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'Machete', chispazos entre la basura

'Machete', chispazos entre la basura
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Machete me ha enviado un mensaje: “Acabas de joder al mexicano equivocado”.

(Michael Booth)

Machete era el protagonista de un divertido tráiler falso (anunciaba un film inexistente) que se incluyó en ‘Grindhouse’, el peculiar programa doble (formado por ‘Planet Terror’ y ‘Death Proof’) que Quentin Tarantino y Robert Rodriguez estrenaron en 2007; el avance gustó tanto que Rodriguez, orgulloso de su creación (y amante del cine rápido y barato), decidió hacer la película. El pasado viernes llegó a nuestras pantallas, codirigida junto al hasta ahora montador Ethan Maniquis. Se continúa el juego, las escenas que aparecían en el tráiler (como el protagonista volando con su moto tras una explosión, o el cura disparando a quemarropa a un matón) se mantienen en la película, como si aquél fuera de verdad el avance de lo que nos acaba de llegar. Brutal, sangrienta, paródica, cutre, tiene todos los ingredientes que uno podía esperar.

Desafortunadamente, lo que funcionaba en el tráiler no funciona tanto en el film, porque éste dura cien minutos más. El guión, escrito por Rodriguez y su primo Álvaro, no aguanta todo ese tiempo, no tiene gas para tantos minutos, y lo que se hace es rellenar con situaciones repetitivas que llegan a resultar muy aburridas. Rodriguez inventó un personaje y lo situó en varias escenas divertidas, y así tenía gracia, pero al trasladarlo a una película se queda sin ideas, y lo que nos ofrece parece otra entrega de ‘El mariachi’ (1992). Sus dos colaboradores citados no le ayudan demasiado, pero le salvan los actores, y es que el realizador nacido en San Antonio (Texas) ha reunido un elenco irresistible, inmerecido para un producto de estas características.

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Danny Trejo es Machete, un honrado agente federal mexicano que cae en desgracia cuando intenta acabar con el imperio de la droga del malvado Torrez (Steven Seagal). Tres años más tarde, Machete pasa desapercibido como un inmigrante más en Texas, pero alguien lo contrata, sin saber quién es, para realizar un trabajo “fácil” y muy bien remunerado: asesinar a un peligroso senador durante su próximo discurso. Machete acepta, pero descubre demasiado tarde que se trataba de una trampa, un montaje para que los medios de comunicación vean que él, un inmigrante mexicano, ha intentado liquidar a un candidato al senado, John McLaughlin (Robert de Niro), cuya campaña gira en torno a la construcción de un gran muro electrificado que impida la entrada de los ilegales a Estados Unidos. Herido y perseguido, Machete necesitará ayuda para limpiar su nombre y descubrir quién le ha tendido la trampa.

El súper-macho, sus chicas y unos malos muy malos

La trama es muy simplona y llega a límites de lo más absurdos, es decir, se ajusta perfectamente al tipo de producto que Rodriguez ha intentado realizar, una “serie B” gozosa y macarra. Tenemos al trágico y encantador protagonista, poco menos que un superhéroe (con la resistencia de Terminator, la destreza asesina de John Matrix y el atractivo romántico de James Bond), cuya implacable lucha le ha llevado a vivir al margen de la ley, y que se verá obligado a emprender una auténtica matanza para acabar de una vez por todas con el mayor enemigo al que se ha enfrentado, un despiadado (y delirante) narcotraficante de expresión imperturbable, que chapurrea español y le gusta luchar con dos katanas. Torrez es la cima de un organización que también incluye a otros importantes villanos, como Von Jackson (Don Johnson), líder de un grupo de “vigilantes” de la frontera, y Michael Booth (Jeff Fahey), el hombre de confianza de McLaughlin.

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Para derrotarlos a todos, Machete no sólo cuenta con sus extraordinarias (es capaz de usar el cuerpo de sus enemigos para cosas que el resto de mortales jamás imaginaríamos) y brutales habilidades (puede cortar cuatro cabezas con un solo y rápido movimiento), también puede contar con fieles aliados; tiene a su hermano, un párroco de una pequeña iglesia (Cheech Marin) igualmente muy diestro con las armas, y sobre todo, a sus chicas, guerreras y muy sexys. Entre éstas, cabe destacar a Luz (Michelle Rodriguez, que reconoce que lo más le atrajo del papel es que podía lucir su atractivo físico), la agente Sartana (Jessica Alba, dando vida a una policía que se entrena jugando con la Wii) y April, una chica adicta al sexo y las drogas (Lindsay Lohan, ¿haciendo de sí misma?). Ninguna se resiste al seductor Machete, que llegado el momento se convierte en el símbolo de la lucha para los ilegales mexicanos en suelo estadounidense. Tomarse en serio este panfleto es tan inteligente como pensar que estamos ante un film de brillante factura.

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El acierto de los actores (también hay sitio para Tom Savini, en la piel de un asesino llamado Osiris Amanpour), que se toman con mucho humor y profesionalidad sus respectivos papeles (ojo a De Niro cambiándose de chaqueta, como si fuera el mismo actor vendiéndose al que le venga con la mejor oferta), y los chispazos del guión, que la verdad es que incluye algunos momentos memorables, casi salvan una película escasa de ingenio a la que le sobran muchos minutos, siendo realmente difícil soportar secuencias de acción tan mal planificadas y montadas, sobre todo la del clímax final, en la que no se ve nada, sólo gente disparando a todas partes. Resulta ya demasiado sospechoso que Rodriguez siga empeñado en hacer este “cine malo”, sin otras pretensiones que las de hacer reír y pasar el rato viendo sangre, tiros y tetas, cuando no le da por sacar otra entrega de ‘Spy Kids’. Ya lo hemos visto, y tuvo gracia, ¿para cuándo algo bien filmado?

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