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Venecia 2019: 'Dinero sucio' ('The Laundromat'), ambigua comedia negra sobre los Papeles de Panamá que invita a darse de baja de Netflix
Críticas

Venecia 2019: 'Dinero sucio' ('The Laundromat'), ambigua comedia negra sobre los Papeles de Panamá que invita a darse de baja de Netflix

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"Nos pareció que una comedia era el mejor modo de intentar permanecer en la mente del espectador y también una forma de aliviar la complejidad del tema de la actividad financiera […] No queríamos educar sino entretener."

Son palabras de Steven Soderbergh en la Mostra de Venecia, durante la rueda de prensa de la presentación de 'Dinero sucio' ('The Laundromat'), sátira anticapitalista basada un reciente e inculpatorio libro sobre el tema del periodista Jack Bernstein.

Soderbergh nos explica los Papeles de Panamá

Los famosos Papeles de Panamá, aquella filtración que destapó un importante entramado de sociedades offshore que salpicó a miles de millonarios, son aquí el eje del discurso.

Para su director, se trata, junto con el cambio climático, del tema más apremiante de nuestras sociedades, y sin embargo el pueblo no actúa contra esta injusticia. Al parecer, por una ignorancia de los hechos que sólo puede ser subsanada mediante microdosis de pedagogía a través del entretenimiento que él nos ofrece.

Laundromat Venecia

'Dinero sucio' podría ser la segunda parte de 'La gran apuesta' ('The Big Short'). A nivel estilístico y discursivo son dos películas casi gemelas. La de Adam McKay, recordemos, denunció el saqueo organizado de los agentes de Wall Street durante la última gran crisis a través de una comedia cínica y metanarrativa donde Margot Robbie rompía la cuarta pared para explicarnos el funcionamiento de los créditos subprime desnuda en la bañera.

De encontrar algunas diferencias con la película de McKay, podríamos señalar que se trata de una denuncia de brocha aún más gorda y que tiene más intención por exhibir piruetas formales y burlas bobaliconas que por desenmarañar realmente las logísticas kafkianas detrás de las injustas sociedades financieras.

Aquí los maestros de ceremonias, Antonio Banderas y Gary Oldman, los dos abogados de la infame firma Mossack Fonseca, van presentando cuentos episódicos (algunos más divertidos que otros, ninguno especialmente brillante) que repasan las acciones de todos los agentes envueltos para bien o para mal en este desfalco legal, desde una ancianita que pierde el derecho a una indemnización por la muerte de su marido a los testaferros e intermediarios que ejecutan las estafas desde los buzones de correos en innombrables islas paradisíacas.

Un juego de primos y lobos, con necesariamente más gente entre sus filas en la primera categoría que en la segunda. Muchos de los asistentes al pase veneciano aplaudieron el discurso final, pero a otros todo el asunto nos cayó un poco antipático. En su último plano secuencia, Meryl Streep hace ante la cámara una llamada a la acción.

Pide, sermonea a los espectadores que hagan algo contra ese gigantesco paraíso fiscal llamado Estados Unidos, donde, si los impuestos ya son extremadamente bajos, es además el estandarte mundial en la elaboración de normas de elusión fiscal que asfixian aún más a los mansos, que según el cristianismo estaban destinados a heredar la tierra.

Esperábamos entonces que en el pase de prensa Soderbergh, Streep o alguien ofreciese alguna plataforma, recogida de firmas o proyecto económico con el que luchar contra todo eso que se retrata. Pero nada, ni un comentario.

'Dinero sucio': cine de denuncia con estrellas y en Netflix

En el dossier de prensa, Jack Bernstein, el periodista y productor ejecutivo de la película, afirmaba estar contento porque "dado que la película va a estar en Netflix, va a llegar a mucha más gente que de otra forma. Gente que de otra forma no estaría interesada por el periodismo y ahora, gracias a esto, pensará en nuestro sistema financiero. Estoy agradecido".

He aquí una capa extra de hipocresía: Netflix, distribuidora que ha ayudado a construir el filme, forma parte del colectivo de nuevas y gigantescas empresas "tecnológicas" que con más voracidad están evadiendo (perdón, eludiendo) impuestos en todo el mundo.

Tal vez todo se trate de una retorcida estrategia de Steven Soderbergh, como si el director políticamente concienciado que vimos en 'Traffic' o 'Erin Brockovich' nos estuviese diciendo: sí, ahora Netflix produce mis películas, pero por favor, dales la espalda y date de baja de sus servicios. Pero también percibimos un punto de ambigüedad, como si el director también estuviese seducido por la picaresca individualista que imprimió en la saga de 'Ocean´s Eleven'.

Como propaganda movilizadora, 'Dinero sucio' es poco más que un cero a la izquierda. Ahora, como película de domingo que hace de la propia indignación política una mercancía manufacturada, está perfecta para echarse unas risas.

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