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La importancia de llamarse Phil Dunphy

La importancia de llamarse Phil Dunphy
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Esto es sólo el comienzo. Abróchate el cinturón, nena, porque estás a punto de ser cortejada…

¿Qué puedes hacer cuando la novia de tu suegro está mucho más buena que tu propia mujer? ¿Cómo puedes contentar a tu exigente esposa cuando ella te considera “el crío con el que me casé“? ¿Cómo educas a una adolescente pegada todo el santo día al teléfono? ¿Y a una niña “sabelotodo” y repelente? ¿Y a un hijo pequeño con signos importantes de ser tonto de remate? ¿Cómo ganarte a un suegro que te odia desde el mismo día en que te vio por primera vez?

Phil Dunphy lo tiene todo para ser un hombre feliz. Una casa preciosa, una vida acomodada, un trabajo en el que es el mejor, una esposa preciosa, tres hijos que son tres bendiciones y una familia que se reúne todos los domingos para comer en armonía. Sin embargo, es aquí en la familia donde empieza y termina la agonía de Phil, que está empeñado en caerles bien a todos. Y mira que el pobre lo intenta, pero tanto esfuerzo al final acaba por volverse en su contra.

Phil se define a sí mismo como un “padre guay”, en la onda, de esos a los que no les importa que te encierres en la habitación con tu novio aunque por dentro esté reventando de furia. En la primera temporada de ‘Modern Family’ lo ha demostrado varias veces, recibiendo de buenas maneras al novio de Haley, su hija mayor, a pesar de que este sea un cantamañanas con pinta de haberse fumado un par de canutos y de ser más tonto que el pequeño de los Dunphy (que ya es decir).

Quizá esta forma de ser le viene por el rechazo que siempre ha recibido por parte de Jay, su suegro, a quien intenta caer bien por todos los medios. Sin embargo, su esfuerzo se ve recompensado con un desaire en el mejor de los casos, y con una “bala en el culo” en el peor. La jornada de caza a la que ambos fueron para estrechar relaciones se saldó con Phil herido de guerra por culpa de su suegro; éste lo achacó a un error, pero yo en su lugar vigilaría mi espalda.

La cosa se complica cuando Jay se casa con Gloria, todo un monumento de mujer latina con cara de ángel y más curvas que una carretera comarcal. La carne es débil, y la de Phil lo es aun más, por lo que no puede evitar estar nervioso cuando está junto a ella o mirar de reojo siempre que puede. Esto le trae más de un dolor de cabeza con su mujer Claire, quien parece haber desarrollado un sexto sentido a la hora de pillar a su marido en situaciones incómodas con Gloria.

Por último, no podemos dejar pasar la ocasión sin comentar su no diagnosticado “Trastorno por déficit de atención e hiperactividad“, cuyos síntomas nos leyó Álex con detalle y que encajan a la perfección con la forma de ser de Phil. Comenzar tareas y dejarlas sin terminar, distraerse con frecuencia o prorrogar proyectos de forma indefinida forman parte del día a día habitual de Phil. Ese escalón de la escalera (en el vídeo) todavía no ha sido arreglado, y para mí que va a pasar aún mucho tiempo hasta que lo haga.

Y con todo, Phil es absolutamente feliz con su familia, hasta el punto de programar una segunda boda en Hawai en uno de los actos más románticos que he visto en años de adicción a las series. Y en cierto modo, un niño pequeño que se contenta con un nuevo equipo de música o con el último aparatito de Steve Jobs como regalo de cumpleaños (maldito iPad que se agotó tan pronto en las tiendas y que tanto dio que hablar a este lado de la pantalla). Pero eso sí, nunca le pongas delante un payaso o se morirá de miedo.

En el terreno de lo interpretativo, el de Phil Dunphy es un papel tan bien creado e interpretado que Ty Burrell ha sido nominado al Emmy como Mejor Actor en Comedia, y aunque el resto de nominados en la categoría también lo merecen (sobre todo Jim Parsons y Alec Baldwin), creo que este año Ty debería llevarse la estatuílla. Pero si no se la lleva tampoco es ningún drama; tenemos Phil Dunphy para tiempo.

En ¡Vaya Tele! | La importancia de llamarse Charlie Pace

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