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'Quemar después de leer', para disfrutar siempre

'Quemar después de leer', para disfrutar siempre
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Tengo que confesar, aunque a estas alturas ya todos lo sabréis, que no suelo comulgar con el cine de los hermanos Coen. Las películas que más me gustan de su filmografía son precisamente las que menos aceptación han tenido. Esto es, me encantan 'Arizona Baby' y 'El gran salto'; y en menor medida 'No es país para viejos', por la que precisamente han tenido un reconocimiento total por parte de la Academia de Hollywood. Viendo los trailers de 'Quemar después de leer' todo me hacía entender que después de un trabajo tan ameno como el film protagonizado por Javier Bardem, la racha no seguiría y me encontraría con uno de esos trabajos tan característicos y amados de los Coen.

Que alegría equivocarme, y que sorpresa el sentirme totalmente maravillado con la película. Esta vez los hermanos Coen han dado, para mí, en el clavo. Me han hecho disfrutar desde la perspectiva del disfrute absoluto lejos de toda pretensión crítica. 'Quemar después de leer' es una gozada de principio a fin. Una desternillante farsa que cuenta más de lo que parece.

'Quemar después de leer' tiene un argumento absolutamente delirante. Todo a partir del abandono de un CD en un gimnasio por parte de un ex-agente de la CIA. En dicho CD se supone hay datos que ponen en peligro la seguridad del país, y los dos empleados del gimnasio que lo encuentran deciden ponerse en contacto con el dueño del disco para chantajearle. Será el inicio de un efecto dominó que traerá consecuencias sorprendentes e hilarantes.

Joel y Ethan Coen demuestran tener un perfecto dominio del ritmo a la hora de exponer los hechos que acontecen en la película. Uno tras otro, nos van descubriendo su universo personal, en el que prácticamente no hay cabida para ningún tipo de esperanza. Y todo porque para ellos, la gente es idiota perdida, y como tal, las decisiones importantes en sus manos terminan cayendo en saco roto, o provocando situaciones exageradas a partir de hechos de una importancia mínima que son malinterpretados. Una continua serie de acontecimientos en los que brillan unos personajes excelentes, bañados con los elementos típicos del cine de los Coen, sin cargar las tintas, lo que les confiere una autenticidad única.

A través de ellos, los guionistas-directores no sólo se ríen de los servicios de inteligencia norteamericanos, lo hacen de toda la sociedad de aquel país, llena de paranoicos. Un dibujo certero y con un punto grosero o canalla, con el que los Coen pretenden por encima de todo pasárselo bien, y a nosotros con ellos. Esto empareja el film con obras anteriores, como por ejemplo la ya mencionada 'Arizona Baby', y en un grado menor con 'El gran Lebowski', película sobre la que prefiero no opinar nada. Ha sido precisamente ésta última el único trabajo de los Coen que, enmarcado en el género de la comedia, ha obtenido un clamoroso aplauso por parte de casi todo el mundo. El resto de comedias han sido hasta ninguneadas, y es algo que llama poderosamente la atención, pues es un género que goza de fervor popular. 'Quemar después de leer' debería de cambiar esa actitud. ¿Estará este film nominado, como lo estuvo su anterior trabajo, en las categorías más importantes de los Oscars? Me juego algo a que no. Pero ésa es parte de la injusticia de unos premios ya de por sí absurdos.

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En 'Quemar después de leer' podemos apreciar como todo el maravilloso elenco también se ríe con los hermanos directores. George Clooney está genial como ese hombre maduro que necesita conocer a mujeres distintas (además de irse a correr) para sentirse joven y en forma. Brad Pitt nunca hizo mejor de tonto absoluto, y su última cara en escena es antológica, además de uno de los momentos más álgidos del film. Frances McDormand representa muy bien a todas las mujeres que, llegadas a una cierta edad, solo piensan en que no se note su envejecimiento. John Malkovich es el agente de la CIA, que echa de tiempo aquellos tiempos de mayor movilidad, llenos de misiones, nada que ver con trabajar en la mesa de un despacho. Tilda Swinton supone una sorpresa porque, a todas luces, es un personaje normal y corriente, de esos que parecen no tener cabida en el universo de los Coen. Un contrapunto de sensatez a toda la demás idiotez.

Y David Rasche y J.K. Simmons dan vida a los superiores de la CIA, que atónitos y totalmente despistados, son testigos finales de una historia que para el espectador no tiene el más mínimo secreto. Algo que si Hitchcock definía como suspense, los Coen le dan la vuelta a la tortilla y lo convierten en pura comedia, alcanzando puntos sublimes de un humor totalmente absurdo, al mismo nivel que algunas películas de los Hermanos Marx. Ése es uno de los grandes aciertos del film, el espectador posee todas las claves de la historia, y disfruta en la distancia de los equívocos en los que se meten los personajes, única y exclusivamente motivados por su supina estupidez. Que muchas de las conclusiones ocurran fuera de campo, o en boca de estos dos personajes, es una muestra del genio de los Coen, capaces de contar sin mostrar.

'Quemar después de leer' es una magnífica experiencia. Delirante como pocas, supone un bálsamo en medio de la mediocridad de la cartelera actual, en la que poco a poco vamos teniendo muestras de buen cine, de ése que queda en la memoria y se disfruta siempre. Que esto lo haya encontrado en mis nada admirados Coen, es algo que pienso celebrar por todo lo alto.

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