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'Obsesión', delirante

'Obsesión', delirante
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‘Obsesión’ (‘The Boy Next Door’, Rob Cohen, 2014) es una película que llega a nosotros de nuevo, y es así porque ya la hemos visto mil veces, algunas incluso con el mismo título español, y también bajo otros que parecen sacados de algún rincón de la sección de thrillers de algún videoclub. La espectacular, y no me refiero como actriz, Jennifer Lopez es la estrella absoluta de un film de suspense, por llamarlo de alguna forma, que dirige el que inició la saga ‘Fast & Furious’, entre otras cosas.

Y como es habitual en Cohen, nos ofrece un despropósito esta vez alucinante y delirante. Prácticamente una comedia involuntaria que, si se mira desde la perspectiva del cachondeo puede suponer cierto disfrute. El que lleva casi 20 años sin hacer una película decente, cae aquí más bajo que nunca, al hacer una mezcolanza de lo más ridícula e increíble de thriller erótico y cine de psicópatas, con unos puntos gore, que han hecho que la película reciba la calificación “R” en su país de origen. Aquí no somos tan quisquillosos, aunque ese punto en el film es lo de menos.

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Lopez da vida a una profesora que con su hijo adolescente e impresionable vive cómodamente en su hogar mientras se piensa si dar una nueva oportunidad o no a su exmarido que, como dicen en el film, “cometió un error”. Problemas conyugales que se verán agraviados por la presencia de un vecino joven, que enseña pecho y músculo a la mínima de cambio. Y es que Claire (Lopez) ya tiene sus añitos, pero no es una mujer de piedra, y bien es sabido que los deseos no envejecen. Ambos se liarán en una de esas noches en las que ella no sabe lo que hace, y los problemas no habrán hecho más que empezar.

‘Obsesión’ habría tenido su público, sin ningún tipo de problema, allá por los años noventa, cuando a algunas de las estrellas de Hollywood le gustaba pasearse por delante de la cámara en paños menores, mientras se metía en algún lío con algún que otro psicópata. Eso sumado a ciertos elementos de films como ‘De repente, un extraño’ (‘Pacific Heights’, John Schlesinger, 1990), en los que la tranquila vida de una familia era prácticamente violada por un loco de remate. Aquí un niñato expulsado de otros colegios por mala conducta.

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Un cero en sexo, suspense y acción

Lo delirante de una película como ‘Obsesión’ no es la premisa de su argumento, tópico hasta decir basta, sino las herramientas argumentales que utiliza Cohen, primero, para hacerla avanzar, y segundo, para hacerla creíble, cosa que no consigue. Dejando a un lado la falta de química entre Lopez y Ryan Guzman, y cuyas secuencias sexuales no levantan ni una ceja –la propia actriz ha declarado que Guzman, que dijo estar muy nervioso ante el “reto”, fue muy torpe a la hora de filmarlas−, lo que hace reír de un film como éste son, sobre todo, sus secuencias de tensión.

Una tensión de parvulario que puede palparse sin problemas en momentos como el del “ataque” del hijo De Claire en el gimnasio, con el medicamento que le salvará la vida en una taquilla en el mismo recinto. Eso sí, planos entrecortados para dar sensación de angustia, no logrando evitar el ridículo de la situación, y se repite operación en la secuencia en la que Claire entra en su aula y debe retirar todas las fotos del encuentro sexual con su vecino loco antes de que el colegio entero lo vea. El montaje de dicho instante es alucinante. Ver para creer.

Elipsis incomprensibles o atropelladas, interpretaciones muy justitas, ecos de ‘La ventana indiscreta’ (‘Rear Window, Alfred Hitchcock, 1954), auto homenaje de Cohen a la saga de los coches, y el retrato sin paliativos de lo que habría que llamar psicópata gilipollas, que guarda pruebas de los crímenes en su ordenador. El tramo final, en el que la familia entera sufre la ira del niñato, se aliña con unas gotas de gore por aquello de animar la función a tres minutos del final. La película costó cuatreo millones de dólares, y a día de hoy lleva recaudado casi diez veces más. ¿A quién le importa la calidad cuando se trata de dinero?

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