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'Repo Men', los morosos no tienen futuro

'Repo Men', los morosos no tienen futuro
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En la primera secuencia de ‘Repo Men’ (id, 2010, Miguel Sapochnik) vemos a Remy (Jude Law) ejercer su trabajo: espera en el apartamento de un hombre al que paraliza con una descarga, una vez en el suelo le pregunta si desea los servicios de una ambulancia para llevarle después al hospital. Evidentemente, como el hombre está sin sentido no contesta y Remy procede, le extirpa un hígado artificial a golpe de bisturí dejando al individuo a su suerte. Seguidamente una voz en off, la de Remy, nos lo explica sin ningún rubor: si alguien no puede pagar su casa el banco se la quita, si alguien no puede pagar su coche el banco se lo quita, pues con los órganos artificiales lo mismo. La frialdad con la que ejecuta la operación indica la insensibilidad a la que puede llegar el ser humano en ese futuro cada vez más desolador que nos espera.

Por otro lado podríamos quitar alguna lectura sobre la actual crisis que tantas y tantas deudas provoca en el ciudadano medio, pero es lo de menos, ya que ‘Repo Men’ es sobre todo un thriller futurista de acción cuyo principal objetivo es el de entretener. Tema aparte es que lo consiga.

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A pesar de su evidente falta de pretensiones, la película provoca una extraña sensación de déjà vu que nos acompaña durante todo el relato, el cual está repleto de apuntes interesantes que nunca son aprovechados en realidad. Lo de siempre, ¿cuántas películas hemos visto ya con ideas más que buenas pero que se malogran por muchas y diversas razones? ‘Repo Men’ es una de esas películas que presentan a lo largo de su metraje multitud de elementos con cientos de posibilidades, pero que poco a poco se van desvaneciendo dejando en la superficie el trabajo de unos actores que si bien no están geniales, cumplen aunque sea sin demasiada pasión, una dirección artística más que encomiable y también cierta inocencia que por otro lado juega en su contra.

Existe a lo largo y ancho del entramado del film la curiosa sensación de inverosimilitud que nunca nos abandona durante el visionado. Resulta difícil creer que en un futuro cercano el mundo esté tan insensible como para que algunas personas desempeñen el trabajo que en la película hace Remy acompañado de su inseparable amigo del alma Jake (Forest Whitaker). Dicha sensación se acrecienta cuando vemos al jefe de ambos, el director de la empresa La Unión, Frank (Liev Schreiber) cuya postura al respecto es la de mirar por los intereses de su negocio. Dicho sea de paso, hay algún que otro elementos contradictorio en la forma de trabajo de La Unión: si éstos ceden un órgano artificial a gente que no lo va a poder pagar, ¿qué sentido tiene si en tres meses se lo arrancarán literalmente sin tener posibilidad de cobro? Y aunque ésta sea una decisión del guión, tan respetable como cualquier otra, un servidor jamás termina de creerse lo que ve, ya no sé si porque me resulta una idea osada o por la falta de convicción en la puesta en escena del debutante Miguel Sapochnik.

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Sapochnik —que ha intervenido en la dirección artística de películas como ‘Trainspotting’ (id, 1996, Danny Boyle)— adolece de la misma falta de energía de sus actores, evidente en determinadas secuencias que aspiran a ser algo más de lo que son —por ejemplo, la de Remy con un músico al que admira—, y el recuerdo que el espectador se pueda llevar sobre la película se queda en las numerosas referencias visuales y argumentales que ésta posee. La ciudad en la que se desarrolla la acción parece un clon de la de ‘Blade Runner’ (id, 1982, Ridley Scott) llegando el parecido a parecer casi insultante. El clarísimo homenaje a ‘Oldboy’ (id, 2003, Park Chan-wook) —que extrañamente se le escapó a mi compañero Jesús León en su texto sobre el film—, y ese giro final de 180º que remite a cierta película de Terry Gilliam son algunos de los ejemplos claros sobre lo que a ratos, más de los debidos, parece un mero ejercicio de memoria cinéfila dentro del género de la Sci-fi.

En el olvido caerán apuntes tan interesantes como la relación de Remy y Jake, planteada como si fueran dos niños, carentes de toda conciencia moral, que disfrutan con su terrorífico trabajo. Jude Law y Forest Whitaker poseen una buena química y a pesar de que ninguno de los dos está mal, se echa de menos un mayor riesgo por parte de ellos, y por supuesto en el guión, y no haberse quedado en la superficie. Una más entre un millón y que además pasará totalmente desapercibida entre nuestras carteleras gracias al tirón de Pixar, Shyamalan y Nolan. Carne de videoclub.

Posdata

El mencionado homenaje a ‘Oldboy’ es un claro ejemplo de las diferencias que hay dentro del cine de acción. Nos referimos, claro está, a la famosa pelea que tiene lugar en un pasillo y que enfrenta a un solo hombre con docenas. Mientras el realizador oriental opta por lucirse con un plano secuencia, Sapochnik utiliza el montaje como principal herramienta. El resultado es inferior y el impacto escaso a pesar de su violencia.

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