'Star Trek', nostalgia, brillantez y nula originalidad

'Star Trek', nostalgia, brillantez y nula originalidad
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“Tu padre fue comandante de una nave estelar por doce minutos. Salvó ochocientas vidas, incluida la tuya. ¿Crees que puedes hacerlo mejor?”

Algunas películas, más que para hablar de sus imágenes (que también), para valorar su alcance moral, estético o narrativo (que también), nos sirven, sobre todo a los que nos gusta reflexionar desde un punto de vista más global, para llevar a cabo una lectura del devenir del cine de género, más concretamente los géneros “duros”, como lo son el de fantasía y el de sci-fi, y otros más envolventes como lo es el cine de acción y aventuras. Por otro lado, resulta muy fácil, con estas películas, alcanzar una visión general de cuáles son los resortes que impulsan la industria audiovisual norteamericana, para bien y para mal. El segundo largometraje de J. J. Abrams, después de su vibrante (quizá la más sólida) tercera parte de la franquicia de Ethan Hunt/Tom Cruise, es otra puesta al día de un material previo, casi una puesta en escena de la nostalgia televisiva y de cierta concepción de la sci-fi (que no es tal, sino un cine de fantasía con naves espaciales, como ‘Star Wars’). Y no se puede decir que le saliera mal la jugada, pero tampoco hablamos de un triunfo ni de una fenomenal conquista.

El productor, escritor, compositor, técnico de sonido y efectos visuales, y director de televisión Abrams, encarna a la perfección esa expresión de “chico más listo de la clase”. Habiendo mamado el mundo de la televisión desde crío (su padre es un importante productor de televisión todavía en activo), J. J. es algo así como el Steven Spielberg de las nuevas generaciones (de hecho, como bien sabrá el lector, Spielberg y Abrams llevan un tiempo trabajando juntos, y son grandes amigos) y está más que dispuesto a comerse el mundo. Probablemente nunca llegue a convertirse en un director de referencia (es decir, en un cineasta con una concepción propia del mundo y del cine), pero parece claro que por su dominio de las estrategias de marketing, por su capacidad de trabajo, por su enorme ambición, Abrams piensa dar guerra bastantes años, buscando grandes éxitos de taquilla con impacto en la memoria cinéfila y una razonable destreza en la composición de sus realizaciones. ‘Star Trek’ (id, 2009) es todo eso y, además, un gran divertimento.

Eso sí, tal como dije en su día, cuando elegí el mejor trailer de 2009, esta aventura no aprovecha todas las posibilidades que se le ofrecen, ni se mantiene fiel al camino que Abrams se marca previamente. En ese fenomenal trailer (aún hoy lo vuelvo a ver, y me emociona) se nos cuenta una historia completa, con principio, desarrollo y conclusión, y con una serie de ideas icónicas del héroe universal que, desde hace siglos, se ha ido forjando hasta su concepción en el siglo XXI. Esperaba yo una película a la altura de ese avance (realmente, hay avances mucho mejores que lo que anuncian…) y sólo lo encontré a ráfagas. Esta enésima película de la serie creada por Gene Roddenberry en los años sesenta, lleva a cabo uno de los muchos “reinicios” (qué poco me gusta esa expresión) que vemos hoy día de materiales previos, y es fácilmente la mejor de la saga (tampo era muy difícil…), la mejor escrita y la más sólida narrativamente, pero acaba sabiendo a poco una vez termina. Siendo uno de los artífices de series tan vibrantes como ‘Alias’ (2001-2006) o ‘Perdidos’ (‘Lost’, 2004-2010), Abrams se sienta en la silla de director con más astucia y brillantez que pasión o ingenio.

