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'La que se avecina', el desgaste de la fórmula

'La que se avecina', el desgaste de la fórmula
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‘La que se avecina’ se despidió el domingo pasado echando el cierre a su quinta temporada. Pero los fans de la serie, que no son pocos, no deben preocuparse, ya que no tendrán que esperar mucho tiempo para poder disfrutar de los capítulos de la sexta temporada. La grabación de sus nuevos episodios comenzará dentro de poco y Telecinco podrá seguir usando una de las series que mejor le ha funcionado este curso y que ha conseguido situarse por encima de la mayoría de ofertas de la noche de los domingos.

Para entender lo que ha supuesto esta quinta temporada hay que tener muy presente el pasado de la serie. ‘La que se avecina‘ ha llevado a cabo un curioso proceso para deshacerse de las comparaciones y crearse un nuevo universo que poder explotar. Así, mientras que las dos primeras temporadas sirvieron de transición, a partir de la tercera vivimos el despertar de la serie gracias, entre otros factores, al abandono de un buen número de actores y a la llegada de Judith y Estela Reynolds. A partir de entonces la ficción cambió para mejor y se convirtió en la buena comedia que todos esperábamos que fuera.

Y, desde la tercera temporada, ‘La que se avecina’ ha seguido un patrón muy similar. La serie ha centrado su interés en personajes clave que son los que han llevado el peso de la ficción episodio tras episodio. Así ocurrió en la tercera y en la cuarta temporada, en las que veíamos a Amador, Estela Reynolds, Antonio Recio, Judith y Enrique Pastor protagonizar la mayoría de las tramas mientras que el resto de personajes se quedaban al margen, acompañando a los grandes y esperando un capítulo en el que resaltasen algo más de lo que estaban acostumbrados. A ‘La que se avecina’ le había funcionado bastante bien esta fórmula, pero esta temporada hemos visto como se ha explotado al máximo hasta comenzar a desgastarla.

Con la ausencia de Estela Reynolds (que ha dejado un hueco que no se ha podido rellenar en toda la temporada), y el romance de Judith con Enrique, los focos de atención que posee la serie se han reducido. Y, entre todas las soluciones posibles para mejorar este hecho, se ha optado por la más sencilla: exprimir aún más a los personajes que quedaban y que hasta ahora habían funcionado. El resultado, tramas monótonas y repetitivas que han enganchado dependiendo del ingenio que los guionistas demostraban en cada momento, pero que no hacían avanzar la trama hacia ningún sitio. Ya se que ‘La que se avecina’ no es una serie en la que la historia tenga importancia, pero la sensación de estar viendo lo mismo una y otra vez ha sido constante a lo largo de la quinta temporada, como si los creadores de la serie hubieran encontrado un filón del que no se quisieran desviar, por si el resultado empeorara la calidad de lo que hasta ahora nos venían ofreciendo.

El peso pesado y otros personajes fundamentales

Si de esta quinta temporada tuviéramos que destacar a un solo personaje de ‘La que se avecina’ ese debería ser Amador. La llegada de su madre (la mejor incorporación de esta temporada), y el hecho de que se tuviera que quedar al cuidado de sus hijos, nos hacía presagiar que el Cuqui tendría un papel fundamental esta temporada. Y así ha sido. Amador ha conseguido captar la mayor parte del interés de la ficción con sus múltiples intentos por convertirse en un vividor follador y, aunque los capítulos en los que él no centraba alguna de las tramas han perdido puntos, no siempre ha sido satisfactorio para ‘La que se avecina’ que Amador tuviera tanta importancia.

Aún así, ha protagonizado grandes momentos que permanecerán en la historia de la serie, como el capítulo en el que su madre le ponía hormonas en la comida sin que él lo supiera, y nos deja coletillas que serán muy repetidas entre el público, como todas las versiones de las canciones que ha realizado en esta temporada. Pero si se sigue abusando de personajes como Amador, se correrá el riesgo de que sintamos cierto cansancio por repetitivo. Algo así me ha pasado con Antonio Recio, que me ha dejado de gustar como antes. Su personaje, que ha estado más burro y exagerado que de costumbre (de hecho, todos han estado más exagerados), no me produce la misma simpatía que en anteriores ocasiones. El intento por convertirlo en un nuevo Mauricio Colmenero, jefe de inmigrante incluído, no me ha terminado de convencer y cada día tengo más ganas de que su personaje quede en un segundo plano.

