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Los Vengadores', una vez más, con sentimiento

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Qué pasa blogdecineros (me resisto a usar blogdecínicos, aunque debo deciros que todo se andará).

Yo bien ¿y vosotros? Esta película, este summer tentpole (¿cómo lo traducimos al castellano? a mi me gustaría mazacote veraniego, con todas sus infidelidades etimológicas y hasta levemente semánticas) llamada ‘Los Vengadores’ dirigida (y escrita) por Joss Whedon a partir de los cómics de Stan Lee y Jack Kirby y que funda esta novísima corriente industrial de ser una franquicia hecha a partir de otras franquicias. ¿No lo entendéis? Imaginad a James Bond, Indiana Jones y John McClane luchando juntos en una película posible y ya obtendréis la clave. Los tebeos llevan años haciéndolo, pero esto, a nivel cinematográfico, es una apuesta seria, me refiero, claro está, en terrenos estrictamente económicos porque las películas cuestan un pastón y todo eso.

Tengo pocas cosas que agradecerle a Kevin Feige (¡a estas alturas, con esta retórica quisquillosa!), el productor de la película y jefe de los Marvel Studios (ahora-una-división-de-Disney-Entertaiment ¿no os da flato el conglomerado industrial al que aspiramos?), pero ciertamente una de ellas es que haya contado con Joss Whedon para esta película. Lo digo porque, mmmm, veamos, después de entender que Jon Favreau (!) o Kenneth Branagh (!!!) eran buenas decisiones para llevar adelante lo que esencialmente es una extravagancia a gran escala yo cuestiono sus decisiones un poco.

Pero Whedon sabe. Ha creado cuatro series de televisión, la famosa ‘Buffy Cazavampiros’ (1996-2003) y la fallecida pero no menos seguida ‘Firefly’ (2002). Entre los méritos de la primera, figuran el haber creado un vampiro llorón, de camisa abierta, personalidad-irresistible-por-su-lado-atormentado-nena e irritante perfectamente compensado por una cheerleader metida a feliz homicida de lo sobrenatural (desconozco los hábitos de la caza en tal serie, nunca exhibe sus presas) mientras que tomó la feliz decisión de hacer de la segunda una película del Oeste, con sus perdedores de Guerra Civil y sus zonas de sombra.


Mi compañero Juan Luis Caviaro le daba las gracias a Whedon, Mikel Zorrilla seguía feliz el bello arte de ser bien nacido y yo no voy a ser menos, muchachos. Lo cierto es que el magistral plano secuencia me dejó con la boca abierta, pero también toda la película.

Me refiero a que leer tebeos siempre fue esto. Una colección de extravagancias puntuada por un buen arco dramático (nunca fue una alegoría de nada, porque cuando descubres que hay algo más, en las páginas hermosas de Miller o Moore al final derivas en otros terrenos) y maravillado por la imaginación que se utiliza. Ya sé que a vosotros, hombres de la cinefilia y aficionados a ver a los héroes con una pátina de gravedad y sufrimiento, puede pareceros esto entretenimiento.: ciertamente me parece un entretenimiento bastante más refrescante, bastante más inteligente, que no intelectualizable, y bastante más mesurado que cualquier otra película de superhéroes anterior.

Y se agradece tanto que Whedon emplee una cantidad de chistes memorables con Tony Stark / Robert Downey Jr., se siente uno tan liberado al oír sus habituales y magníficos diálogos insólitos, como en la serie de la rubia con estaca, donde una situación dramática deviene en un risa incontrolable, se celebra tanto que Whedon se preocupe que las set pieces sean también narrativas, sin llegar al extremo sofisticado de James Cameron, hombre, submarinista, incluso torero en otra vida, cuya ‘Aliens’ (id, 1986) es lo más mastodóntico respecto a clímax finales, fui tan profundamente dichoso al ver a Hulk convertido en personaje con derecho a réplica y puñetazo y de manera literal, amigos y que a Scarlett Johansson se le sacara admirable partido con una escena de interrogatorio con un magnífico villano, encarnado por un Tom Hiddleston que disfruta de cada escena como el espectador del catártico chiste de “¿qué es esto? Shakespeare en el parque?” y, por último, fui tan infantilmente jubiloso al comprobar que Thanos aparece en una memorable escena postcréditos y promete una segunda parte monstruosa, dramáticamente más abierta a ser otro relato coral, como nunca han dejado de ser las historias de Whedon.

Lamento que los espectadores de películas dobladas se pierdan a Tony Stark llamando ‘Point Break’ a Thor (un chiste intraducible) como tantas otras peculiaridades de Whedon, cuyo habla coloquial y californiana y sensiblemente generacional proporcionan a sus espectadores horas de carcajadas y admiración.

La película contiene a un villano realmente hábil que tiene la situación bajo control hasta que ganan los héroes y se permite humillarlo con un, repito, Hulk maravilloso, a un ejército imparable de monstruos venidos del espacio exterior y a un maquiavélico Nick Furia que sitúa a nuestro ya favorito grupo de héroes en un clima notablemente hawksiano.

Yo no sé qué es tener ya diez años, pasa la vida y también los deseos de otra manera, pero durante ciento cuarenta memorables minutos podría haber montado del mismo avión que cae imparable la masa y grita y asegurar parecido entusiasmo.

Ah, y Mark Ruffalo es el mejor Hulk de la historia: su interpretación está en cada gesto, la más sutil de esta película, otro regalo a estos tiempos que han cambiado y que nunca ofrecen estas películas, ni estos fastos.

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