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'The Great McGinty', un Preston Sturges menor

'The Great McGinty', un Preston Sturges menor
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Preston Sturges fue uno de los grandes directores americanos de los años 40, especializado sobre todo en la comedia, con auténticas maravillas en ese campo, como las imprescindibles 'Los Viajes de Sullivan' o 'El Milagro de Morgan Creek', por poner sólo dos ejemplos. 'The Great McGinty' fue su ópera prima, después de haber estado durante años realizando guiones para otros directores, entre ellos el gran Mitchell Leisen, en 'Una Chica Afortunada' y 'Recuerdo de una Noche'.

La película nos narra una alocada historia sobre un hombre pobre, que para conseguir algo de dinero es contratado por un partido político para que tome distintas identidades y vaya a votar varias veces, consiguiendo así más votos. Lo hace tan bien que enseguida entrará a formar parte del mundo político, con todos sus entresijos, nada legales por cierto. Pronto será visto como alguien con una buena imagen y será elegido alcalde.

'The Great McGinty' es la típica película que hoy día no podría hacerse por muchos y diversos motivos. Uno es la inocencia que desprenden en ciertos momentos algunos de sus personajes, muy típico de aquellos años (estamos en 1940). Y también, la forma en la que está tratada la corrupción política, sin cortarse lo más mínimo y poniendo a los políticos como verdaderos delincuentes, o incluso criminales. De acuerdo que hoy día podemos pensar eso de muchos individuos que se dedican a ese mundo, pero si se hiciese una película contando lo mismo que cuenta ésta y de la misma manera, creo que rodarían cabezas. Es curioso cómo, en ese aspecto, hemos dado marcha atrás.

De acuerdo que todo está enmarcado en un tono de comedia blanda, pero también tiene ciertos toques moralistas, que la hacen más seria de lo habitual. Además, no estamos ante una parodia de nada, aunque, eso sí, el film tiene momentos verdaderamente cómicos, muy en la línea de Sturges, aunque probablemente parece que estuvieran mejor resueltos sobre el papel que llevados a imagen. Hablamos del primer trabajo de Sturges tras las cámaras, y tal vez anduviese un poco perdido, cosa que me extrañaría un poco. A pesar de ello, el film tiene un ritmo endiablado, incluso cuando está en calma, por así decirlo, aunque algunas cosas no están bien tratadas, o son demasiado apresuradas.

Por supuesto que interpretativamente la película gana muhos puntos. Todos en el reparto están magníficos, encabezados por un Brian Donlevy soberbio y divertidísimo, teniendo en cuenta que este actor tenía una cara de poquísimos amigos. A su lado, la desconocida Muriel Angelus, que curiosamente sería ésta la última película que interpretaría, dato éste realmente curioso, ya que Angelus murió en el 2004. Y el secundario de lujo Akim Tamiroff, como aquel que teje los hilos detrás de la figuras públicas, con frases verdaderamente ingeniosas, y que a más de uno escandalizarían hoy día. La química de Tamiroff con Donlevy es realmente extraordinaria, dos antagonistas perfectos que lo mismo tienen ganas de matarse el uno al otro, como de tomarse una cerveza juntos.

Una film correcto, que no llega a la altura de obras posteriores e inmortales que Sturges nos regalaría en los años posteriores, pero desde luego sirve para pasar un rato la mar de entretenido, riéndonos a gusto (o disgusto) del mundo político. Por cierto, si en la actualidad, los alcaldes han llegado a su puesto de la misma forma en la que el personaje central de 'The Great McGinty' lo hace, podemos echarnos a temblar.

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