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'The Walking Dead', la desunión hace la fuerza

'The Walking Dead', la desunión hace la fuerza
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'The Walking Dead' es una serie que nos tiene acostumbrados a un desarrollo dispar, motivo más que suficiente para que haya ocasiones en las que sintamos un profundo deseo por saber cómo continuará y otras en las que sus tramas provocan pereza a la hora de sentarse delante de la televisión. Esta relación amor-odio ha continuado a lo largo de las cuatro temporadas de la ficción, dándonos motivos para creer en ella pero también para pensar que siempre volverá a ofrecer su cara más apática.

Y, probablemente para remediar esta doble cara, la ficción no ha hecho más que centrarse en tramos en los que ha intentado desligarse de todo lo anterior y ofrecer algo nuevo. La cuarta temporada es también un reflejo de ello, dividida en esas dos mitades que son a su vez pequeñas temporadas en sí y que a la hora de valorarlas en su conjunto hace que veamos la doble cara que 'The Walking Dead' es capaz de ofrecer. Así, mientras que la primera parte se decantó por ofrecer giros intrascendentes sobre unos personajes que no terminaban de entusiasmar, esta segunda parte se ha decantado por el riesgo, a la hora de separar a los protagonistas y colocarlos en nuevas tesituras que sí que han logrado que comencemos, de verdad, a interesarnos por ellos.

Son los ocho últimos episodios los que han entrado en una nueva dinámica que ha llenado la serie de vitalidad. Episodios dedicados a personajes secundarios, donde Rick y su hijo han quedado relegados a la altura del resto de personajes y donde hemos asistidos a nuevos enfrentamientos que no nos han dejado indiferentes. Ha sido un tramo en el que 'The Walking Dead' se ha fortalecido y se ha ido acercando a eso que muchos reclamábamos al no sentir empatía por los personajes en episodios anteriores. La historia ha comenzado a cambiar, aunque para ello hayamos tenido que soportar capítulos en los que se extendió sin acierto la vida en la cárcel y la amenaza del gobernador.

Las sombras de la cárcel

El primer tramo de la cuarta temporada de 'The Walking Dead' hizo que nos reafirmáramos en la idea de que la cárcel se debió acabar al final de la tercera temporada. En esta ocasión, entramos en una dinámica ya vivida por los espectadores de la serie, en la que lo más interesante parecía que eran las apariciones zombies que se escondían en cada episodio. Se sucedían las tramas sin pena ni gloria y la ficción quedaba lejos de ofrecernos su cara más interesante, algo que comenzó a cambiar con la vuelta del gobernador a la escena. Pero, más allá del personaje, lo que parecía interesante era la manera que tuvo la serie de introducirlo, a través de un episodio centrado íntegramente en lo que le ocurrió al escapar del enfrentamiento de la temporada pasada.

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Así, 'The Walking Dead' nos ofrecía sin que lo supiéramos un adelanto de lo que veríamos luego, esas reflexiones más profundas sobre cada personaje gracias a las cuales se establecían una nueva dimensión sobre ellos (la falta de interés de muchos de sus personajes era uno de los lastres con los que ha cargado la ficción en sus primeras temporadas). El problema del gobernador es que se trataba de un personaje sentenciado, que debió desaparecer al final de la tercera temporada y cuya presencia solo estaba destinada a culminar su venganza y desestabilizar la vida "segura" que se establecía en la cárcel. Por ello lo que ofrecía nos seguía sabiendo a poco.

Lo vivido con el gobernador derivó hacia un frenético episodio con el que se cerró la primera mitad de temporada, donde 'The Walking Dead' desplegó todas sus armas a la hora de desprender adrenalina. Fue el episodio que muchos esperábamos y que llevó a la ficción a uno de sus extremos, ese en el que el peligro constante e inmediato tienen la fuerza necesaria para que no nos despeguemos del sofá en todo un episodio. Pero, sin saberlo, ese capítulo también sentó las bases de lo que veríamos luego, ya que fue ahí donde los personajes de 'The Walking Dead' se separaron, un hecho que se ha convertido en lo mejor que le podía pasar a la ficción a estas alturas.

