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“Todos somos egoístas, y hay otros que son más egoístas. Y les usamos como excusa”. Galder Gaztelu-Urrutia ('El hoyo')
Entrevistas

“Todos somos egoístas, y hay otros que son más egoístas. Y les usamos como excusa”. Galder Gaztelu-Urrutia ('El hoyo')

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Premio del público en la sección Midnight Madness del prestigioso Festival de Toronto y flamante ganadora del mismo galardón y de los premios a la mejor película, el mejor director novel y a los mejores efectos especiales en el Festival de Sitges 2019. Con estos precedentes, es más que lógico que 'El hoyo' se haya ganado a pulso su etiqueta como gran bombazo tapado de la temporada, y como una de las mejores cintas de ciencia ficción de los últimos años.

Pero esta modesta producción vasco-catalana y su inteligente metáfora sobre la sociedad actual esconde mucho más entre sus fotogramas de lo que puede aparentar a simple vista. Por eso, nos hemos reunido con su director Galder Gaztelu-Urrutia, su guionista David Desola y su actor protagonista Iván Massagué; para sumergirnos de lleno en el largometraje y explorar las distintas fases de su creación durante una conversación en la que ha reinado el cine y un ambiente inmejorable.

— Os lo he dicho antes de empezar la entrevista, pero vuelvo a repetirlo para que quede constancia: sigo maravillado con 'El hoyo'. Y como es una peli tan peculiar, me gustaría que me contáseis cómo nació el proyecto, porque es muy interesante saber de dónde habéis sacado semejante idea.

DAVID: Es una idea que viene de lejos y que tuve aproximadamente hace diez años. El germen de la idea, y esto no lo sabe ni Galder [el director], se me ocurrió durante la siesta después de comerme un asado en el pueblo de mi madre en Burgos. Me imaginé esta historia de una plataforma en una torre dividida en niveles, donde unos comen con opulencia y el resto come las sobras. Era una imagen sin concretar, y con el tiempo la fui dando forma.

La primera versión fue para teatro, y la coescribí junto a Pedro Rivero, pero la dejamos aparcada. Teníamos en la cabeza adaptarla al cine, y más o menos por esas fechas aparecieron Galder y Basque Film, y vieron que claramente ahí había un material potente para desarrollar.

GALDER: Primero se lo pasaron a Carlos Juarez, que es el productor. A Carlos le fascinó la idea y él me la pasó a mí. Yo la leí y me pareció maravillosa. Toda la simbología, la metáfora, la analogía con la sociedad... Me pareció que eran un texto con un potencial increíble y muy dirigido al teatro sobre el que tendríamos que trabajar muchísimo para adaptarlo a un público más cinematográfico, más acostumbrado a otras formas.

DAVID: Hay que decir que esto yo se lo había ofrecido a otra productora [Ríen]. Yo creía en esta historia pero no encontraba quién la produjera. Por eso hay que alabar la valentía de Galder y Carlos de meterse en esta historia que no tenía muchos simpatizantes. La veían muy arriesgada, con un contenido muy crudo... Probablemente estos productores que no la quisieron están ahora dándose cabezazos contra una pared, lo cual me parece muy bien.

IVAN: ¡Eso, eso!

— Justicia poética, ¿no?

DAVID: [Ríen] Más que justicia poética, es que hace falta gente que busque propuestas arriesgadas. En la industria del cine pasa mucho que lo único que se quiere es la fórmula que saben que funciona. Creo que 'El hoyo' fue una apuesta de mucho riesgo. Aunque la idea llame la atención...

GALDER: [Continúa] ...luego había que ver cómo desarrollarla. A nosotros nos gustó mucho la idea original, veíamos la dificultad que tenía no sólo darle forma a la película, sino ver de dónde sacamos el dinero para esto. Carlos no sabemos muy bien cómo lo hizo, pero ahí está el resultado...

— La magia del productor.

DAVID: ¡Pero mucha magia!

IVÁN: No entremos ahí... Mejor no entremos ahí... [Ríen]

— Después de todo esto, supongo que el siguiente paso fue encontrar al actor protagonista, aquí presente...

