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'Sombras Tenebrosas', la temporada de la bruja

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Barnabas Collins (Johnny Depp) es un rico hijo de vendedores ingleses que, emigrando desde Liverpool hasta los Estados Unidos, construyeron su flamante mansión y su no menos flamante negocio pesquero. Tras abandonar a Angelique (Eva Green), esta decide vengarse, quitando a Barnabas a su amada (Bella Heathcote) y condenándole a ser vampiro.


Barnabas despierta en 1972 y debe lidiar con los nuevos y neuróticos miembros de su família, además de contar con el deber de reconstruir su mansión, reinstaurar el orgullo familiar y poner en orden sus negocios pesqueros pues la bruja a la que antes se enfrentó es ahora una exitosa empresaria que tiene el monopolio de toda la ciudad.

Adaptación del culebrón siniestro y oscuro Dark Shadows (1966-1971) de justa fama de culto, esta adaptación televisiva fue dirigida por Tim Burton y escrita por Seth Grahame-Smith, a partir de una historia que escribió Grahame-Smith junto a John August. Grahame-Smith es conocido por sus libros donde, en un alarde de ocurrencia, añade mosntruitos a leyendas y eventos históricos, sea una novela de Jane Austen, sean los episodios de Abraham Lincoln. August, en cambio, es un guionista de una carrera fructífera al lado de Burton.


Mi relación con las películas de Burton es ciertamente poco común respecto a la división que provoca habitualmente. No me cuento entre sus decepcionados seguidores, ni tampoco entre los entusiastas que siguen con fervor su carrera. Más bien creo que es un director con talento, que nunca fue lo suficientemente interesante como para ser considerado un autor pese a contar con muchas repeticiones visuales e incluso temáticas, al que su hábil codificación de otras fuentes (Charles Addams, Edward Gorey en lo gráfico, el cine de la Hammer) se confunde con una personalidad propia.

No lo creo así, y es bien sencillo.: la carrera de Burton, a excepción de la genialoide ‘Ed Wood’ (id, 1995), su obra maestra, no hace más que repetir, con mayor o menor habilidad, temas de otros o incluso, el talento de otros. Así, ‘Eduardo Manostijeras’ (Edward Scissorhands, 1990) es una bonita versión gótica del esquema spielbergiana de chico abandonado, sin más reseñable (tan sencilla y encantadora como su adolescente entorno, pero no demasiado más), ‘Sleepy Hollow’ (id, 1999) es una hábil y brillantísima acotación de gran presupuesto a ciertas películas de la Hammer y ‘Pesadilla antes de Navidad’ (A nightmare before christmas, 1993) es una revelación animada fruto de los genios de Henry Selick o Danny Elfman, ambos en estado de inspiración indudable.

Creo, por eso mismo, que tratándose de un director tan suntuoso, y tan poco dado a poner a su estilo al servicio de ideas realmente importantes o trascendentes, que no debe uno tomarse demasiado a pecho la burtonofilia como tampoco debe la condescendencia forzar al espectador más hábil a ignorar sus talentos pictóricos en la composición. Otra de sus más celebradas películas, ‘Mars Attacks’ (id, 1997) era una estupenda y realmente maligna sátira que atacaba contra toda la humanidad, aislándola de toda inteligencia y posibilitando su salvación solamente mediante la estupidez de los abandonados (pero no nos engañemos: era estupidez y no ironía).

Muchos estiman que tras su olvidable remake de los simios, Burton no fue el mismo. Sus dos películas de Batman, trabajos de diseño de producción con lamentables set pieces y artrítico ritmo (¡como ha enseñado el último Nolan a dirigir una genuina película trepidante de Batman y qué mal se mantienen aquellas!), ya mostraban a un director incómodo con los ritmos veloces, así que de nada debe sorprendernos su cansada incursión en la ciencia ficción.

Yo, sin embargo, creo que sí lo fue, aunque en películas selectas. Su ‘Charlie y la fábrica de chocolate’ (Charlie and the chocolate factory, 2005) es su otra mejor película, una película tan maligna como la de los marcianos, pero más inteligente, donde aborda un inteligente comentario sobre la fama, sobre la perversión de la sociedad del consumo (perversión inherente, que Burton muestra con una imaginería visual insuperable) y que fue, como mandan los cánones, incomprendidas.