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Elegir el propio destino

Tal como decían en el tráiler, y tal como empieza la película, el tono es ese: el de un anti-héroe que ha de reencontrarse consigo mismo, averiguando quién es realmente, cuál es su verdadero potencial, cómo elegir su propio destino. Sin embargo, y a medida que va avanzando la historia, este tono se va diluyendo hacia terrenos aventureros menos profundos (aunque igualmente disfrutables), y la conclusión no aporta nada al protagonista Kirk, y por consiguiente tampoco aporta nada al público, más que dos horas de entretenimiento servido con brillantez. Al tratarse de los años previos a la construcción del mítico USS Enterprise, con los personajes por todos conocidos acudiendo a la academia y formando sus posteriores personalidades, hablamos de una precuela en sentido estricto, y hay esfuerzo e inteligencia tanto en el guión de Roberto Orci y Alex Kurtzman como en la puesta en escena y dirección de actores de Abrams en el dibujo y en el entramado de esos personajes, aunque desde luego el desarrollo adolece de riesgo y de ambivalencia. Es decir, de vida.

El en un futuro robusto y carismático capitán Kirk, es de momento un adolescente rebelde y con alergia a la disciplina. Creo que Chris Pine da vida a este resbaladizo personaje con coraje y decisión, pero su búsqueda interior, su afirmación psicológica, aunque se intuye, no se atrapa a manos llenas y no sentimos toda la empatía posible con él. Está muy bien construída, eso sí, su inicial incompatibilidad con Spock (un estupendo Zachary Quinto), pues ambos son caracteres opuestos que, sin embargo, tendrán que trabajar juntos por un bien común, y poner al servicio del otro las virtudes de cada cual, procurando superar las propias debilidades. Creo que la relación entre ambos es lo más interesante de la película, trufada de diálogos muy brillantes y situaciones plausibles y violentas. El resto de relaciones entre personajes no se acerca ni de lejos a esta solidez, como tampoco se acerca en interés una aventura espacio-temporal bastante manida que recupera el concepto de viajes en el tiempo con bastante poca fortuna, hasta el punto de dispersar un relato que pedía aventuras más vigorosas y menos intelectuales.

‘Star Trek’ funciona como compendio y ejemplo supremo de lo que en Hollywood entienden por una película de aventuras actualmente: partir de un material previo archiconocido para evitarle sorpresas al espectador, emplear recursos como los viajes temporales o el cine-espectáculo de forma muy parecida a como se ha hecho cientos de veces y por tanto con falta de originalidad, reparto de rostros jóvenes y en ocasiones poco conocidos para dar la apariencia de renovación y de dinamismo (parcialmente conseguidos), dar la sensación de una nueva saga reinterpretando caracteres previos y, en definitiva, buscar la depuración de unos iconos para las nuevas generaciones. Nada que objetar, pero lo que yo creo que el espectador busca (o más que buscar, necesita…) en este tipo de propuestas es, precisamente, lo que anuncia y no ofrece más que en una dosis insuficiente: una aventura catártica, un espectáculo total, un viaje vibrante, una resolución para los personajes. Abrams, más preocupado por el mercado que por sus criaturas o su relato, da gato por liebre como los más avezados cineastas actuales, dirige bien y entretiene, pero no apasiona.

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El reparto me parece muy cohesionado, desde luego, con secundarios estupendos como Karl Urban o Eric Bana (cada vez me gustan más estos dos actorazos), con la estimulante presencia de Zoe Saldaña justo antes de verla en su Neytiri, y con otros siempre eficaces como Simon Pegg o Bruce Greenwood. También me parece muy apropiada la fotografía de Daniel Mindel, que emplea lentes anamórficas y el consabido proceso Digital Intermediate, para darle un aspecto inmejorable a la película, sacando el máximo provecho de un diseño de producción algo desigual.

Conclusión e imagen favorita

Con todo, se trata de una película estimable, con algunos momentos muy entretenidos y que, pese a su dispersión, deja la esperanza para que alguna secuela pueda concretar y robustecer a estos caracteres. Mi imagen favorita es la del gélido Spock perdiendo los nervios por fin y enfrentándose al hecho de que, lo quiera o no, él también tiene sentimientos.

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