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'Open Windows', el mirón del pánico

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Son ya tres las películas que Nacho Vigalondo ha rodado tras saltar a la fama por la nominación al Oscar conseguida por su estupendo cortometraje musical '7:35 de la mañana' (2003). Debutó en el largo con la excelente 'Los cronocrímenes' (2007) y hace ya más de tres años que pudimos ver la estimable 'Extraterrestre' (2011), pero es con 'Open Windows' (2014) cuando ha dado un gran paso adelante rodando una obra mucho más ambiciosa y con posibilidades más amplias de triunfar en España, algo que se le resistió con sus dos anteriores trabajos.

Está claro que los fichajes de Elijah Wood y Sasha Grey fueron decisivos para captar la curiosidad del público, pero lo realmente importante es la visión de Vigalondo, quien ideó la historia de una forma tan minuciosa que parece ser que en pantalla podemos ver todas las escenas que se rodaron. Y es que 'Open Windows' es un complejo puzzle en el que la forma prima sobre el contenido, algo que se revela como un gran acierto para atraparnos durante los primeros minutos, pero que según avanza el metraje va siendo cada vez más insatisfactorio.

'Open Windows', las nuevas tecnologías y el punto de vista

Escena de

La relación entre el cine y las nuevas tecnologías ha sido un tanto complicada, ya que lo más habitual es que hayan han quedado confinadas a meras anécdotas de nuestro día a día en lugar de explorar a fondo sus posibilidades para alterar los recursos formales más tradicionales del séptimo arte. Vigalondo muestra en 'Open Windows' su interés en incidir en ello, jugando además con el punto de vista y el voyeurismo presente en infinidad de relatos con un asesino sembrando el terror.

He oído hablar ya en varias ocasiones de Alfred Hitchcock o Brian De Palma a la hora de expresar opiniones acerca de 'Open Windows', algo comprensible dada la importancia de ambos directores en el cine de suspense y que la cinta de Vigalondo sí comparte ciertos elementos con algunas de sus obras, pero yo no pude dejar de pensar en 'El fotógrafo del pánico' ('Peeping Tom', Michael Powell, 1959) mientras la veía. ¿El motivo? Sus ya mencionados juegos con el punto de vista para convertir al espectador en un mirón, aunque sin que este caso nos fuerce a adoptar la posición del psicópata de turno.

La utilización de las cámaras de seguridad, los móviles o internet para crear un tan elaborado como conseguido clima de tensión es el gran logro de 'Open Windows', ya que se apropia de tecnologías frías y desapasionadas sobre el papel para darles un giro de tuerca con inesperada eficacia. Tenía mis dudas sobre la capacidad de Vigalondo para mantenerlo sin caer en lo forzado, que era lo que pasaba con otro reciente ejercicio de estilo protagonizado también por Elijah Wood, pero sale airoso del envite incluso cuando su guión muestra síntomas de flaqueza.

De más a menos

Elijah Wood en

Por desgracia, la precisión milimétrica del Vigalondo director no encuentra su equivalencia en su faceta como guionista, algo curioso, ya que hasta la fecha había destacado más en lo segundo. Una de las grandes culpables no es más que la nueva muestra de uno de los grandes problemas de muchas películas recientes: Explicar y expandir su potente y atractivo punto de partida. He perdido ya la cuenta de veces qué ha pasado eso durante los últimos años y es un mal que va adueñándose de 'Open Windows' hasta estar a punto de destruirla durante su, seamos generosos, discreto tramo final.

Sería injusto hablar en términos negativos de las actuaciones de Sasha Grey y Elijah Wood, pero es que sus personajes no son más que piezas dentro del entramado creado por Vigalondo, algo que limita sus posibilidades dramáticas más allá de momentos muy puntuales -la escena en el que ella se ve obligada a desnudarse-. 'Open Windows' es poco menos que una obra de orfebrería, tanto para lo bueno como para lo malo, aunque en este punto he de confesar que no tengo del todo claro cuál es mi parecer.

Eso sí, llama la atención con esa atención al detalle que se incluyan subtramas no demasiado satisfactorias -el trío de informáticos- o giros de guión que oscilan entre lo difícil de creer y lo directamente lamentable desde cualquier punto de vista que pueda concebir, ya que la idea de una parodia encubierta durante sus últimos 10 minutos es algo que no se apoya en más que la idea de querer justificar ciertas licencias que Vigalondo se permite. Me gusta hasta dónde llevan la historia, pero el fin no justifica siempre los medios.

Sasha Grey en

En definitva, 'Open Windows' es un apreciable ejercicio de estilo por parte de Vigalondo con el que me cuesta pensar que haya algún cinéfilo que no vaya a dejarse seducir durante sus primeros 30 minutos. El problema es que a partir de ahí hay que hacer una serie de saltos de fe que no estuve dispuesto a aceptar, pero entendería perfectamente que haya quien esté tan metido en la película que ni siquiera el giro de guión más odioso de todos suponga una molestia, del mismo modo que habrá quien acepte toda la pornografía emocional de 'Bajo la misma estrella' ('The Fault in our Stars', Josh Boone, 2014). Por mi parte, me quedo, pese a sus fallos, con la que ahora nos ocupa.

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