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'The Wicker Man', insana y enfermizamente buena

'The Wicker Man', insana y enfermizamente buena
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La próxima semana se estrena entre nosotros el remake de esta película de terror de los 70, y que Neil LaBute se ha encargado de revisionar y adaptar para las nuevas audiencias (qué miedo me da eso). Como es una película que pienso ver a pesar de que su reparto esté encabezado por el sosainas de Nicolas Cage, me hice con una copia de la versión anterior, y medio escéptico y medio curioso la vi pensando que me encontraría con una cinta típica de aquellos años, y que se hacían como churros simplemente para recaudar unos cuantos dólares en taquilla sin más pretensiones, y a veces ni eso. Pero me he llevado una muy agradable sorpresa al encontrarme con un film de terror de lo más original, y con una atrevimiento pocas veces visto en un film de estas características y mucho menos en uno del año 1973.

'The Wicker Man' con guión de Anthony Shaffer basándose en su propia novela, cuenta cómo en Escocia un sargento de policía recibe una carta pidiendo ayuda por la desaparición de una niña en una aislada isla. Una vez allí, todos los lugareños negarán haber conocido a dicha niña en incluso afirmarán que nunca exisitió. Poco a poco el policía va dándose cuenta de que en el pueblo sucede algo extraño, ya que el comportamiento de la gente no es normal, comportándose como si estuvieran haciendo algún tipo de ritual. La película tiene la típica estética de los años 70, algo que le queda muy bien, al tratarse de una historia de lo más enfermiza y que raya la más absoluta de las locuras, ya que hay una sensación a lo largo de todo el film como si lo que estamos viendo no sucediera de verdad. Todo está impregnado de cierto toque onírico que la hace enormemente fascinante y sobre todo atrayente e inlcuso hipnotizante, algo que va muy en consonancia con lo que en la película se narra. Todo esto es un acierto por parte de su director, Robin Hardy, que rehuye de muchos tópicos y apoyado en la excelente trama creada por Shaffer nos introduce en todo un mundo malsano, reflejado en una comunidad llena de personajes inquietantes y que juntos forman una piña de lo más peligrosa.

Uno de los puntos positivos del film, y también de los más arriesgados, es enfrentar claramente a la religión católica (personificada en el policía) con el sexo desenfrenado de una sociedad en la que todos follan a diestro y siniestro pero con una finalidad, y que evidentemente no voy a desvelar ya que estropearía la sorpresa de la película. No obstante el film tiene dos escenas clarísimas al respecto que a más de uno puede escandalizar. La primera es en una taberna donde todos los clientes se ponen a cantar una canción sobre la hija del posadero ante el estupor de nuestro protagonista. Una escena incomodísima, ya que con sólo una canción se provoca una tensión única. La otra secuencia es una en la que se produce uno de los rituales de seducción más originales y sensuales que se hayan visto en una pantalla de cine. No voy a hablar sobre el mismo, pero Britt Ekland sale tal y como vino al mundo marcándose un baile en el que los golpecitos tienen un protagonismo especial y claramente insinuador. Sencillamente inolvidable. A la espera estoy de comprobar si estas dos secuencias son incluídas en la nueva versión, o si lo hacen tienen la misma fuerza que en esta película. Ojalá que sí, pero con el puritanismo que nos invade a todos actualmente, no sé yo. Pronto lo sabremos.

Los actores están todos fantásticos. Desde la ya mecnionada Britt Ekland, que está morbosamente provocadora cumpliendo a la perfección ese papel, pasando por Edward Woodward, actor mayoritariamente televisivo, muy característico de los años 60 y 70, componiendo un papel mezcla de inocente y duro policía. Y llegando hasta Christopher Lee, quien no necesita presentación para muchos de vosotros. Este mito del cine de terror realiza una sobrecogedora interpretación del líder de la extraña comunidad, una terrorífica presencia con las gotas justas de amaneramiento. Atención a la parte final en la que aparece disfrazado y bailando, antes de descubrirse todo el pastel. Al respecto citar que el cierre del film, sus últimos diez minutos más o menos son realmente duros y sin ningún tipo de concesión al espectador con una escena que permanece con justica entre las grandes del cine de terror.

Al film sólo le pondría un defecto, y es que el personaje principal es en algunos momentos demasiado tonto, o ingenuo por así decirlo. Resulta un poco forzado que antes tantos acontecimientos extraños un policía no se de cuenta de que la gente del lugar no es trigo limpio, o lo que resulta aún más extraño, que investigue él solo un caso de desaparición y que no pida ningún tipo de refuerzos. También hay un exceso de canciones, aunque tal cosa llama poderosamente la atención en un film de terror. Aún así, estos son males menores en una película enormemente fascinante, sugerente, morbosa y fuerte. Una buena plícula que animo a todos a descubrir urgentemente antes de ir a ver el remake. Por cierto, como anécdota decir que Robin Hardy estuvo a punto de pedir que no se distribuyera la nueva versión en Europa, ya que las leyes de este continente le respaldan a poder hacerlo. Al final no hizo tal cosa, pero desde luego dejó bien clara su postura ante el remake. La semana que viene sabremos si era para tanto. Por lo que sé, hay pocos cambios con respecto al original, y los que hay llaman la atención.

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