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Especial Mission: Impossible | McQuarrie eleva el listón
Críticas

Especial Mission: Impossible | McQuarrie eleva el listón

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Trascendida una primera hora larga que, como ya sucediera en su directa antecesora, es un ejercicio espléndido de narrativa, ritmo y de lo que una cinta de acción debería dar al espectador, el cambio de personalidad de 'Misión: imposible - Nación secreta' ('Mission: Impossible - Rogue Nation', Christopher McQuarrie, 2015) hacia un tipo de cine dentro del género mucho menos dado a los grandes alardes de pirotecnia visual me hizo temer —nos hizo temer a los tres amigos que acudimos a verla el pasado viernes— lo peor acerca de un filme que hasta ese momento, como he dicho, había sido EJEMPLAR.

Pero, con el fundido a negro y las notas de la muy ajustada partitura de Joe Kramer —continuista con Giacchino— reproduciendo el legendario tema de Schrifin e inundando por completo la sala, todos mis temores se habían esfumado dando paso a una sensación de enmudecido asombro ante lo que acababa de ver. Es más, no es que mis miedos a que la franquicia diera lógicas muestras de cansancio se vieran obliterados, es que después de un par de días de reposo y reflexión, creo que no me equivoco al afirmar que McQuarrie ha conseguido rubricar la que supone la mejor entrega de la saga hasta la fecha. Teniendo en cuenta lo que hablábamos sobre la cuarta, es un logro.

De hecho, es la doble labor como escritor y director del artífice del libreto de 'Sospechosos habituales' ('The Usual Suspects', Brian Singer, 1995) la que habría que alabar desde todos los ángulos posibles como la mayor depositaria de responsabilidad de convertir a esta quinta entrega de las aventuras de Ethan Hunt en aquella que supera a todas las anteriores y, al mismo tiempo, deja claro que mientras las decisiones como productor de Tom Cruise se sigan moviendo en la misma onda en la que lo llevan haciendo desde que decidió subir al carro a J.J.Abrams hace nueve años, tendremos 'Mission: Impossible' para rato.

Un guión arriesgado para una dirección modélica

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Desde su arranque a todo trapo con el cacareado stunt de Cruise agarrado de la puerta de un Airbus mientras éste despega —off-topic: se dirá lo que se quiera sobre el actor, pero hay que tenerlos muy bien puestos para, medidas de seguridad o no, llevar a cabo tal proeza— si hay algo que McQuarrie deja claro es que su labor tras el objetivo va a continuar en la misma línea de lo que le vimos hace tres años en 'Jack Reacher' (id, 2012). Esto es, apostar por la claridad narrativa sobre cualquier otra disquisición y hacerlo en términos que funcionen con la misma efectividad en las elaboradas set-pieces marca de la franquicia y en ese clímax de tan sobria y soberbia personalidad.

Las dos primeras, desarrolladas en el teatro de la Ópera de Viena y en una central eléctrica de Marruecos, siguen paso a paso los esquemas que tan bien han funcionado hasta ahora a De Palma, Abrams y Bird —ya expliqué la semana pasada los porqués de dejar a Woo de lado— detentando ambas talantes muy bien diferenciados: allí donde la secuencia de Marruecos es de las que quitan el hipo por su planteamiento, ejecución, vigoroso ritmo y prolongado escalado de adrenalina la de Viena hace lo propio por su concisión y por lo preciso de todo lo que McQuarrie pone en juego entre las gradas y bastidores del impresionante teatro con el 'Turandot' de Puccini de fondo incomparable.

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Que ambas funcionen sin fisuras era hasta cierto punto más esperable que el que el guión firmado por el cineasta, sin ser un alarde de originalidad —que no lo es, para qué engañarnos—, sí que pueda hacer gala de contar con dos de los mejores personajes que han aparecido hasta el momento en la franquicia. Me refiero, cómo no, al villano interpretado de forma impérterrita, gélida y espléndida por un Sean Harris inmejorable y a esa engañosa doble espía a la que pone rostro la serena e "ingridbergmaniana" belleza —espero sepáis perdonarme el imposible palabro— de Rebecca Ferguson.

Cada vez que la atención de la acción recae sobre ellos la cinta escala enteros de forma incuestionable, sabiendo además McQuarrie mantener la intriga acerca del arriesgado juego al que se somete la fémina hasta prácticamente los momentos previos al arranque del clímax. Y ya lo he dicho antes, es éste último el tramo de metraje que más sorprende y que, a la postre, mejor expone la claridad de ideas y la fuerza de lo que director y guionista plantea: en lugar de buscar el vacío artificio el libreto abunda en una historia coherente con diálogos que funcionan de forma precisa y que, llegados al tramo final, preceden a una persecución ejecutada con suma presteza.

'Misión: imposible - Nación secreta', en plena forma

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Huelga decir que, abriendo cómo abre la función, la implicación de Cruise en la cinta es del mismo calibre que la que le hemos visto, con algún que otro altibajo, desde el comienzo de la saga hace 19 años. Tanto es así, que aunque Jeremy Renner podría ser un candidato más que viable para heredar el manto de Ethan Hunt en el momento en que su compañero —que ahora cuenta con 53 años— decida que ya es hora de dejarse de acrobacias, resulta complicado imaginarse a otro intérprete al frente de los títulos de 'Mission: Impossible'.

Es de hecho el ímpetu que demuestra el incombustible actor el que en cierto modo sigue sirviendo para revigorizar cada nueva entrega de la franquicia más allá de la incuestionable validez de los implicados en dirigirla. Tanto, que al hablar de que Cruise está en plena forma lo estamos haciendo por extensión de un cine de acción y espionaje que luce hoy, casi dos décadas después de su primera aparición, sus mejores dos horas y diez de metraje.

Sólo resta esperar que esa sexta parte que el actor y productor anunciaba hace pocos días y que, si todo sigue si curso, veremos en un par de años, continúe suponiendo una cita con lo mejor que el blockbuster es capaz de ofrecer. El listón se lo han puesto muy alto, pero también es cierto que muy pocos podríamos haber augurado tras el envite de la cuarta entrega que la franquicia iba a seguir escalando enteros como lo ha hecho con esta 'Nación secreta'.

Otra crítica en Blogdecine | 'Misión Imposible: Nación Secreta', estupendo pasatiempo pese a su falta de identidad

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