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'La Sombra del Cazador', periodistas sin fronteras

'La Sombra del Cazador', periodistas sin fronteras
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Richard Shepard es el director de 'La Sombra del Cazador' ('The Hunting Party', 2007), alguien que con su anterior película, la correcta 'Matador', consiguió algo de prestigio, a pesar de que ya llevaba algunas películas a sus costas. Lo cierto es que el buen hacer interpretativo de aquélla, y algunos puntos irónicos en su trama, me hicieron acercarme a su nuevo film con unas más que altas esperanzas. Shepard me había dado la sensación en su anterior película de ser alguien distinto, capaz de realizar cosas distintas dentro del aburrido panorama americano. Y vaya si me lo encontré: me encontré con una historia totalmente estúpida de tres corresponsales de guerra que son más listos que el resto del mundo, defensores de la verdad y la justicia al más puro estilo de Chuck Norris, pero sin tantos disparos.

'La Sombra del Cazador' narra la historia, inspirada por personajes reales, de tres periodistas que se adentran en los lugares más recónditos de Bosnia para intentar entrevistar y de paso entregar a las autoridades, al criminal de guerra más buscado del país, al que todos apodan El Zorro. Por supuesto, se encontrarán con más de un impedimento, y los pocos que realmente quieren ayudarles, lo hacen a riesgo de poner en peligro sus pocas valiosas vidas.

Existe una remota posibilidad de que todo cuanto vemos en la película esté tratado como si de una comedia se tratase, algo que me parece muy arriesgado, y también poco probable, porque uno no se ríe viendo 'La Sombra del Cazador', más bien le entra la vergüenza ajena. Por supuesto es una película de denuncia, dirigida hacia todos esos altos mandatarios de los Estados Unidos que no hacen absolutamente nada por intentar apresar a criminales de la Guerra de Bosnia (y que cometieron verdaderas atrocidades), los cuales aún a día de hoy, permaneces sueltos y libres sabe Dios dónde. Sin embargo esa denuncia sólo funciona, a mi parecer, en los títulos de crédito finales, en los que se lanza alguna pulla contra el gobierno americano. El resto no es más que un intento en forma de sátira, aderezado con secuencias de acción y con una filosofía que parece salida de los films de Chuck Norris, a los que la película hace alusión más de una vez.

Tal vez en ese paralelismo con los films del protagonista de 'Desaparecido en Combate' esté la gracia del asunto: en tomarse la justicia por tu mano, y hacer lo que las autoridades no son capaces o no quieren. Sin embargo yo sigo sin verle la supuesta gracia, si es que la tiene, porque me lo presentan todo de una forma absolutamente ridícula, a la par que increíble y terriblemente previsible (esto siempre lo he considerado un mal muy menor, salvo que sea algo escandaloso). Uno nunca termina de creerse que Richard Gere y Terrence Howard (que han estado mucho mejor en otras películas, por difícil que sea de creer en el caso de Gere) sean dos corresponsales que han vivido de todo, y que junto al novato al que da vida un despistado y poco expresivo Jesse Eisenberg, se conviertan en una especie de tres mosqueteros haciend justicia en un pueblo perdido en algún lugar de Bosnia, en el que para más inri, le ocurrió una desgracia personal a uno de ellos, información que por cierto se nos oculta hasta bien avanzado el metraje, y que convierten las motivaciones de dicho personaje en venganza personal.

Lo más triste del asunto es que la historia tiene posibilidades, pero la forma de Shepard de llevar a cabo su ataque a los USA no me parece el adecuado, ya que prácticamente se ríe de la profesión de periodista, más concretamente los corresponsales. También le lanza alguna pulla a las grandes emisoras de televisión, aunque muy suavemente, pero al convertir a sus protagonistas en una especie de aventureros, los tres tíos con más suerte en el mundo, les hace un flaco favor al no resultar creíble ni una sola de las alucinantes situaciones en las que se meten, por mucho marco real y dramático que tengan a su alrededor. Las interpretaciones tampoco ayudan mucho, la verdad, y ver a Diane Kruger realizar lo que casi parece un cameo, con un personaje que no se sabe de dónde demonios sale, es de juzgado de guardia.

Se salvan algunos detalles de puesta en escena, como majestuosos movimientos de cámara, o algunos flashbacks (ojo, no todos, que los hay penosos) bien filmados, aunque no bien insertados en la trama, cosa que también puede decirse de su horripilante prólogo, en el que se nos explican los antecedentes de los dos personajes centrales, algo que hubiera estado mucho mejor simplemente sugerido, pero la sutileza no es un don de nuestros días. El resto es muy, muy flojo, y prácticamente sin fuerza ni convicción, por mucho que a todos nos gustase hacer lo que estos tres periodistas hacen al final de la película.

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