IVÁN: Yo entré en el proyecto dos años después.

DAVID: Lo hizo después de pelear muchísimo con el guión, con muy buena intención, eso sí. Veíamos la película de maneras muy diferentes.

IVÁN: Luego llegué yo y la vi de una tercera manera distinta, para rematar.

— ¡Las diferencias creativas que arruinan superproducciones en Hollywood!

IVÁN: [Ríen] Tal cual.

DAVID: Hay que decir que aunque escriba una historia súper trágica, me gusta trabajar con la comedia como herramienta. El guión original era más frívolo y más cómico. Tuve muchas pelas con Galder. El único consejo que le di fue: "No te tomes esta película en serio, Galder". Por supuesto, se la tomó súper en serio. Pero he de reconocer, viendo el resultado, que tenía razón. O al menos que ha conseguido alcanzar el equilibrio en su visión.

GALDER: Pedro [el coguionista] sí que quería dramatizarla. Poco a poco, introduciendo ya a Iván en el proyecto, vimos en los ensayos que esas ideas de dramatizar, llevarlo a lo oscuro y contar los chistes con ironía y con un tratamiento actoral más sutil y serio, veíamos que funcionaba muy bien y permitía mantener el humor y el tono tan kafkiano y demente.

IVÁN: Tenías la voz de David en el cogote diciéndote todo el rato mientras me dirigías diciéndote que tenías que subir más la comedia.

GALDER: Si no llega a estar David por detrás, recordándonos en todo momento "comedia, comedia, comedia", la hubiésemos hecho más dramática de que es ahora. Hemos conseguido un equilibrio que funciona muy bien.

— Es precisamente una de las cosas que hace que la película vaya como un tiro. El tono es un ejercicio de malabarismo brutal.

IVÁN: Lo bueno es que lo que se vive en la película es la pura realidad. Una realidad paralela. Fue muy orgánico. Como actor, lo viví como "a Iván lo meten en un hoyo y a ver lo que le pasa". Yo no construí un personaje. Recuerdo en la primera semana que dijimos: "creo que nos hemos llevado muy arriba esta peli". La comedia se volatilizó, pero ya aparecerá cuando tenga que aparecer. Como el rodaje fue cronológico, fueron apareciendo los momentos para hacer comedia y las tomas de decisiones de forma espontánea. Hay mucha verdad en la película.

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— Además, el tono y esta "verdad" ayuda a que lancéis un discurso claro pero no nos rebocéis por la cara ninguna lección  moralizante. Dejáis que el espectador piense.

GALDER: Eso estaba claro. No queríamos panfletos, ni queríamos adoctrinar, ni queríamos tratar al espectador desde un pedestal ni sermonear a nadie. Exponemos una realidad, que es muy homologable a la realidad de hoy en día y a la injusticia en el reparto de la riqueza que se ve en todos los países del mundo. A partir de aquí abrimos una reflexión, que es enfrentar al espectador con los límites de su propia solidaridad. Es decir, qué harías tú dependiendo en qué nivel está.

Es muy fácil repartir cuando te sobra y puedes dar un par de monedas, pero, ¿serías igual de solidario si esa solidaridad pone en riesgo tu integridad física? A partir de ahí, hablamos de los sistemas económicos y de gestión de economía como el capitalismo o el socialismo, pero desde un punto de vista centrado en la responsabilidad individual de cada uno. Por eso, y no sé si estáis de acuerdo, la película tiene tantas lecturas  y es tan asumible para tantos.

DAVID: Además, la metáfora es muy simple. La puede entender todo el mundo. Es diáfana y muy simple. La idea es que la metáfora fuese como un gran armario en el que empiezas a abrir cajones y te empiezas a encontrar subtextos mucho más profundos que el envoltorio. También tratamos el comunismo, la religión, de clases sociales... Y de la poca solidaridad entre desfavorecidos, que también la hay.

Lo bueno de 'El hoyo' es que, en la vida real, si naces en el nivel cinco, te quedas en el nivel cinco, y tus hijos pertenecerán al nivel cinco. Pero dentro del hoyo, el nivel varía aleatoriamente de forma periódica, y hace que los personajes no empaticen con quienes estaban antes en su posición.

