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Woody Allen: 'Todo lo que usted quería saber sobre el sexo, pero temía preguntar'

Woody Allen: 'Todo lo que usted quería saber sobre el sexo, pero temía preguntar'
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-¡¿Le suena a locura?! ¡Yo descubrí cómo provocar la impotencia en un hombre escondiendo su sombrero! Fui el primero en explicar la conexión entre la masturbación excesiva y la entrada en la política. Fui yo el primero en decir que el orgasmo del clítoris no debía limitarse a las mujeres. Se rieron de mí, me ridiculizaron, ¡dijeron que estaba loco! ¡Pero les di una buena lección! Me echaron de Masters y Johnson. No me indemnizaron. ¡Y me correspondía! ¡Pero les di una lección! -¿Vamos a tomar postre?

Continuamos el especial dedicado a la carrera cinematográfica de Woody Allen para hablar de su tercer largometraje como director --no creo que su labor en 'Lily la tigresa' ('What's Up, Tiger Lily?', 1966) sea suficiente para considerarla su debut--. Bajo el llamativo título 'Todo lo que usted quería saber sobre el sexo, pero temía preguntar' ('Everything You Always Wanted to Know About Sex* (*But Were Afraid to Ask)', 1972) se esconde uno de los trabajos más flojos del neoyorquino, con el que no obstante es posible pasar un buen rato gracias a algunos sketches inspirados, imágenes memorables y la habitual ración de diálogos descacharrantes que uno puede esperar de un humorista que apenas estaba empezando a demostrar su talento en la gran pantalla.

Cuenta Allen que la idea de la película, dividida en siete capítulos, se le ocurrió al escuchar en televisión una de sus frases más famosas: "me preguntaron si el sexo me parece sucio y respondí que solo si hace bien". Esto le hizo pensar en situaciones para un guion que acabaría tomando como base un manual escrito por el psiquiatra y sexólogo David Reuben, si bien el cineasta solo usó el título y algunas de las preguntas que aparecían en el libro, convertido en todo un best seller. La jugada funcionó, el film fue un éxito en taquilla --costó 2 millones de dólares y recaudó 18-- que consolidó a Woody Allen como una estrella de la comedia y un prometedor cineasta.

¿Los afrodisíacos funcionan?

Tras una secuencia de créditos protagonizada por un montón de conejos --quizá una respuesta chistosa al arranque de 'Tiempos modernos' ('Modern Times', Charles Chaplin, 1936)--, la película se inicia con un relato ambientado en la Edad Media. Allen da vida a un bufón que actúa como si fuera un moderno monologuista, tan torpe eligiendo las bromas como en su intento por seducir a la reina (Lynn Redgrave). Una poción hace cambiar de idea a la mujer pero surge el obstáculo de su cinturón de castidad... Hay poco que salvar en este primer sketch más allá de la tronchante referencia a 'Hamlet' y la absurda situación provocada con la interrupción del rey (Anthony Quayle) --reciclada de 'Toma el dinero y corre' ('Take the Money and Run', W. Allen, 1969), cuando el policía busca a los fugitivos--. Al desenlace le sobran unos segundos que arruinan el tono de la escena.

¿Qué es la sodomía?

Uno de los más inesperados y mejores segmentos. Gira en torno a un gris y aburrido médico (Gene Wilder) que un día recibe a un peculiar paciente: un pastor armenio enamorado de una oveja. Y el problema es que el animal ha dejado de quererle. El protagonista se queda con la oveja y comienza un peligroso romance... Da igual las veces que vea esta disparatada y perturbada historia, siempre me hace reír, Wilder está fantástico. Ojo al detalle del líquido con el que se emborracha en el último plano.

Gene Wilder y la oveja Daisy

¿Por qué algunas mujeres tienen problemas para alcanzar el orgasmo?

Aquí el cineasta se lanza a una parodia del cine italiano --Antonioni sobre todo-- estropeada por el doblaje español; gran parte de la gracia está en escuchar a Woody Allen encarnando a un seductor romano desesperado por satisfacer a su esposa --interpretada por Louise Lasser, aquí ya divorciada del director--. Lo intenta todo hasta que descubre que ella se excita en sitios públicos ante el riesgo de ser vistos --probable referencia a 'Casanova '70' (Mario Monicelli, 1965)--. Imposible no reírse con la confusión y la torpeza del "playboy" aunque al desarrollo le falta ingenio. Fue Lasser la que sugirió este sketch, la primera intención de Allen era homenajear a De Sica con una historia de campesinos en blanco y negro; también se planteó cambiarlo por un apartado sobre la masturbación en tiempos bíblicos, pero no había dinero.

