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'Michael Clayton', el buen delincuente

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'Michael Clayton' es una película de denuncia un poco particular, una de esas película de buenas intenciones que tanto le gusta protagonizar a George Clooney, sin duda uno de los actores más carismáticos y elegantes del cine actual, ya sabéis, uno de esos tipos que se pasan días sin afeitar y las tías se pirran por sus huesos, mientras que el resto de los mortales, si no nos afeitamos parecemos unos andrajosos de mil pares de narices. Bromas aparte, aún recuerdo al Clooney de 'Urgencias' cuando nadie daba un duro por él, y ahora resulta una de las esperanzas del futuro del cine interpretativamente hablando, ya que ha devuelto algo del glamour y estilo a las películas salidas de Hollywood. Y la cosa no acaba ahí, encima es buen director, y demuestra tener cierto olfato como productor y actor que no sólo le hace pensar en la taquilla, algo que a veces le ha dado buenos resultados y otros no tanto.

'Michael Clayton' relata la vida de un "limpiador", algo así como Harvey Keitel en 'Pulp Fiction' pero mucho menos sangriento. Se dedica a arreglar las meteduras de pata de los clientes de una importante firma de abogados, hasta que un día, en medio de una serie de problemas personales, tiene que encargarse de uno de los miembros de la firma que parece haberse vuelto loco y amenaza con desvelar importantes secretos que podría ser la ruina de una importante empresa agroquímica. Pronto Michael Clayton empezará a preguntarse si lo que hace está bien o mal, moralmente hablando.

'Michael Clayton' es la ópera prima de Tony Gilroy, hasta ahora guionista de films como 'Pactar con el Diablo' o los films de la saga Bourne. Gilroy también ha realizado el guión del film que nos ocupa, y curiosamente ha quedado mejor su trabajo como director que como guionista, ya que el film posee una historia quizá demasiado simple, con un mecanismo demasiado preparado para gustar al público, sobre todo en su parte final, en la que el film queda perfectamente cerrado con demasiadas concesiones al público. SPOILER. Y es que ese finales el momento más discutible del film, ya que vemos como un personaje que se ha dedicado un montón de años a tapar actos delictivos de las personas, traiciona en cierta medida a su empresa como si el hecho de haber cometido delitos de menor gravedad que ellos le diera permiso para ser juez y jurado, sin que sus delictivos actos sean juzgados. FIN SPOILER. Evidentemente, el personaje nos es presentado en un momento de su vida en la que las cosas no le van demasiado bien, pero aún así, todo esto está un poco cogido por los pelos y uno no puede evitar el pensar lo dicho anteriormente.

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Por supuesto el film tiene un buen ritmo y se sigue con interés, aunque según va avanzando nos vamos oliendo demasiado el final. Por otro lado, la decisión de utilizar algún flasback en la historia no está demasiado acertada pues no añade nada ni está aprovechado narrativamente hablando, aunque no es algo que moleste especialmente. De lo que no hay duda es de sus interpretaciones, todas bastante buenas, convirtiéndose en lo mejor del film. Clooney está tal y como esperamos que esté, en uno de esos personajes que tanto le gusta interpretar. Sydney Pollack en otro de esos personajes que le quedan tan bien al director, y demostrando que debería aparecer más en pantalla de lo que ha hecho hasta ahora. Tom Wilkinson, llevando durante bastante tiempo el peso de la película, y por supuesto con uno de los personajes más difíciles por todo lo que representa, además de ser un punto de inflexión en la vida de nuestro protagonista. Pero quien realmente se sale por los cuatro costados, tal y como decía mi compañera Beatriz en su crítica, es Tilda Swinton, cuyo personaje es mucho más coherente que el del propio Clayton. La actriz compone a la perfección un personaje lleno de matices con unas más que breves apariciones en pantalla, pero aprovechadas al máximo por la Swinton, quien transmite más arreglándose delante del espejo que con un diálogo. Una nominación al Oscar para esta actriz sería algo totalmente justo y merecido.

Una película correcta, que no despertará demasiadas euforias, aunque sirve para pasar un rato de lo más entretenido, y que además toca de refilón algunos temas verdaderamente preocupantes. Si el film estuviera dirigido por el propio Pollack o por alguien como Sidney Lumet, muy probablemente estaríamos hablando de una cinta superior, pero no es así. Por cierto, menudos productores ha tenido: Clooney, Pollack, Steven Soderbergh y Anthony Minghella. No hay muchos directores noveles que puedan presumir de un apadrinamiento tan espectacular como éste.

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