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'Swamp Thing': un particular eco-thriller que mejora según se acerca más al terror físico y vegetal
Críticas

'Swamp Thing': un particular eco-thriller que mejora según se acerca más al terror físico y vegetal

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Nota de Espinof

Da la impresión, a falta de cifras oficiales y de un anuncio más o menos firme y definitivo sobre su destino, que DC Universe no está teniendo suerte. Y es una pena: 'Titanes' es una potente serie superheroica a medio camino entre la solemnidad de productos como 'Gotham' y la verbena de las adaptaciones de The CW; la calidad de 'Young Justice' está fuera de toda duda; 'Doom Patrol' es la sorpresa de la temporada, una serie superheroica distinta y demoledora; y de 'Swamp Thing', una dignísima mezcla de procedural y terror clásico, con solo dos episodios en emisión, ya se ha anunciado que le espera un destino negro.

Es casi imposible que cuando echemos la vista atrás y hagamos resumen de esta primera -y única- temporada nos encontremos un producto equilibrado. Su desarrollo se ha encontrado con demasiados tropiezos: por una parte, los trece episodios originales se han reducido a diez por cuestiones presupuestarias, con lo que eso implica en términos de recortes y ajustes de las tramas a dos horas menos. Por otra parte, 'Swamp Thing' no se concibió como una miniserie, así que acabará estando, muy posiblemente, en esa tierra de nadie de los productos fallidos que dejan tramas medio abiertas por si las moscas, pero que así se van a quedar: eternamente inconclusas.

Y la situación es doblemente lamentable cuando queda claro, con solo dos episodios, que 'Swamp Thing' tiene ideas que la distancian de las ficciones televisivas superheroicas al uso, e incluso de las producciones de terror de moda. 'Swamp Thing' sabe encontrar el equilibrio entre la narrativa despreocupada y sin excesivos dramatismos de los cómics con el siniestro tono de terror -tanto visual como psicológico- propio del personaje. Y lo adereza con un elemento nuevo, pero que se desliza con naturalidad en el argumento de esta primera temporada: una trama propia de procedural, como un 'CSI' en el pantano (algo sobre lo que bromea la propia serie al comparar a sus héroes con Colombo o Jessica Fletcher).

Una mezcla de elementos que picotea en las distintas etapas de este personaje creado por los semidioses del cómic Len Wein y Bernie Wrightson en 1971. La Cosa del Pantano ha sido a lo largo de su historia un vengador post-morten, un paria monstruoso, un Elemental casi divino y un superhéroe extravagante. Especialmente recordada es la etapa de Alan Moore de los ochenta, que incluyó una de las obras maestras indiscutibles del guionista inglés, la historia 'Lección de anatomía'. De esta etapa la serie parece tomar algún fugaz elemento, como la naturaleza de la Cosa del Pantano no de zombi vegetal, sino de fusión entre un cadáver y un poder natural insondable. También de Moore agarra el ambiente de gótico pantanoso y cierta querencia por el horror físico en estado puro. Todo ello asimilado de forma ligera y, por suerte para ella, sin más ambición que la de rendir sencillo tributo al maestro.

'Swamp Thing': Un caso empantanado

'Swamp Thing' arranca como una historia de venganza sobrenatural (un código en el que el personaje se embutía en sus orígenes, antes de la llegada de Alan Moore): Alec Holland (inquietante Andy Bean, que roba tics al joven Jeffrey Combs de 'Re-Animator') es un científico que investiga un extraño comportamiento de las plantas en el pantano en Marais (Louisiana). Mientras, la doctora especializada en enfermedades infecciosas Abigail Arcane (Crystal Reed) indaga acerca de un extraño virus que podría estar relacionado con el pantano. Pero Holland está descubriendo cosas que la mafia local quiere mantener ocultas y es asesinado: pronto será parte del pantano y renacerá convertido en un ser muy distinto.

En los dos primeros episodios, la acción avanza reposada pero a buen ritmo: los personajes son presentados con diálogos certeros y que esquivan con fortuna el retrato perezoso. Holland y Arcane experimentan una atracción que no cuaja porque él es asesinado, pero el espectador entiende fácilmente, gracias a las estupendas interpretaciones de Bean y Reed, el lazo que une a los dos personajes, en un tramo inicial que podía haber caído en el tópico. También están bien trazados los villanos, el inevitable pasado traumático de Arcane y su relación con la madre de una amiga del pasado (también estupenda Virginia Madsen).

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Todo ello contribuye a crear una interesante atmósfera de gótico sureño (light, pero gótico al fin y al cabo) que propicia que el pantano sea contemplado como un terreno mágico y aterrador. Sin duda son eso y las espectaculares secuencias de terror las que dan un sello especial a estos dos primeros episodios, que se permiten estallidos de violencia e ideas morbosas poco habituales en las series de género. El sello del productor James Wan se deja notar en las plantas que crecen y se mueven a velocidades exageradas a partir de un cadáver, y que propician en el primer capítulo imágenes que podrían recordar a una especie de versión vegetal y reseca de 'La cosa' de Carpenter.

El empleo de efectos especiales prácticos y un CGI controlado y que refuerza la atmósfera opresiva y mohosa de la serie en vez de sacarle brillo redondea una propuesta estimulante y distinta. Es cierto, cae en determinadas convenciones (horrible y obvia banda sonora, algún susto barato), pero dado el panorama de género en televisión, son detalles sin importancia. Ahora ya sabemos que no hay esperanza de futuro para la Cosa del Pantano, pero al menos podemos disfrutar de ocho episodios que, si siguen a la altura de estos dos primeros, pueden quedar entre el mejor terror catódico del año.

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