De Judith y Enrique Pastor sólo puedo decir que han llegado a marear con su tira y afloja durante toda la temporada, mientras que del resto de personajes hemos visto lo de siempre. Unos aguantando con normalidad el paso del tiempo y otros demostrando lo prescindibles que son en cada capítulo. No podemos pedir que todos los personajes tengan el mismo nivel, pero tampoco se sostiene que algunos sólo estén para dar la réplica o apoyar a los personajes fuertes que sí pueden aguantar el peso de toda la serie.

Ausencias, cameos, regresos e incorporaciones

Como ya he dicho antes, esta quinta temporada ha estado marcada por la alargada sombra que ha dejado Estela Reynolds. Muchos fuimos los que lamentamos su marcha y los que esperamos que regrese pronto, ya que la serie no es la misma sin sus donaires. Pero para compensar su marcha ‘La que se avecina’ ha contado con el regreso de Isabel Ordaz y Araceli Madariaga ha vuelto más mística que nunca. Su regreso ha sido uno de los aciertos de esta temporada, con cambio de acera incluído, aunque la pareja que se le buscó no fue la más idónea. Reyes (Maria Casal) no ha sido un personaje que se ganara nuestro afecto y su marcha (ya se ha confirmado que no estará en la sexta temporada) no nos produce ningún pesar.

Así, la única nueva incorporación que ha merecido la pena ha sido la de Justi (Amparo Valle), que ha encajado perfectamente como vecina y como madre de Amador, dando ese contrapunto que el personaje necesitaba después de que se quedara con la casa y al cuidado de sus hijos. Sus apariciones nos han divertido y, aunque a sus collejas les hace falta algo más de intensidad, tenemos a Justi muy presente para el futuro de la serie. Sobre el segundo regreso que ha contado la serie, el de Lola, debemos decir que se ha producido demasiado tarde, ya que solo hemos podido disfrutar de ella en dos episodios, algo que olía más a cameo que a otra cosa.

Porque ‘La que se avecina’ también vive de los cameos, aunque esta temporada no hayamos visto demasiados. El mejor, sin ninguna duda, ha sido la aparición de Silvia Abril, interpretando a Violeta, la hermana loca de Antonio Recio. Su corto romance con Amador nos ha provocado muchas carcajadas y nos ha dejado la miel en los labios al pensar cómo podría ser la serie si su personaje se convirtiera en regular a partir de la sexta temporada. Los creadores de la serie deberían tomar nota, ya que si algo necesita ‘La que se avecina’ con urgencia son nuevas incorporaciones que tengan gancho y que puedan renovar algunas tramas, algo para lo que Violeta vendría como anillo al dedo.

Una serie evolucionada

Hablar de historia en ‘La que se avecina’ no tiene sentido. La serie es lo que es gracias a sus personajes, colocados en diferentes situaciones controvertidas en las que no importa cómo van a salir sino cuánto van a sufrir para solucionar sus conflictos. Los problemas vecinales también han quedado en un segundo plano (en esta temporada al margen de la serpiente suelta por el edificio y la instalación de la feria en el barrio hemos visto poco más), eclipsados por las tramas individuales de cada vecino.

Hoy, la ficción de Telecinco es mucho más absurda, golfa y vulgar que en sus inicios, cuando se estrenó como una mera copia de ‘Aquí no hay quien viva’. Esa es la dirección que ha tomado y parece que es la que más le ha funcionado, al menos en cuanto a audiencias se refiere, por lo que, como bien defendían algunos usuarios de ¡Vaya tele! hace algunas semanas, ‘La que se avecina’ se ha convertido en un esperpento moderno del que parece que no va a salir en un futuro. A algunos les divertirá cada semana y a otros le producirá vergüenza ajena, pero nadie podrá discutir que la serie ha conseguido hacerse un importante hueco en el panorama de la ficción nacional pese a que partía con un gran lastre.

Hablar del futuro de la serie no tiene sentido, sobre todo si tenemos en cuenta que lo ocurrido al final de la cuarta temporada no influyó para nada el desarrollo de esta temporada. Así, que Amador se haya marchado a Albacete con su madre, que Judith y Enrique se hayan casado o que Javi se haya quedado compuesto y sin novia no tiene por qué significar nada, ya que todo podría volver a la inquietante normalidad de siempre. Sobre la serie sigo pensando lo mismo que al inicio de la quinta temporada. ‘La que se avecina’ debe evolucionar, no en cuanto a tono o temática sino a lo que sus personajes son capaces de ofrecer, añadiendo más variantes a su fórmula del éxito. Si siguen repitiéndose como hasta ahora, llegará un momento en el que se deshinche la burbuja y ‘La que se avecina’ deje de divertir a la audiencia para comenzar a aburrirla. Entonces el remedio será peor que la enfermedad.

En ¡Vaya tele! | ‘La que se avecina’ tendrá sexta temporada

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