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'Misión: imposible - Nación secreta', encadenados
Críticas

'Misión: imposible - Nación secreta', encadenados

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Christopher McQuairre es uno de esos escritores/directores que intentan apartarse, en la medida de lo posible, del cine filigrana que actualmente campa a sus anchas en el mainstream que se cuece en Hollywood. Ya han pasado veinte años desde su merecido Oscar al mejor guion por la mejor película de Bryan Singer: ‘Sospechosos habituales’ (‘The Usual Sospects’, 1995), y tras una primera y correcta incursión tras las cámaras con ‘Secuestro infernal’ (‘The Way of the Gun’, 2000), ha vuelto con fuerza en esta década, escribiendo varios guiones y dirigiendo a Tom Cruise en dos ocasiones.

Curiosamente su nombre está asociado al de la estrella, para el que suscribe competente actor con muy buen olfato para los productos en los que se involucra, rodeándose casi siempre de gente con talento. En el anterior trabajo de McQuairre, éste intentaba evocar el thriller setentero con un personaje muy rico, el de Jack Reacher. Ahora con ‘Misión: imposible – Nación secreta’ (‘Mission: Impossible – Rogue Nation’, 2015), quinta entrega de una saga comenzada en 1996, se realiza el tan de moda juego nostálgico, además de envolver a los personajes en una historia a la vieja usanza del cine de espías.

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El hoy y el ayer

(From here to the end, Spoilers) El equipo capitaneado por Ethan Hunt (Cruise) y formado por Brandt (Jeremy Renner), Benji (Simon Pegg) y Luther (Ving Rhames) se enfrentará esta vez al llamado Sindicato, nombrado en el cierre de la anterior entrega. Una de esas organizaciones todopoderosas que deciden cuestiones mundiales al mismo tiempo que hacen de juez y verdugo con todo obstáculo humano que se encuentran en su camino por conservar el poder absoluto, y que están comandadas por el villano egocéntrico y seguro de sí mismo, personaje a cargo de un Sean Harris teñido de rubio al igual que otro gran villano reciente en una larga saga.

McQuairre no se complica mucho con la trama, sencilla, concisa y directa, con poco espacio para la sorpresa o el enrevesamiento, pero sí la hace avanzar con fluidez apoyándose sobre todo en las set pieces de acción que unen los distintos tramos, y de paso rendir cierto homenaje a las anteriores entregas –pueden verse guiños exactos y concretos a cada una de las anteriores películas−, al mismo tiempo que efectúa un juego de hermandad con el agente secreto británico por excelencia, estrechando la mano al trabajo de Sam Mendes y su retrato oscuro de los personajes. Salvando las distancias, evidentemente.

Aunque algunas de las secuencias de acción quitan el hipo –la que abre el film, con Cruise colgándose realmente de un avión, está haciendo historia− ‘Misión: imposible – Nación secreta’ es probablemente el film más "reposado" de la saga. El juego hiperbólico al que se rendía, porque era el director adecuado para ello, Brad Bird en la cuarta entrega, es simplemente rozado por McQuairre en ésta, tirando más por la sobriedad narrativa en otros instantes que funcionan a modo de reflejo. Sirva como ejemplo, la tan comentada secuencia en la Ópera de Viena. El cine de acción moderno devolviendo el saludo al clasicismo de antaño, jugueteando con nombre como Hitchcock, al igual que había hecho Marc Forster con James Bond en una secuencia muy parecida en intenciones.

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Serie de televisión, serie en cine

Pero no es el mejor mentiroso de la historia del cine la única referencia en una película que conoce perfectamente sus limitaciones –bajo su factura puede verse cierta tendencia a la falta de riesgo−, pero evoca, con mucho respeto y buen oficio, un tipo de cine al que se le debe todo. Que el descubrimiento de la película –esa sensual y morbosa Rebecca Ferguson en un personaje caramelo− se llame Ilsa y la acción en parte transcurra en Casablanca no es una coincidencia. Tampoco que su relación con Ethan, a base de encuentros y despedidas, parezca una historia de amor a lo Notorious. Incluso me ha parecido ver una referencia a ‘Charada’ (‘Charade’, Stanley Donen, 1963).

Tom Cruise sigue disfrutando lo suyo con hacerse gustar, comiendo plano siempre que puede, y demostrando que está mejor que nunca para seguir dando guerra con el personaje. Renner, Pegg y Rhames son la demostración palpable de compenetración. Alec Baldwin es el contrapunto perfecto con un personaje al que se le sacará más jugo, como jugo se le saca a la más que utilizada en películas y series de televisión ‘Nessum Dorna’, el aria de Puccini, que junto a las clásicas notas de Lalo Schifrin son el leit motiv musical de esta entrega.

Un muy digno entretenimiento que demuestra una vez más el tener en J.J. Abrams, que aquí sigue siendo productor, al mecenas perfecto que no sólo recuperó la saga cuando ésta parecía acabada en el deplorable segundo título, sino que fue yendo a mejor. El nuevo Spielberg realiza así, por segunda vez, la recuperación de una saga tras hacerlo con ‘Star Trek’, de la que también termina siendo productor. Creo que en diciembre repetirá la jugada y ya nadie le dirá no a nada que se le pase por la cabeza. A nada. Una verdadera misión imposible en el Hollywood actual.

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