Viaje hacia Terminus

La abrupta salida de la cárcel dio con los personajes desperdigados en las inmediaciones de la cárcel. A priori podría parecer que se trataba de una situación complicada, multiplicando los focos de atención y propiciando un futuro incierto en la que no supiéramos si los personajes volverían a reencontrarse. Pero la ficción ha sorteado este bache de la manera más inteligente, colocando esas señales distribuidas en torno a la vía del tren que permitiera a los supervivientes dirigirse hacia el mismo destino. Mientras tanto, se ha aprovechado para crear capítulos en los que algunos de los personajes secundarios han cobrado más importancia, algo que sí ha conseguido entusiasmarnos.

Estos episodios se han volcado en tramas más ágiles, donde se han propuesto interrogantes más difíciles de abordar. La evolución de la relación de Rick y su hijo, la arista más cariñosa de las caras de Michonne (un personaje por el que es inevitable sentir debilidad) o la carga del pasado de Daryl han sido algunos de los puntos tocados en este último tramo que, con zombies de por medio, han conseguido dar a estos personajes más profundidad y han dado a la serie un punto de interés inexistente hasta hace unas semanas.

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En este camino los miedos y la desconfianza entre los vivos han seguido presentes, al igual que esa adaptación hacia el nuevo mundo al que los supervivientes tienen que adaptarse. Es aquí donde hemos visto una de las mejores tramas, que ha vuelto a tener a los niños como protagonista. El caso de Lizzie y su incapacidad para diferenciar entre vivos y zombies, al tiempo que se tiene que enfrentar a defender a los suyos, ha sido una trama llena de brutalidad que ha permitido poner en relieve el actual ambiente que vive la serie. Si ya se jugó con la idea de observar cómo actuaban los niños cuando tenían una pistola en la mano, ahora se ha ido más allá al ofrecer una confusión que ha derivado en dos brutales muertes, con el posterior impacto para la audiencia.

Con estos elementos, 'The Walking Dead' ha querido volver a dejar sin aliento a los espectadores, de nuevo a través de su vertiente más violenta y conflictiva. En este sentido la evolución de Rick también ha querido tornarse hacia esta cara agresiva, en la que en un mundo lleno de peligros hay que hacer cualquier cosa para sobrevivir. Su ataque a base de mordiscos ha hecho que veamos a los supervivientes aún más cerca de los zombies, de nuevo poniendo en la palestra que el título de la ficción está dedicado a los personajes vivos y no a los caminantes. Llegados hasta aquí, será interesante observar cómo afectará esta evolución en los episodios de la próxima temporada, que arrancarán en esa encerrona en la que hemos dejado a la mayoría de los personajes.

¿Una nueva prisión?

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La cuarta temporada de 'The Walking Dead' se despide llena de incertidumbre, con casi todos los supervivientes sumados en ese esperado reencuentro pero bajo la amenaza que se ha originado en Terminus. Como podríamos esperar el lugar no ha sido lo amigable que se esperaba y sus responsables han encerrado a los protagonistas en un vagón de tren a la espera de saber qué pretenden hacer con ellos. El estado de agresividad al que parece que ha llegado Rick, confrontado con ese acertado flashback que también vimos en el último episodio, hace que supongamos que la violencia estará más presente que nunca en los próximos capítulos, una vertiente que se acerca más aún al universo creado en los cómics.

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Pero el hecho de que hayamos llegado a una nueva fortaleza y que el grupo se haya reencontrado hace que los miedos vuelvan a aparecer. ¿Se terminará convirtiendo Terminus en una nueva cárcel? De ser así 'The Walking Dead' daría un paso atrás y se alejaría de lo avanzado en los últimos capítulos, que ha sido mucho en cuanto a forma y fondo. Nos queda el consuelo de saber que hay personajes que aún andan separados y que los responsables de la serie hayan descubierto la vitalidad conseguida en este último tramo. Porque, después de continuas idas y venidas y de multitud de altibajos, lo que hemos visto en los últimos ocho episodios es la 'The Walking Dead' que queremos seguir disfrutando en el futuro.

En ¡Vaya tele! | 'The Walking Dead' se despide hasta febrero con un final de infarto

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