¿Son homosexuales los travestis?

Durante una cena con los padres de su yerno, Sam (Lou Jacobi) se excusa para ir al baño pero lo que hace es colarse en el dormitorio y probarse ropa femenina. Cuando están a punto de descubrirle salta por la ventana y... A este segmento le ocurre lo mismo que el anterior, funciona el planteamiento y hay alguna situación desternillante durante el desarrollo --Sam fingiendo después de perder el bolso-- pero el final no está a la altura y se queda uno con media sonrisa, esperando un último gag que arranque la carcajada. Allen se planteó sustituir este corto por otro titulado "¿Qué hace homosexuales a los hombres?", donde encarnaba a una araña macho que tras el acto sexual era devorado por una viuda negra (Lasser). Solo por los disfraces y los diálogos ("Estás sufriendo la peor depresión poscoital que he visto en mi vida") habría merecido la pena, pero no le convencía y pensaba que él ya salía demasiado.

¿Qué son las perversiones?

El neoyorquino ofrece aquí una alternativa del exitoso programa de televisión 'What´s My Line?' consistente en adivinar la identidad del famoso que ha acudido al plató a través de preguntas sobre su profesión --podéis ver a un joven Allen participando en el mismo haciendo clic aquí--. La broma es que en lugar del nombre hay que averiguar la perversión sexual del invitado. Luego se hace realidad la fantasía de un concursante, ocasión que aprovecha Allen para bromear con uno de sus objetivos más habituales: un rabino. La idea tiene potencial pero no se le saca mucho partido, es demasiado serio y monótono. Ha transcurrido una hora y cuesta reprimir los bostezos.

¿Son fiables las conclusiones de los estudios sobre sexualidad?

Afortunadamente viene al rescate otro de los mejores capítulos. Victor (Allen) y Helen (Heather MacRae) coinciden de camino a la casa de un célebre científico, el Dr. Bernardo (John Carradine), quien después de cenar los lleva al laboratorio donde está realizando una serie de alocados experimentos sexuales --como intercambiar los cerebros de una lesbiana y un empleado de una compañía telefónica--. Tras pretender que Helen participara en sus investigaciones sucede el típico enfrentamiento que acaba con todo destrozado, y de las ruinas surge una peligrosa teta gigante... El cachondeo sobre los estudios sexuales, la parodia del "mad doctor" y el delirante homenaje a 'La masa devoradora' ('The Blob', Irvin S. Yeaworth Jr., 1958) pesan mucho más que las escenas anodinas y los evidentes problemas técnicos con el "monstruo".

La monstruosa teta creada por el Dr. Bernardo

¿Qué ocurre durante la eyaculación?

Y llegamos al clímax de la película con... un acto sexual visto desde el interior del ser humano. Con la colaboración de Dale Hennesy --responsable de la dirección artística de 'Viaje alucinante' ('Fantastic Voyage', Richard Fleischer, 1966)--, Woody Allen presenta el cuerpo de un hombre como una especie de nave operada por diminutos empleados que tienen por delante la compleja misión de lograr y mantener una erección durante el tiempo suficiente. Tony Randall organiza y Burt Reynolds pulsa botones en el puesto de mando mientras Allen se pone en la piel de un neurótico espermatozoide que no desea saltar al campo de batalla... El entramado de ciencia-ficción de bajo presupuesto, las conversaciones de la tripulación y los obstáculos a los que se enfrentan --antológico el conflicto de la conciencia-- garantizan las carcajadas en el que para mí es el episodio más divertido.

La idea de Allen era empezar la película con este episodio pero los ejecutivos de United Artists recomendaron ponerlo al final tras comprobar en pases previos el público se partía de risa al principio y luego quedaban decepcionados con el resto. El joven realizador aceptó la sugerencia pero posteriormente se arrepentiría de no haber mantenido su criterio. Yo creo que el estudio acertó, los minutos finales dejan tan buen sabor de boca que casi disculpas la irregularidad y el aburrimiento de los segmentos menos logrados. Resulta evidente el esfuerzo de Allen por mejorar como cineasta, el aspecto visual está más trabajado que en las anteriores, y su coqueteo con el género fantástico tendrá continuidad con su siguiente trabajo tras las cámaras, el primero donde no se preocupará tanto por encadenar gags.

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