Qué ver en Netflix: últimos días para recuperar una de las franquicias más influyentes del cine de acción en el siglo XXI
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Qué ver en Netflix: últimos días para recuperar una de las franquicias más influyentes del cine de acción en el siglo XXI

Casi más que ningún otro género cinematográfico, la acción va moviéndose por ciclos. De repente, una determinada manera entender las escenas de más movimiento y contacto físico se impone en el cine mainstream -el único que puede permitirse estos despliegues de manera continuada- y casi todas las películas parecen cortadas por un mismo patrón. Nunca se adivina cuál será la que terminará creando escuela, pero siempre hay una película o serie de películas que marca la diferencia.

Quitando espectáculos de mayor inversión en efectos digitales, la tendencia ahora parece ser seguir el modelo 'John Wick': grandes coreografías, rodadas en planos amplios y a ser posible en secuencia continuada, con pocos cortes, para que se aprecie todo. Hasta los blockbusters random de Netflix tienen mínimo una escena así, y de vez en cuando Marvel trata de imitar una de esas. Una respuesta opuesta al estilo que había dominado la acción popular antes, mucho más frenética, de cámara inquieta, planos cercanos y mucho corte, marcada por la saga de Jason Bourne.

Era imposible predecir que una adaptación de los libros de Robert Ludlum, protagonizada encima por Matt Damon, fuera a asentar la personalidad visual de blockbuster de acción durante buena parte de lo que llevamos de siglo. Pero lo hizo, y terminó teniendo influencia en más aspectos del cine americano popular. Guste más o menos la influencia que tuvo, es una de las sagas de acción más importantes. Y sólo tienes unos días para poder recuperarla en Netflix, ya que a partir del 15 de mayo las películas abandonarán la plataforma.

Persecución y paranoia

No todas las entregas son perfectas, pero en sus mejores momentos ofrecen un cine lleno de músculo y energía que te tiene completamente agarrado. Su estilo, tan inquieto y paranoico, salió beneficiado de un contexto cambiante para el público global, que pasó de estar admirando los espectáculos grandiosos de 'Matrix' o 'Tigre y dragón' a estar tendiendo cada vez más a su enfoque realista y con pies en la tierra.

También está el cambio de paradigma que supuso el 11-S para el mainstream americano. Los grandes despliegues de explosiones empezaban a resultar demasiado glorificadores. Por otro lado, el realismo de las películas Bourne no omitía las explosiones, pero las hacía más intensas y aterradoras gracias a la manera de hacerte presente en ellas. Por si fuera poco, 'El caso Bourne' hablaba de manera directa de la hipervigilancia, de las prácticas cuestionables de los servicios de inteligencia gubernamentales, en un contexto donde la guerra contra el terrorismo volvía a los gobiernos más proclives al espionaje de sus ciudadanos y a controlas sus movimientos.

Doug Liman consiguió que su constante movimiento y paranoia conectase con la audiencia, empleando montajes ágiles y planteando la acción desde la cercanía, haciendo la acción menos legible pero más urgente. Matt Damon también logra sostener este enfoque con ese carisma casi campechano y de hombre de a pie, que transmitía la sensación de que todo lo que pasaba a este superespía amnésico te podía suceder a ti.

La combinación de todos estos elementos, del enfoque a la temática, fueron convincentes, pero la cosa llegó más lejos en cuanto a estilo con la llegada de Paul Greengrass.

Encargado de las secuelas 'El mito de Bourne' y 'El ultimátum de Bourne', el director británico mantuvo el potente nivel, incrementando la intensidad de los guiones de Tony Gilroy gracias a su personalidad visual, marcada por la cámara en mano, con mayor cercanía a la acción para volverla más intensa y real. Por mucho que las persecuciones globales se fueran volviendo disparatadas por la escala global, todo se mantenía lo bastante plausible gracias a su narración y al compromiso de su estrella.

Acabada la trilogía original, ni Damon ni Greengrass vieron motivo para continuar con una franquicia que había dado éxitos sin igual. Pero para Universal no era suficiente, y encargaron a Gilroy la tarea de expandir el universo del espionaje. Así surgió 'El legado de Bourne', la única con otra estrella diferente al frente -Jeremy Renner, intentando meter la cabeza de manera definitiva como estrella-, y con el guionista asumiendo el rol del director.

La saga Bourne: tan impactante como influyente

El resultado no es tan regular como sus predecesoras, y la acción impacta menos, así que fue un esfuerzo que se quedó a medias. Para intentar corregir este patinazo comercial, se tiró la casa por la ventana para traer de nuevo tanto a Damon como a Greengrass de director.

Juntos firmaron 'Jason Bourne', que consigue aterrizar aún menos en cuanto a mantener la emoción del personaje y la intriga de la historia. La acción tampoco mejora espectacularmente. Fue otra jugada sin gran éxito.

Aunque ambas películas tienen sus momentos apreciables, claramente se vieron afectadas por el hecho de que ya no planteaban nada tan potente y fresco. Por aquel entonces, otras muchas películas de acción habían copiado el enfoque terrenal y de montaje fugaz (los Batman de Nolan, las 'Venganza' de Liam Neeson), algunos llevándolo a tal extremo que la acción se volvió incompresible y pobre.

Estos pobres herederos han manchado el legado de estas películas más que dos películas irregulares, pero basta volver a verlas para apreciar la fuerza que tenían y aún conservan.

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