Con su ‘Alicia en el país de las maravillas’ (Alice in Wonderland, 2010) se vio al cineasta muy cansado, otra vez de vuelta por esos agotadores fueros spielbergianos como los de ‘Big Fish’ (id, 2003) y sus padres ausentes con hijos al borde de la reconciliación, esta vez siendo ‘Hook’ (id, 1991) el muy obvio y equivocado modelo a evitar con una Alicia, a la manera de Robin Hood, ya mayor y olvidada de sus aventuras previas, funcionando la película como falsa secuela. No es este el Burton que cuenta con mi estima, me parece un cineasta bastante ajeno a la complejidad humana, pero no a la suntuosidad o a lo siniestro, y sí parco en lo íntimo, confundiendo, como sus espectadores, sentimiento con sentimentalismo.

Esta película es, como antes la rica y convincente adaptación de ‘Sweeney Todd: El Barbero diabólico de la calle Fleet’ (Sweeney Todd: The demon of Barber Fleet, 2008), una demostración de sus crecientes talentos pictóricos para representar lo decadente con un talento cada vez más madurado u exultante en la composición y en el dominio de las imágenes. La principal diferencia estriba en que el talento inmenso de un musical del magistral Stephen Sondheim comparado con una serie torpemente adaptada por un Grahame-Smith solo ocasionalmente gracioso es notable.

Esas prisas del guión por amalgamar demasiados arcos argumentales que proceden del material original se notan y afectan al trabajo de dirección de Burton. Su película empieza como algo relativamente melancólico y hasta agridulce y pronto pasa a ser una comedia, para, al final, convertirse en una película más convencional de lo que se espera. Su excentricidad solamente brilla gracias a que Burton entiende que, siendo esta una película sobre criaturas y lugares claramente fuera de onda, el anacronismo del diseño de producción debe predominar sobre cualquier otra cosa.

Burton, por otra parte, aprovecha su talento para estar algo menos a la merced de sus guiones, pues sabido es que cuando ha contado con talentos como los de Scott Alexander y Larry Karazweski, sus películas han alcanzado sus mejores cotas. Agradezco que el guión se permita bromas tan incorrectas como las que atañen a la atractiva y hormonal adolescente que encarna Chloë Grace Moretz, que Michelle Pfeiffer, Johnny Lee Miller, Jackie Earl Haley e incluso Helena Bonham Carter ofrezcan sus intepretaciones sin halo de autoparodia alguna, siendo menores en histrionismo o caricatura de lo que parecía.

Entre el contraste de Johnny Depp, intentando borrar la ironía de su majestuoso vampiro anacrónico, y la feliz y sexual Eva Green puede que encontremos una de las claves de la película.: cine extraño, aparatoso, que pasea a medio camino entre la resurrección desconcertante de un material de partida y el abrazo insólito a la comedia. Pero estamos lejos de los registros divertidos y creativos practicados en ‘Bitelchús’ (Beetlejuice, 1986)

Excelente trabajo de Bruno Delbonnel, por otra parte, logrando una integración entre la atmósfera de Collinwood, la mansión sombría en ruina y el trabajo de efectos digitales con una coherencia visual asombrosa. En mi modesta opinión, esta comedia llena de excesos y pesadeces argumentales ofrece una buena ración de ligereza, estupidez bien entendida y hasta meridiana felicidad como para ser amada en sus ruinas argumentales y sus riquezas visuales.

También destaca en sus heterodoxias, como un protagonista que, al fin, se mantiene sexualmente libre con tres chicas y ello no perjudica ni su historia de amor ni su actitud se ve sancionada en modo alguno. Esto es una novedad en una producción de alto presupuesto, siempre vindicando las estructuras monógamas (y heterosexuales) frente a cualquier intento de libertinaje sexual. La película, por otra parte, tiene muchas criaturas sacadas del fantástico pero, en esencia, es una comedia familiar y disfuncional sobre negocios bastante convencional en su estructura.

Escepticismo general por parte de mis compañeros. Caviaro no cree que la película merezca mayor elogio, Maldivia la califica de frívolo divertimento y Mikel investiga sobre la pérdida de talento de su director.

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