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"Es tan mala que es buena": desmontando el mayor mito del cine basura
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"Es tan mala que es buena": desmontando el mayor mito del cine basura

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Para empezar, unas cuantas aclaraciones: me da igual qué películas te parecen buenas y qué películas te parecen malas. Luego volveremos sobre esto, porque es la base de todo lo que vamos a discutir, pero es perfectamente normal que, por las circunstancias en las que viste una película, tus afinidades personales, o tu criterio cinéfilo, películas que a ti te gustan a mí me parezcan horribles, y viceversa. Perfectamente normal.

Por ejemplo, adoro 'Wicker Man' (la de The Cage), 'Batman y Robin', ['Showgirls'](https://www.espinof.com/criticas/showgirls-nomi-al-desnudo), 'Sr. y Sra. Smith' o 'Sucker Punch'. Seguro que una o varias (o todas) te parecen horrendas. A mí me gustan de verdad, me parecen grandes películas, cada una por sus motivos. Hace nada escribí aquí mismo celebrando la grandeza de 'Con Air', y no necesité recurrir al tópico "tan mala que es buena". Creo que es una buena película. Quizás a ti no te lo parezca.

Del mismo modo, puede que te gusten una o más de estas películas hacia las que existe el consenso de que son buenas: 'El caballero oscuro', 'Avatar', 'Big Fish', 'Crash' (la de 2004) o 'Birdman'. Todas me parecen horribles. No pasa nada, no me gustan (en algún caso las odio) por cuestiones perfectamente razonables, pero también muy personales. Es discutible y, reconozcámoslo, nos encanta discutir sobre ello.

Pero hay algo que me gusta menos que cualquiera de estas películas, y es la actitud ambigua de "es mala, pero me gusta". "Es mala, pero te ríes". "Es tan mala que es buena". Conceptos emparentados con el también horrible "placer culpable" (¿cómo puede ser culpable un placer?... ¡tan placentero no será entonces!), pero que van más allá porque estas sentencias tienen cierto aire de condescendencia: esta película es mala, pero hoy estamos generosos.

La complejidad del (mal) gusto

El problema del "es tan mala que es buena" es que clasifica a las películas situándolas en una sola línea: la que va del 0 (la peor película de la historia, digamos por ejemplo 'Requiem por un sueño') al 10 (la mejor película de la historia, hoy vamos a poner 'Videodrome' -mañana, otra-). Es decir, entre el 0 y el 10 hay infinitos puntos intermedios y vamos situando ahí todas las películas. Pero en una sola línea.

El arte no es algo que puedes colocar en una línea recta que va de "muy bueno" a "muy malo", sin matices.

Lo que sucede en realidad es que ni el gusto, ni el arte, ni la creación son tan sencillos como para ubicarlos en una sola línea que va de "bueno" a "malo". Si hubiera un criterio unívoco e infalible, y remitiéndonos a un ejemplo sobradamente conocido y documentado, Alfred Hitchcock habría sido siempre considerado un genio, como lo es hoy. Pero lo que sucedió es que durante casi toda su carrera, y hasta que no empezó a ser reivindicado por los críticos franceses de 'Cahiers', se le vio como un artesano dotado para lo visual, pero atrapado en el cine de suspense intrascendente. Una impresión condicionada por los prejuicios de la época y las herramientas de análisis cinematográfico. Pero las formas de ver cine, el gusto del público y la labor de la crítica fue cambiando.

Por eso hay películas que se escapan de toda clasificación, que no pueden ubicarse en esa línea de blancos y negros. 'The Room', que vuelve a estar de moda por la película sobre su rodaje que protagoniza y dirige James Franco y de la que acabamos de conocer su trailer, es la heredera conceptual de la que durante muchos años fue conocida como "la peor película de la historia", 'Plan 9 from Outer Space', de Ed Wood Jr.

Ambas son mucho más que simples "películas malas". En sentido estricto, en esa línea binaria, ocuparían una posición muy baja... ¿pero es justo ubicarlas junto a películas que, sencillamente, son malas y sin atractivo, como 'Vaya par de polis', 'Casi 300' o el remake de 'Le llaman Bodhi'? No: 'The Room' y 'Plan 9' van mucho más allá. Su inintencionada ineptitud, su abismal calidad es literalmente indescriptible. Hay que verlas para creerlas.

