Antes de que la escena bajo la ducha se convirtiera en el momento más recordado de 'Psicosis', no todo el mundo estaba convencido de que necesitara música. En realidad, Alfred Hitchcock jamás pensó que esa icónica secuencia audiovisual fuera a sonar con nada más que el sonido del agua y los gritos.
La película de 1960 ya tenía un aura inquietante, pero nadie imaginaba que una partitura, una montaña de violines y cuerdas que hoy reconocemos al instante fuera a cambiar no solo la escena, sino el cine de terror para siempre.
El responsable de ese giro no fue otro que Bernard Herrmann, el compositor con el que Hitchcock llevaba años trabajando. Herrmann había escrito una pieza especial para esa escena que iba más allá de la música de fondo: era un grito musical hecho de cuerdas tensas, notas afiladas y una energía casi animal que hacía temblar al espectador incluso antes de que se viera una gota de sangre.
La gran gracia es que Hitchcock, fiel a su estilo, no quería esa música ahí; pensaba que la escena sería más directa sin música, como muchas otras de la película.
Los acordes que lo cambiaron todo
Fue entonces cuando Herrmann insistió, y no de cualquier manera: le pidió al director que visualizara la secuencia con y sin su partitura antes de decidir. Cuando Hitchcock escuchó la versión con la música de Herrmann, se quedó convencido de inmediato de que aquello no solo funcionaba, sino que multiplicaba la tensión psicológica del momento.
Tal fue la revelación que aquel gesto de fe en el compositor no quedó en una simple aprobación de uso. Hitchcock quedó tan impresionado por cómo la música elevaba la secuencia que casi duplicó el salario de Herrmann, algo poco habitual en Hollywood, sobre todo con el presupuesto ajustado que tenía 'Psicosis' al ser una producción independiente pagada del propio bolsillo del director.
La escena de la ducha, con sus cuerdas que parecen cuchillos en lugar de melodías, no solo se convirtió en leyenda, sino que marcó el inicio de una nueva forma de entender la banda sonora: como una fuerza narrativa capaz de ser tan protagonista como la propia imagen.
Ahora, cuando alguien escucha esos violines agudos, ve la ducha y siente el miedo; y todo eso empezó porque Herrmann se atrevió a insistir en una idea que a primera vista Hitchcock no veía necesaria.
Fotos de megustaelcine.com
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