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— Esto hace que sea muy, muy accesible. He hablado con gente que ya la ha visto, de diferentes tendencias políticas y de diferentes "niveles", y les ha funcionado a todos. Y esto es difícil hoy en día, que todo tiende a llevarse al extremo... Habéis capeado el temporal con algo muy arriesgado a nivel conceptual.

GALDER: Lo bueno es que no es una película en contra de nadie. En el fondo sí lo es, porque si estás a favor de algo, tienes que estar en contra del opuesto, pero no queremos culpabilizar a nadie directamente, sino que todos participen en una reflexión colectiva sobre cómo debemos compartir la riqueza y cómo de solidarios tenemos que ser con el resto.

Lo que decía David es muy importante. Si tú eres solidario, en el hoyo, no quiere decir que el mes que viene te pongan en un nivel mejor. Al quitar la recompensa, te hace mostrarte cómo eres de verdad. Ves cómo la gente es de verdad en función de cómo trata a las personas que no tiene por qué tratar bien.

La conclusión que sacamos, y creo que hablo por todos, es que todos somos muy egoístas; y luego hay otros que son mucho más egoístas. Y les usamos como excusa para serlo nosotros. Siempre va a haber un político más corrupto, un millonario que derroche  y contamine más, una corporación que respete menos los derechos laborables... con la excusa de "los de arriba", evitamos tomar los caminos que deberíamos tomar y tener responsabilidades.

Esto, en la película, se expresa con una frase de Trimagasi. Cuando te tiene atado [al personaje de Iván] y tú le dices que es el único responsable de tu muerte, él te responde que no, que hay 340 antes que él. Siempre va a haber alguien arriba más responsable que tú.

DAVID: Tiene toda la razón. Es como cuando te dicen: "es que no reciclas lo suficiente" y tú contestas diciendo que hay unas multinacionales que contaminan mucho más, que qué vas a poder hacer tu para arreglar nada.

IVÁN: Siempre habrá algún hijo de puta que te corte el paso.

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— Es un discurso muy jodido, pero muy real...

GALDER: Al final, la película no va de cambiar el mundo. El mensaje que envían, probablemente, no cambie absolutamente nada. Al final, el que cambia es Goren, que por fin ha hecho lo que tenía que hacer; lo que el cree que es justo y lo que tiene que hacer. Esa es la victoria, cambiarse a si mismo y tomar la iniciativa de lo que tiene que hacer.

— A fin de cuentas, toda buena película refleja el cambio de un personaje entre el primer y el último acto.

IVÁN: Al menos debería ser así.

— Por cierto, le estoy dando vueltas al origen del guión, porque los diálogos me parecieron por momentos mucho más teatrales de cinematográficos, y aún así funcionan perfectamente. Cuando pasa esto, generalmente suelen chirriar bastante...

IVÁN: Creo que es cuestión de tono. De tono, de dirección, de contenido... Sin una buena historia no haces nada.

GALDER: Es que son muy buenos los diálogos...

DAVID: Yo con el cine y los directores tengo un problema. [Ríen] Es por venir de tantos años haciendo teatro. En el teatro siempre te puedes explayar con los diálogos, pero en cine está la obsesión de los directores por recortar y repetirte que lo que puedas mostrar en una imagen, no lo hagas mediante diálogos.

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— El mítico "show, don't tell".

IVÁN: Marlon Brando decía que por qué hablábamos tanto, si es un lenguaje cinematográfico.

DAVID: Con Galder no he tenido ese problema. Lo tienes con todos, pero él creo que ha respetado bastante la base...

IVÁN: Porque no estabas en el rodaje, estabas al teléfono... Le decías tus movidas, luego colgabas y Galdar decía: "Oye, que le parece fantástica mi idea para esta escena, que adelante". [Ríen]

GALDER: Lo que ha sido es un híbrido. Estaban los diálogos escritos por un lado, que son fantásticos, pero luego en los ensayos, los adaptábamos para que le quedasen bien a cada actor.

IVÁN: Era mucho más cómodo darles veracidad. No todos los diálogos le quedan bien a todos los actores. Tienes que hacértelos tuyos.

