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'El Ministerio del Tiempo' se despide ¿para siempre? con un gran episodio autorreferencial
Series de ficción

'El Ministerio del Tiempo' se despide ¿para siempre? con un gran episodio autorreferencial

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La ficción española queda hoy un poco más triste. Con la incertidumbre sobre su futuro agravada por unos datos de audiencia bastante pobres (se despidió con un 7.1% de cuota, superando apenas el millón de espectadores), La 1 de TVE emitió anoche el final de la tercera temporada de 'El Ministerio del Tiempo', un episodio que supo a una excelente series finale.

En 'Entre dos tiempos', que mientras nadie diga lo contrario es "season finale", el Ministerio descubre que en 1966 están rodando en TVE una serie basada en ellos mismos desarrollada por un personaje, interpretado por Luis Larrodera, que sabe de la existencia de la institución. La patrulla viajará a esa época para impedir que salga a la luz dicha serie.

Nos encontramos con un episodio en el que se adentran en la metaficción con innumerables guiños a TVE y a la misma serie, incluyendo el que los protagonistas de 'El ministerio del tiempo' sesentero (la "patrulla original" de Julián, Amelia y Alonso, aunque no cuadra por el año "desde el que se crea") sean versiones jóvenes de Jaime Blanch y los padres de Cayetana Guillén-Cuervo (Fernando Guillén y Gemma Cuervo) y un buen homenaje a Chicho Ibáñez Serrador.

Ministerio 1966

Al igual que en la segunda temporada, con la amenaza del Rey Felipe II, esta tercera edición de 'El Ministerio del Tiempo' cierra mostrando qué pasa si se decide jugar con el pasado y cambiar la naturaleza/objetivo de los viajes. Volvemos, pues, a la ucronía pero en esta ocasión a menor escala... y una más frívola pero con consecuencias funestas. De hecho hubiera estado bastante bien que los guionistas hubieran decidido dejar sin resolver el embrollo. Lástima que, con el futuro tan en el aire, no podían jugárselo.

Echando la vista atrás a la tercera temporada de 'El Ministerio del Tiempo', resulta un poco extraño que la trama horizontal de sus episodios centrada en la batalla contra Los hijos de Padilla y El Ángel exterminador, quedara resuelta en el penúltimo episodio. Ya en el final de mitad de temporada el pasado verano y el inicio de la segunda tanda de episodios, veíamos cómo el equipo liderado por Javier Olivares, Anaïs Schaaf y Marc Vigil aceleraba y quemaba cartuchos, agotando (o casi) las historias de sus protagonistas.

Lola Mendieta

El hilo conductor de la temporada no solo ha sido este duelo con las otras facciones conscientes de la existencia de las Puertas del tiempo, sino que también gran parte del guion se ha dedicado a explorar a la joven Lola Mendieta (Macarena García) y cómo afronta "su" futuro. Lamentablemente esta trama no logra funcionar y, de hecho, creo que esta es la parte que más cojeaba durante cada episodio.

Aquí creo que un factor importante el foco vital del personaje. La Lola que habíamos conocido hasta su muerte (personaje que volvemos a ver durante 'Contratiempos', el penúltimo episodio) era una gran villana con las ideas muy claras sobre el Ministerio y su papel como "vigilante". Sin embargo la nueva Lola, es más joven y le falta o no termina de atisbar ideas propias, un centro en su vida o razones por las que trabaja como agente del tiempo.

Eliminando esta subtrama de Lola y estas facciones enemigas, aunque con la sombra de "los americanos" presente, 'Entre dos tiempos', cierra la temporada con un carácter prácticamente autoconclusivo, partiendo de y dejando un lienzo casi en blanco. Funciona muy bien tanto en su naturaleza de episodio como en la de final de temporada. Lanza posibilidades de futuro, pero si fuera final de serie es un broche muy bueno.

Por lo general, la tercera temporada de 'El Ministerio del Tiempo' ha mantenido bastante buen nivel. Olivares tenía intención de hacerla más "oscura" y la jugada ha salido bien, con un balance bastante positivo a pesar de que, a veces, el juego referencial y de mensajes para los espectadores se les iba de las manos. Espero, sinceramente, que el episodio de anoche sea un hasta luego. Pero si es un hasta siempre, la despedida ha estado a la altura.

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