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'La Momia', evasión en Egipto

'La Momia', evasión en Egipto
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Este viernes se estrena 'La Momia: la tumba del emperador dragón', tercera parte de una saga cuyas mayores pretensiones nunca han estado más allá del puro entretenimiento. Conviene recordar que el estreno de esta película es fruto de que sus antecesoras gozaron de un éxito tremendo, tanto que hasta se lanzó una especie de spin-off cinematográfico titulado 'El Rey Escorpión' (horrible, por cierto).

Decir que 'La Momia', película de 1999 rodada por Stephen Sommers y protagonizada por Brendan Fraser, Rachel Weisz y John Hannah, está basado en el mítico título homónimo de 1932 con Boris Karloff como personaje principal, es una auténtica sandez. Todo lo que allí era un ritmo pausado, lirismo y misterio, aquí es un espectáculo de acción, tan atractivo como superfluo.

El sacerdote Imhotep (Arnold Vosloo) es la mano derecha del faraón Seti, y está enamorado de la prometida de éste. Entre los dos conspiran contra el faraón y lo asesinan, pero sus soldados le capturan, le llevan a Hammunaptra, la ciudad de los muertos, y le imponen el Hom-Dai, la peor maldición posible. Ahora estamos en los años 20, y Evelyn (Rachel Weisz), una inglesa que reside en El Cairo como bibliotecaria y su hermano Jonathan (John Hannah) se encuentran casualmente con un mercenario llamado Rick O'Connell (Brendan Fraser), que afirma que puede llevarles a Hammunaptra.

No hay que ser un lince para llegar a la conclusión de que 'La Momia' podría ser perfectamente una nueva entrega de Indiana Jones, el famoso arqueólogo creado por Steven Spielberg y George Lucas, en una trilogía (la última película ni la menciono) inolvidable. Con otros personajes y en otro contexto, claro, pero desde luego Rick O'Connell es una reinvención del célebre doctor Jones, en una analogía en la que Brendan Fraser no sale, increíblemente, demasiado mal parado en comparación con Harrison Ford. La trama bebe por tanto de Indiana Jones, y a menudo deambula entre cliché y cliché, y se permite jugar a parodiar títulos como 'Stargate' y 'La Noche de los Muertos Vivientes'. De todas formas, recoge sus mismas virtudes: es prácticamente imposible aburrirse con 'La Momia'.

Stephen Sommers dota a su película de una estética única, en la que la perfección técnica, la imponente música del fallecido Jerry Goldsmith, y los brillantes efectos especiales firmados por la Industrial Light & Magic, sobresalen en un conjunto exclusivamente palomitero. Todo en 'La Momia' es excesivo, pero normalmente funciona, y desde luego su parte más lograda es el nudo, en el que la momia va haciendo acto de presencia de forma lenta y con un terror psicológico (con muertes a lo 'Diez Negritos', de Agatha Christie) que convierte momentáneamente a este producto de aventuras en un inspirado thriller fantástico. Más tarde todo vuelve a la normalidad, con un maremágnum de caídas, explosiones, luchas, persecuciones y velocidad, sobretodo velocidad.

Es de agradecer el humor impregnado en toda la cinta, algo que desde luego realza los escasos recursos actorales de Brendan Fraser, que puede matizar su personaje con una falsa autosuficiencia y un sarcasmo muy simpáticos. Como contrapunto está Jonathan, que es cobardía en todo lo que Rick es valentía, y caradura, mentiroso, egoísta y convenido. Pero por supuesto hay que destacar a Rachel Weisz, indudablemente la que más empeño pone de todo el reparto, a lo que ayuda su belleza sobria y su condición de, por aquel entonces, estrella emergente. En cuanto al villano, no creo que sea tal, sino simplemente un monstruo solitario y superviviente, víctima de una perrada milenaria, que se despierta a tiempo para que haya película. Arnold Vosloo, en el que es el papel de su vida, se limita a poner cara de mala leche de la misma manera que lo hizo en 'Blanco Humano'. Por suerte, los personajes están correctamente definidos y son muy fáciles de identificar, sin caer necesariamente en el estereotipo permanente.

Cabe preguntarse si el éxito y la historia daban para más, teniendo en cuenta la calidad de esta película. Es obvio que por el entretenimiento que supone, a lo que ayuda un ágil guión del propio Sommers (cuya mayor virtud es su falta de ambición), el principal destino de 'La Momia' era ser explotada por la industria. Pero vino 'El Retorno de la Momia', un despropósito que sólo se entiende por la espectacularidad (digital) de sus escenas, y eso provoca a uno un escepticismo considerable respecto a este tercer volumen en el que ya se adivina un fallo garrafal desde antes de verla: en lugar de Rachel Weisz, es María Bello la que interpreta a Evelyn esta vez. Lástima.

En todo caso, 'La Momia' es una de las películas más divertidas del año 1999, con un ritmo perfecto, numerosísimos guiños a Indiana Jones, una ambientación portentosa, impecable en el apartado técnico y como he dicho, la presencia de Rachel Weisz. Su visionado es tan disfrutable que los años no la están tratando mal, por ahora. Eso sí, para quien busque una reflexión filosófica y/o trascendencia, mejor que se vaya al Top 250 de IMDB. Lo que 'La Momia' nos regala es entretenimento puro, arreglarnos la tarde de domingo de la mejor forma posible. Y nada más.

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