— Ya que nos estamos metiendo en temas más prácticos y de rodaje, hablemos del diseño de producción de la película, porque es brillante...

GALDER: La película se ha hecho de manera muy, muy artesanal y muy mimada. Desde el guión, toda la preparación, todo el trabajo con los actores, el vestuario, el diseño del set, la fotografía, la música... Esto se nota. Hemos funcionado como una gran familia, con discusiones muy serias, como en todas las familias, pero trabajando todos a una.

DAVID: Yo no había visto nunca un storyboard tan trabajado como el que hizo Galder. Novecientas páginas en las que estaba todo estudiadísimo.

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— Lo bueno es que, aunque se note que no es una superproducción millonaria, gracias a esto aparenta ser mucho más grande de lo que es. ¿Cómo está gestionado todo esto a nivel logístico en rodaje?

GALDER: La película tiene muy poco presupuesto. En este caso no  hice un planteamiento para pasárselo después a un productor con el story para que lo produzca. Yo pensé en qué podíamos construir con el dinero que teníamos, y cómo optimizar la planificación para que el dinero rindiese. Me senté con la diseñadora de producción y nos pusimos en la piel del arquitecto de la sociedad en la que se construiría el hoyo. Sabíamos que la estructura tenía que ser barata, tenía que ser eficiente, inexpugnable y duradera. Llegamos a la conclusión del hormigón armado modular, hecho en bloques.

Toda la estructura obedece a las proporciones rectangulares de cada planta del hoyo. El hoyo tiene las mismas proporciones que la planta. Las placas de la pared tienen la misma proporción. Los apliques de la pared son el doble de esa proporción. El retrete es esa proporción. El lavabo es el doble de esa proporción. Está todo matemáticamente calculado, al milímetro, como si lo hubiese calculado un ordenador de hace veinte años.

— Me estoy quedando a cuadros. ¿Cómo lo pusisteis en práctica?

GALDER: No podíamos construir los dos kilómetros que mide el hoyo en la ficción, así que construimos dos niveles. El 80% de la peli se rodó en el nivel bajo, y cuando los personaje miran hacia abajo, nos subíamos al nivel dos y tirábamos el contraplano hacia abajo. A partir de ese nivel hacia abajo, está generado digitalmente. Pero el tratamiento digital es mucho más fácil cuando tienes una planta hecha y el resto está fuera de foco y ves en perspectiva a través de un agujero. La clave es fusionar algo tangible con lo digital. Luego está la plataforma, que es una grúa tijera...

IVÁN: ¡De las que tiene el ayuntamiento para cambiar las luces de las farolas! [Ríen]

GALDER: ¡De esas! Era de madera, y lo que hicimos fue borrar la tijera en post-producción.

DAVID: ¡Yo el primer corte que vi estaba con la grúa todavía! [Ríen]

GALDER: El resto es poliexpán con un tratamiento de hormigón. Puedes imaginarte el tiempo que pasamos pensando en esto, porque el dinero no es que sobrase precisamente. La diseñadora de producción es también la estilista, luego trabajamos muy mano a mano con el director de fotografía...

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— Supongo que el trabajo con él sería especialmente intenso tratándose de una sola localización, y además tan peculiar... Es una labor muy invisible.

GALDER: El rodaje tenía que ser muy ágil, porque había muchísimos planos y necesitábamos recursos para tener margen de maniobra en montaje. Y por esto, casi toda la luz está hecha con los propios apliques de la localización.

— Guau...

GALDER: Medimos la altura a la que tenían que estar. Medimos el tiempo que estaban los personajes de pie, medimos el tiempo que estaban los personajes tumbados... El 60% de la película, más o menos, está rodado con los propios apliques de la localización, con un pequeño refuerzo, unos Falcon. Además, todo el hoyo estaba recubierto de andamiaje para trabajar desde fuera. Estaba todo muy repensado.

— Desde 'Cube' no veía nada tan lúcido en cuanto a diseño y economía de recursos.

DAVID: En 'Cube' lo tenían mucho más fácil, porque sólo cambiaban la luz y la puerta de sitio.