Al verlas llevamos a cabo una celebración del error que linda con las teorías del surrealismo, y que consiste en invertir los polos del bien y del mal. Se trata de una forma de ver cine que impulsaron creadores como John Waters, pope de la cultura basura tal y como la conocemos hoy, y críticos como Michael Weldon, creador de la fundacional 'The Psychotronic Encyclopedia of Film', relevante tratado sobre la serie Z y el cine oculto.

Es decir, donde el "Es tan mala que es buena" fomenta la burla hacia el desfavorecido, el reirse del feo o de la gafotas o del tartamudo de la clase, teóricos como Waters o Weldon proponen el acercamiento a esas películas desde el orgullo de la diferencia, dando categoría de arte outsider a los verborreicos soliloquios de 'The Room' o las casi vanguardistas soluciones escenográficas de Plan 9 para disimular que un miembro del reparto ha fallecido .

Es decir, es una forma de reivindicar películas no como desastres, sino como alternativas a las formas académicas. ¿Quién dice que un plano no pueda durar diez interminables minutos? ¿Que un diálogo haya que visualizarlo en plano-contraplano? 'Reefer Madness', 'Manos: The Hands of Fate', 'Superman IV', 'Troll 2', 'Birdemic' o 'Fateful Findings' son cortes de mangas involuntarios, desde la inocencia incompetente, al siempre repelente "cine bien hecho".

¿Prefieres reirte de una película porque es mala o entender por qué es distinta a los códigos que conoces?

Se trata de una forma de entender el "cine malo" que, para empezar, difumina esa etiqueta de "malo" y obliga al espectador a abandonar la comodidad de los términos absolutos. Porque las cosas a menudo son más complejas. Por ejemplo: el remake de 'La isla de el Doctor Moreau' de 1996. ¿Qué es mejor? ¿Verla y reirse de lo mal que están los actores, de que el guion no tiene sentido, de que madre mía Marlon Brando? ¿O acompañar el visionado con 'Lost Soul', el delirante documental sobre cómo (no) se hizo el Dr. Moreau de Richard Stanley y su agónico proceso creativo?

Cada película etiquetada como "mala" lo es por razones diferentes, y a menudo son más interesantes los porqués que los resultados. Por ejemplo, 'Plan 9 from Outer Space' o, sobre todo, 'Glen or Glenda', se enriquecen notablemente si se conoce la conflictiva y fascinante personalidad de Ed Wood (solo arañada en la superficie, por cierto, por el biopic de Tim Burton).

El fiasco de los Razzies

El equivalente académico, aunque aún más perverso, del "es tan mala que es buena" es cuando un crítico señala a una película como la peor del año para que nos ríamos de ella. Es decir, los lamentables Razzies, una entrega de anti-premios cobarde y conservadora, que se ceba con los fracasos de taquilla y crítica. Es el enano de voz chillona que le ríe las gracias al matón, porque sabe que él mismo podría estar entre los que reciben collejas.

Dejando aparte su pose chulesca y su devoción por hacer leña del árbol caído, por los Razzies han pasado películas como 'La puerta del cielo', 'El resplandor', 'La cosa', 'El precio del poder' o 'Instinto básico', lo que nos devuelve al principio y nos demuestra lo voluble que es el gusto y el criterio. Ninguna de esas películas habría sido nominada si la etiqueta de "película mala" (¡o las que se cree que lo son!) no fuera una burla, sino una celebración.

Todas esas películas fueron clasificadas como malas porque eran diferentes a lo que se solía hacer: ambiciosas, chirriantes, decadentes, excesivas o, sencillamente, divergentes. Por eso la expresión "una película tan mala que es buena" tiene algo de condescendiente, de perdonar la vida. De dar un carnet para que entres en mi club. Quizás lo que pasa es que esa película vibra en una sintonía a la que no estás acostumbrado y, sencillamente, te has visto superado.

Festejar la norma es como celebrar la mediocridad. Las películas malas son, a menudo, una fiesta, y como tal hay que interpretarlas. Recordemos las enseñanzas de 'Rocky Horror Picture Show', una de esas películas que durante mucho tiempo fueron consideradas "tan mala que es buena", antes de que todos coincidiéramos en que es tan buena que quizás no nos la merecemos:

Don't get strung out by the way I look / Don't judge a book by its cover / I'm not much of a man by the light of day / But by night I'm one hell of a lover

No te pongas nervioso por mi aspecto / No juzgues un libro por su portada / Solo soy un hombre corriente a la luz del día / Pero por la noche soy un amante infernal

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