas las consecuencias que tienen para los dos hermanos esta nueva situación, tan molesta como indefinida.

El ritmo de la narración es muy lento, que no pausado, pero no permite concesiones al espectador, ya que continuamente se revelan circunstancias y hasta anécdotas sobre los obstáculos que pueden encontrar unos hijos, al tener que asimilar que su padre les necesita. Ello viene suplementado con el hecho de que su padre les abandonó y era hasta cierto punto un maltratador, provocando continuos dilemas morales sobretodo en Jon, que le sufrió más.

Jon vive en una especie de estoicismo logrado por autosugestión, gracias en cierta medida a la tendencia del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, a quien está dedicando un libro de ensayo como profesor de universidad. Nada parece afectar a Jon, pero da la eterna sensación de que va a explotar de un momento a otro. Wendy, sin embargo, enfoca toda su frustración (es una escritora fallida que está aprovechando una beca estatal que no le corresponde) en su gato y en su planta, volcando en ellas un afecto abstracto que la aleja de la verdadera realidad. Asimismo, se ve con frecuencia con un hombre casado para satisfacer su vida sexual, aun a sabiendas de que es una relación vacía y degenerativa. Como vemos, Jon y Wendy son unos personajes riquísimos en matices, y su curioso comportamiento y evolución subsanan con creces el pulso narrativo, con el que el espectador ha de tener paciencia en muchas ocasiones.

La dirección de la cuasidebutante Tamara Jenkins es más que correcta, y el guión, escrito por ella misma, SPOILER abre una puerta de esperanza hacia el optimismo, con un final en el que los protagonistas se dan cuenta de todo lo que han aprendido, para luchar por sus propias vidas FIN SPOILER. La fotografía es igualmente decente, con una tendencia a la estética invernal y a lo gris, como complemento a lo que se está contando.

Laura Linney optó merecidamente al Oscar por 'La Familia Savages' por su gloriosa e inspirada actuación, aunque Hoffman podría haber sido nominado igualmente, cosa que hizo, sin embargo, por 'La guerra de Charlie Wilson'. La película es, en resumen, un ejemplo perfecto de cómo una historia familiar, dentro de ese gastado concepto que es lo melodramático, puede ser contado de forma eficiente y original, sin tendencia a la lágrima fácil. Y lo que es más importante, teniendo muy en cuenta la inteligencia del espectador, que debe sacar sus propias conclusiones a partir de las escenas, las miradas, la combinación triste de la música de Stephen Trask y la innegable dificultad de las situaciones.

Gran película, aunque en ciertos momentos no sea fácil de ver por su radicalidad y claridad a la hora de contar problemas que no son propios a todos, ahora mismo o más adelante. En otras palabras, por su dureza.

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