IVÁN: ¡Nosotros cambiábamos el número!

— A nivel interpretativo, ¿aprovechaste el hecho de que el relato fuese embotellado?

IVÁN: ¡Aproveché todo! Todo fue muy a favor. Rodar cronológicamente, adelgazar...

GALDER: ¡Doce kilos bajó! ¡Doce kilos en seis semanas mientras rodábamos!

IVÁN: ¡Te encanta remarcar eso! [Ríen] Lo jodido es que la única manera de adelgazar es pasando hambre. Hacía ayunos de veinte horas, entonces esas crisis de mala hostia que me daban acompañaban según la escena que tenía que rodar. Si no acompañaban, me las tenía que comer. Además, ver el hoyo impresionaba mucho; sabías que era madera, pero parecía de hormigón. También está la soledad de estar sólo con otros personajes y que hubiese tantos planos generales ayudaba mucho, el no ver a ningún técnico te ayuda a meterte mucho en el papel.

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 Supongo que rodar cronológico también ayudaría mucho a mantener el raccord emocional del personaje.

IVÁN: Por supuesto, pero no me planteé en ningún momento el construir un personaje super complejo... En realidad era "Iván en el hoyo" y que fuesen sucediendo las secuenicas. Improvisamos mucho y discutimos mucho. Es la única manera de que salgan las cosas bien. Discutiendo mucho.

 Pues salió bien, porque la intensidad está muy arriba durante todo el metraje.

IVÁN: Yo tenía muchas dudas todo el rato. No sabía si estaba correcto en cuanto a nivel de voz, agotamiento, intensidad... Suerte que Galder, además de engañarme para hacerme decir frases que yo no quería más adelante, estaba ahí dirigiéndome.

DAVID: Y mientras tanto yo estaba al teléfono: "Galder, ¿estás respetando la comedia?" [Ríen]

IVÁN: "Sí sí, nos lo estamos pasando teta... ¡Nos descojonamos, David! ¡Tenemos que parar el rodaje de la risa!"

GALDER: Iván diciéndome "¡oye, que esta frase no la quiero decir, qué pinta aquí un chiste!" con David en el teléfono preguntándome si estábamos respetando la comedia desesperado. [Ríen]

IVÁN: Por esto tiene que haber un director. Y por suerte lo tuvimos. Al final parecía más el rodaje de un cortometraje, íbamos todos a una... fue una maravilla. Lo normal es comentar después de una escena, parar, debatir si ha salido bien... Aquí se hacía una escena y a la siguiente, había confianza plena. Era todo tan delicado que no querías tocarlo, no querías distorsionar la emoción del momento. Querías seguir el viaje aunque no supieses dónde iba a acabar. Nos sentíamos como en Hollywood pero sin estarlo realmente.

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— Ahora que habéis inundado la habitación de buen rollo, vamos a  fastidiar el ambiente, porque creo que la respuesta no va a ser demasiado positiva. ¿Cuál es la clave para levantar un proyecto de estas características en nuestra industria?

GALDER: Cuando fui a Toronto me decían: "¡Oye, qué maravilla esta epoca dorada del cine fantástico español!", y yo pensaba, "pero qué época dorada, si se hacen cuatro al año". A ellos les  llegan las cuatro y se piensan que aquí hay una factoría enorme. Esperemos que ahora con las plataformas de streaming y con la diversificación temática que van a requerir esto cambien.

Pero hasta ahora el cine, ¿quién lo financiaba? Las cuatro cadenas de turno que necesitan pelis que puedan poner a las diez de la noche, y estas pelis a las diez en esas cadenas, no se pueden poner. Esperemos terminar con esa... no voy a decir dictadura...

IVÁN: Dilo, dilo...

GALDER: La cosa es terminar con ese filtro o embudo que sólo permite que se hagan este tipo de pelis. Puede que ahora con las plataformas y con la nueva inversión en películas más arriesgadas o para nichos, termine creándose un "meganicho" en el que tengamos cabida.

IVÁN: ¡EL NICHO!

DAVID: ¡Uy! Me sale de aquí una peli de nichos... [Ríen]

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