'Super Mario Bros: La película' brilla en su encantador despliegue de fanservice, pero me ha recordado el gran problema al que se enfrenta cualquier adaptación de videojuego

'Super Mario Bros: La película' brilla en su encantador despliegue de fanservice, pero me ha recordado el gran problema al que se enfrenta cualquier adaptación de videojuego

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Super Mario Bros

Desde que comenzó a hacerse con, curiosamente, la delirante 'Super Mario Bros' de 1993, adaptar videojuegos a un medio narrativo pasivo, ya sea el cine o la televisión, se convirtió en poco menos que una actividad de riesgo marcada por la sucesión de batacazos creativos. Una dinámica que, por suerte, comenzó a cambiar con el paso de los años hasta desembocar en joyas como la reciente 'The Last of Us' de HBO.

Uno de los retos más desafiantes que se enfrentan al gestar este tipo de producciones se esconde en el delicado equilibrio que debería existir entre el fanservice destinado a deleitar a los aficionados al material original, los añadidos que expandan su universo y enriquezcan a sus personajes y, en última instancia, una narrativa de calidad que trascienda a la de de sus contrapartidas jugables.

El caso de 'Super Mario Bros: La película' es un claro ejemplo de la dificultad que encierra encontrar este balance y trasladar una franquicia de este calado a la gran pantalla; ofreciendo una suerte de sueño hecho realidad para los parroquianos del fontanero bigotudo repleto de guiños, detalles y devoción, pero lastrado por unos cimientos narrativos lo suficientemente endebles como para enterrar sus encomiables esfuerzos por divertir sin complejos.

Falta de equilibrio

Hay que reconocer que pocos títulos homólogos han logrado capturar tan bien la esencia de su material de referencia como 'Super Mario Bros: La película'. Este logro comienza por un diseño de producción y una factura técnica deslumbrantes que beben del pasado y el presente de la obra de Shigeru Miyamoto para ofrecer un espectáculo animado sólo al alcance de estudios como Illumination Entertainment.

De este modo, el dúo de directores compuesto por Aaron Horvath y Michael Jelenic se las apaña para transportar al patio de butacas a un Reino Champiñón más vivo y colorido que nunca; todo ello mientras evoca el espíritu plataformero del videojuego en pasajes que parecen extraídos directamente de un gameplay —las escenas 2,5D son, sencillamente, magníficas—.

A esto debemos sumar el que, por suerte o por desgracia, termina convirtiéndose en el leitmotiv y, a su vez, el gran reclamo de la función: un tsunami de easter-eggs y referencias ya no sólo al mundo de Mario, sino a Nintendo en general, que termina devorando el relato y que, en mi caso, resultó tremendamente indigesto pese a mi longeva simpatía por la licencia.

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Hubiese sido fantástico que, apuntalando esta oda a la compañía nipona, existiese una historia ya no interesante o profunda, sino mínimamente trabajada. En su lugar, nos encontramos con una trama tan esquelética como un Dry Bones, un sentido del humor de parvulario —recordemos que esta película adapta una franquicia de con 35 años a sus espaldas y con un espectro de público potencial muy amplio— y un desarrollo de personajes nulo. Algo especialmente sorprendente si tenemos en cuenta que Horvath y Jelenic son responsables de la magnífica 'Teen Titans Go!' catódica.

Por supuesto, en este punto, muchos podrían rebatir mi opinión con un socorrido "qué esperabas", a lo que puedo contestar, simple y llanamente, con "una película". Porque, a última hora, 'Super Mario Bros: La película' no deja de ser una suerte de cinemática estirada, mucho más hueca de lo deseable y tristemente decepcionante en términos generales.

Pero esto no quiere decir que sus ajustadísimos 90 minutos de duración no cumplan con su cometido de entretener entre sucesiones incesantes de gags, secuencias de montaje que intentan aportar algo de pegamento entre escenas inconexas —incluyendo un entrenamiento al ritmo de 'I Need a Hero' como colmo de la pereza creativa— y un reparto de voces original en su salsa —tremendo Jack Black—.

Simplemente, significa que todos los que queramos un largometraje a la altura del legado de Mario, Luigi y compañía, tendremos que seguir esperando. Con suerte, no serán otros 30 años.

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