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Kathryn Bigelow podría ser la primera en ganar un Oscar

Kathryn Bigelow podría ser la primera en ganar un Oscar
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Esta noche se entregan los Globos de Oro. No voy a entrar ahora en lo absurdo de estos premios (que marcan el camino de los futuros Oscar, pero están elegidos por la Asociación de Prensa Extranjera en Hollywood...el que lo entienda que me lo explique), pero sí en lo que significan de culminación de un viaje para cierta directora que hace pocos años parecía enterrada en vida, y que ahora, por arte de magia, está en boca de todo el mundo, y nadie sabe cómo. Tanto ella como su octava película, 'The Hurt Locker' (que aquí se va a llamar 'En tierra hostil', estupidez de título sólo comparable a 'En terreno vedado' para Ang Lee) suenan más que fuertes para que, en marzo, se rompa cierto maleficio por el que, desde que el calvo dorado existe, ninguna mujer directora lo haya ganado por esa disciplina.

No es asunto baladí, sino de muy honda repercusión. Todavía se lo pueden arrebatar, aunque parece dudoso, el Cameron de 'Avatar' o incluso el Tarantino de 'Inglourious Basterds', pero la ocasión parece demasiado jugosa para que los magnates de Hollywood (que son los que dominan el tinglado de los Oscar, no se me hagan los ingenuos) la dejen pasar. ¿Acaso no aprovecharon, y en 2001, para limpiar décadas de ostracismo, premiaron al mismo tiempo a un actor protagonista negro y a una actriz protagonista negra, Denzel Washington y Halle Berry, respectivamente? Ahora la buena de Kathryn (que sigue igual de guapa que siempre, nadie conoce su secreto...) sabe que puede sonar la campana para ella.

Si hacemos uso de memoria, la verdad es que encontramos muy pocas mujeres directoras importantes. Esto es signo inequívoco de que en este oficio hay un machismo incontestable, por supuesto, y no sólo por parte de la industria, si no también por parte de los espectadores. Pero también es signo de más cosas, como que muchas mujeres directoras, siempre en opinión de quien esto escribe, se equivocan a la hora de enfrentarse a su trabajo. Me explico. Existe el absurdo lugar común de que las mujeres, por el mero hecho de ser mujeres, muchas veces deben presentar un trabajo creativo sustancialmente diferente al que hacen los hombres. Esto es un completo disparate, en cuyas redes caen muchas realizadoras que, ansiosas por marcar diferencia y además por demostrar que pueden estar a la altura de los hombres, se marcan un camino que las impide volar libremente.

¿Qué quiere decir esto? Tratar de establecer una diferenciación termina siendo contraproducente para un colectivo de mujeres directoras a las que, lo que más les convendría, sería precisamente integrarse. Y la diferenciación se gesta cuando estas cineastas se esfuerzan, con una energía admirable pero estéril, en un cine marcadamente femenino, que es lo mismo que les ocurre a cineastas homosexuales que elaboran un cine profundamente homosexual. En su lucha por ser respetados terminan siendo objeto de exclusión por la misma naturaleza de las películas que producen.

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Durante décadas hemos asistido al fenómeno de las script-girls (fenómeno que aún persiste, aunque sin el -girls delante, pues la mayoría son mujeres), y a la dificultad eterna de que una mujer directora se labre un prestigio. El recuerdo de Leni Riefenstahl es casi una anécdota: una mujer de gran talento, eso sí marcado por su relación con el nazismo de entreguerras, que dirigió dos documentales legendarios ('El triunfo de la voluntad' y 'Olimpiada'), el segundo de los cuales aún no ha sido superado, y parece que no será superado, por ningún documental deportivo. En las siguientes décadas, no ha existido una mujer directora de tan marcada personalidad. Y si existe, siempre suele ser en un cine poco internacional, íntimo, muy de autor y muy de minorías.

El ejemplo de Mimi Leder ('El pacificador', 'Deep Impact') es también sangrante: una mujer, entre miles de hombres, llevando a cabo un cine adocenado. En ese caso, ¿por qué no hay más mujeres que lleven a cabo este cine predigerido? Seguro que les pagan menos (como en todos los oficios), así que saldrían ganando. No tiene sentido. Por eso, entre otras cosas, muchos hemos tenido en Bigelow (que estuvo dos años casada con James Cameron, el mundo es un pañuelo) una especie de baluarte en el que apoyarnos, y aunque su cine ha adolecido de una gran irregularidad y aunque le ha faltado la fluidez necesaria en su carrera, ahora parece que Hollywood quiere reparar un error histórico y un insulto.

Porque recordemos que en sus 81 años de historia, los Oscar sólo han nominado tres veces a una directora: Lina Wertmüller en 1976 por 'Siete bellezas', Jane Campion en 1993 por 'El piano' y Sofia Coppola en 2003 por 'Lost in Translation'. Ver para creer. Ninguna de ellas tuvo ninguna posibilidad. Lo perdieron, respectivamente, contra John G. Avildsen ('Rocky'), Steven Spielberg ('La lista de Schindler') y Peter Jackson ('El retorno del rey').

El extraño caso de 'The Hurt Locker'

Esta película, por la que nadie daba un duro hace dos años, se estrenó primero en Europa, en diversos festivales como el de Venecia, en los que generó no pocos adeptos, llegó a las salas norteamericanas en el primer trimestre de 2009, y fue acogida con frialdad generalizada. Esto sólo quiere decir una cosa: su productora no confiaba demasiado en ella y quería sondear la respuesta de los críticos europeos. Puede que me equivoque, pero en cualquier caso no es una película fabricada para ganar premios o taquilla, si no una película pensada como una producción independiente.

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Ni su directora, cuando la hizo, contaba con mucho poder, ni el proyecto es muy ambicioso. De hecho, es un filme artesanal. Eso sí, de una factura perfecta, porque Bigelow ya se las sabe todas, y está bregada en mil batallas (nunca mejor dicho), y tiene un oficio a prueba de bombas (de nuevo, nunca mejor dicho). Pero la apariencia de 'The Hurt Locker' no debería engañar a nadie: es una película barata. Sorprende, o no, que el afamado Roger Ebert la incluya entre lo "mejor mainstream del año", cuando de mainstream no tiene nada. Pero Ebert hace tiempo que oye campanas y no sabe dónde.

La película empieza renqueante, y se va afirmando a medida que avanza, hasta un final demoledor y muy contundente, tal como expresaba yo en mi crítica hace un tiempo. No hay en ella el menor rastro de crítica o reflexión hacia la guerra, si no que es una indagación, una vez más, acerca de los abismos de la adicción. Es este un tema capital en la filmografía de esta directora, que una vez más, también ofrece un relato trepidante y adrenalítico, muy viril. Es una de las pocas directoras, o quizá la única, que da su punto de vista sobre un ambiente varonil cerrado a las mujeres.

No me parece una película superior, ni siquiera de similar nivel, al de 'Inglourious Basterds' o 'Avatar', pero es una buena muestra del inmenso talento de esta cineasta total, y sería fabuloso que se alzase con el Oscar dentro de unas semanas.

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