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Los Óscar necesitan un reboot: descartar cuatro categorías en la emisión es el último disparate de una gala en declive
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Los Óscar necesitan un reboot: descartar cuatro categorías en la emisión es el último disparate de una gala en declive

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Poco más de un mes antes de la 87 ceremonia de los Premios Óscar, celebrada el 22 de febrero de 2015, el hashtag #OscarsSoWhite comenzó a correr como la pólvora en las redes sociales a modo de denuncia por la baja representación de personas de raza negra entre los nominados. Pues bien, cuatro años más tarde, la Academia norteamericana nos ha dado la excusa perfecta para cambiar la consigna y empezar a catalogar los Óscar 2019 bajo el tag #OscarsSoDumb.

Durante los últimos meses hemos presenciado cómo la Academia ha ido incrementando su preocupación ante unas audiencias televisivas de las entregas de premios que no logran remontar el vuelo. Algo que según ellos, alude al desinterés del público, y afecta directamente a unos inversores publicitarios que se alzan como las principales estrellas de la noche —quien haya seguido la ceremonia en directo sabrá que los incesantes bloques de anuncios terminan sacándole a uno de quicio—.

Por supuesto, ante el conflicto, la organización del evento puso sobre la mesa varias medidas, a cada cual más disparatada. La primera de ellas, afortunadamente descartada tras las críticas, pasó por convertir los Óscar en una suerte de premios MTV añadiendo la categoría de "mejor película popular"; mientras que la segunda planteaba omitir la entrega de algunos galardones durante la emisión en directo, siendo estos repartidos durante la publicidad.

Desgraciadamente, esta opción ha terminado siendo aceptada, llevándose por delante las categorías de mejor maquillaje y peluquería, mejor cortometraje, mejor montaje y mejor fotografía. Un auténtico sinsentido que ha levantado ampollas entre profesionales y aficionados y que supone otro factor que desprestigia aún más si cabe una 91 ceremonia de entrega de los Óscar que, recordemos, tampoco tendrá presentador.

Sin fotografía. Sin montaje. Sin cine.

Antes de nada, me gustaría dejar bien claro que no considero prescindible a ninguna de las cuatro categorías despreciadas por la academia. Huelga decir que el equipo de maquillaje y peluquería hace auténticos milagros esenciales para dar forma a un largo —como convertir a Christian Bale en el vicepresidente Cheney o a Margot Robbie en la reina Isabel I—, y que el sector del cortometraje ya no es sólo una cantera para descubrir el futuro de la industria, sino que cada vez es cultivado por más nombres consagrados. Pero lo me espina realmente —y a título personal— es el ninguneo al montaje y la fotografía.

Roma Bts

Suele decirse que, durante su proceso de gestación, un largometraje está sujeto a tres escrituras, siendo la primera, como es lógico, la redacción de su guión. Más tarde vendría el rodaje, en el que el departamento de fotografía, capitaneado por el director de fotografía, traduce las palabras en imágenes en movimiento junto al realizador del filme —y el resto de divisiones como arte o sonido—, dando forma a la luz, construyendo un tono a través de herramientas visuales y dando un rostro identificable a la producción.

Para terminar, la sala de edición es el espacio en el que tiene lugar la tercera y última escritura de una película durante un proceso de montaje en el que la historia, los arcos de los personajes y la narrativa cobran sentido, pudiendo reafirmarse el trabajo de los guionistas o variarlo a golpe de corte y cambios de estructura.

Con todo esto sólo quiero evidenciar el gigantesco absurdo que encierra el hecho de menospreciar dos oficios, disciplinas o artes —llamadlas como prefiráis— sin los que el cine, directamente, ni sería posible, ni sería cine.

¿Elección aleatoria o intereses ocultos?

Frente a la —lógica— polémica derivada de todo esto y a las duras críticas recibidas, la Academia ha afirmado por activa y por pasiva que la elección de las cuatro categorías de marras ha obedecido única y exclusivamente al azar, y que en posteriores ediciones de los Óscar irán variando aleatoriamente con el fin de no repetirse. Pero, ¿es esto cierto o existe algún patrón oculto que no apreciamos a simple vista?

Según ha recogido Erik Anderson, fundador de Awards Watch, en su cuenta de Twitter, existen varios factores que invitan a pensar que la exclusión de montaje, fotografía, maquillaje y cortometrajes obedecen a intereses que van más allá de lo fortuito; y el primero está relacionado con la influencia de la todopoderosa Disney y su relación con la cadena ABC, que emitirá la ceremonia el próximo 25 de febrero.

Es, cuanto menos, curioso, que de las categorías consideradas como "secundarias", además de en cortometraje documental, Disney no tenga ni una sola nominación en las cuatro descartadas. Algo lo suficientemente llamativo como para poder llegar a descartar la teoría conspiranoica y los gorros hechos con papel de aluminio.

Además de esto, las películas nominadas a fotografía, maquillaje y montaje, en conjunto, son las que menos recaudación han obtenido entre las categorías técnicas; hecho al que habría que sumar que estas tres ramas son las que menos miembros tienen dentro de la academia —246, 298 y 183 respectivamente frente a los 487 de sonido o los 450 de efectos visuales—. ¿Casualidad? No lo creo.

Un evidente rechazo

Por suerte, no soy el único al que todo esto le parece un auténtico despropósito, y grandes nombres del medio cinematográfico han alzado su voz —o han aporreado con especial vigor sus teclados— para manifestar su disgusto; siendo uno de los más duros y precisos un Alfonso Cuarón —nominado, entre otros, al Óscar a la mejor fotografía por 'Roma'—, que ha dejado en su twitter esta auténtica perla.

"En la historia del cine, han existido obras maestras sin sonido, sin color, sin historia, sin actores y sin música. Ni una sola película ha existido jamás sin fotografía y sin montaje".

Junto al director mexicano, otros compatriotas se han unido a la causa, como el DOP Emmanuel Lubezki, quien ha calificado la decisión de "desafortunada" y ha matizado que "la fotografía y el montaje son, probablemente, las partículas elementales y los componentes primordiales del cine"; o un Guillermo del Toro que ha afirmado que "la fotografía y el montaje son el corazón del oficio" diciendo de ellas que "no son herencia de la tradición teatral o literaria: son puro cine".

Además, miembros de los gremios de montadores y directores de fotografía han mostrado su preocupación y disgusto frente a un problema —porque, no nos engañemos, esto trasciende lo anecdótico— que, lejos de su voluntad de rescatar a los Óscar, puede traducirse en otro golpe que los aproxime a su sentencia de muerte. Porque el cine es mucho más que farándula, vestidos, alfombras rojas y caras bonitas.

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