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El crecimiento como actor de Brad Pitt

El crecimiento como actor de Brad Pitt
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Dentro de tres semanas no le darán el Oscar a Brad Pitt. Por supuesto que las sorpresas en los Oscars tienen cabida, pero la probabilidad de que sea Mickey Rourke el receptor del premio son de un 95%, o más. Brad Pitt está nominado por un papel en el que todavía muy pocos le han visto pero que, a priori, no parece muy comercial, ni muy fácil de hacer. En su tercera colaboración con David Fincher, regresa a un terreno resbaladizo que de la misma forma que le otorga prestigio, puede proporcionarle duras críticas, como sucedió con ‘Fight Club’.

Echemos un vistazo a la década de los 90, y a la presente, que ya comienza a cerrarse, para observar cómo este guaperas, por el que muchos en un principio no daban ni un duro, y al que vaticinaban una rápida caída, ha sabido mantenerse con una carrera quizá irregular, pero también con bandazos inteligentes e impredecibles, que culminan en la que por ahora es su mejor interpretación dramática (aunque esté mal expresado, pero para entendernos), con su místico Jesse James en ‘El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford’ y la mejor de comedia, con ‘Burn After Reading’.

Sería tentador dividir su ya larga carrera en dos mitades, entre la pasada década y la presente. Pero la única razón para hacer esto, más que un verdadero viraje en su carrera, es su lógica madurez física, pues la alternancia entre proyectos personales y películas comerciales sigue, hoy día, teniendo lugar en sus elecciones. Considerado uno de los actores más atractivos del mundo, por supuesto que todavía conserva gran parte de ese atractivo, si bien a sus 45 años recién cumplidos comienzan a notársele las huellas de la edad peor que a otros actores de su generación.

Los comienzos de este hombre no fueron especialmente brillantes. Pero la forma en que ha ido desarrollándose como actor es nítida y en cierto modo apasionante. Sus primeros trabajos, desde luego, no invitaban al optimismo. Podemos citar películas como ‘Johnny Suede’ o ‘Cool World’, que nada aportaban a sus inicios. Su breve papel en ‘Thelma & Louise’ fue más interesante, pero tampoco era un esfuerzo muy grande interpretar a ese ladrón guaperas que engaña tan fácilmente a Geena Davis. Tampoco lo tuvo muy difícil en la estupenda ‘El río de la vida’, en la que interpretaba a un joven Robert Redford. Pero ya se intuía, aunque levemente, que algo había ahí de actor.

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En esos primeros años 90 Pitt no era más que otro ídolo de quinceañeras, y nada hacía suponer que pudiera dejar de serlo. A ese respecto, 1994 y 1995 resultaron cruciales. En el primero de esos años se consagró como estrella y en el segundo comenzó a dar muestras de sus intentos futuros de alejarse de su condición de estrella y de icono sexual. Pero el camino sería largo para él y nada fácil. 1994 vería ‘Interview with a Vampire’ y ‘Legends of the Fall’, dos éxitos económicos. En ellos podemos apreciar las limitaciones de Pitt como actor. Su Louis y su Tristan son personajes primos. Melancólicos, meditabundos y trágicos. Pero no tienen fuste ni fuerza, y Pitt se pierde en truquillos baratos de actor, sobreactuando de manera evidente, intentando compensar sus escasas tablas con un exceso evidente en sus gestos y miradas, incapaz de confiar en su oficio.

En la primera Tom Cruise (en la mejor interpretación de su carrera) se lo comía con patatas, y en la segunda la mediocridad del director y de la adaptación echaban al traste el interés de Pitt por hacerse un nombre como actor. Por suerte para él, al año siguiente vendrían ‘Se7en’ y ‘Twelve Monkeys’, dos de las películas norteamericanas más importantes de la década. En la de Fincher, perdía la partida frente al más curtido y mucho mejor actor Morgan Freeman, pero aguantaba el tipo. En la segunda se lanzaba a los brazos de la locura absoluta y componía un personaje que nadie le hubiera predecido. Este rol, alabado y masacrado a partes iguales, fue una prueba de fuego para Pitt. Realmente tenía el coraje de aceptar papeles fuera de norma, y repetiría el riesgo en el futuro.

1996 fue un año de transición, con el fallo perdonable de ‘Sleepers’, del siempre insustancial Barry Levinson. Pero en 1997 Pitt sufrió una dolorosa derrota con su proyecto de encarnar a un activista del IRA que viajaba a EEUU para consumar un gran atentado. Su preciado proyecto ‘The Devil’s Own’ se convertiría en una pesadilla, en una guerra de egos con Harrison Ford. La película quedó desequilibrada, pero aún queda la evidencia de que Pitt supera al veterano Ford con su interpretación, la mejor suya hasta la fecha. No pudo comenzar a gobernar su carrera como hubiera deseado, pero algo de crédito ganó. A Pitt le gustaba realmente su oficio. Cambió su acento y se consiguió mostrarse realmente convincente en su violencia y en su oscuridad interpretando a este terrorista. El paso estaba dado.

Lástima que sus dos siguientes proyectos fueran un error total. Tanto ‘Seven Years in Tibet’ como ‘Meet Joe Black’, a parte de sonados fracasos comerciales, proporcionaron munición a sus numerosos detractores. En ellas no había nada que aportar a su carrera de actor, pero sí como estrella e ídolo de jovencitas. Su reputación como intérprete tocó fondo y él, consciente de eso, no hizo otra cosa que aceptar ‘Fight Club’ y lanzarse a por ella sin red. Su papel de Tyler Durden es hoy uno de sus más populares, pero en aquel momento era un riesgo evidente para una estrella en momentos bajos. Toda una declaración de valentía. Su desparpajo y desverguenza a la hora de interpretarlo salvan una barrabasada de personaje “ininterpretable”.

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Con su Tyler Durden concluyó de forma significativa esa década. Y comenzó la presente con un hermano menor de ese personaje, el gitano campeón mundial de boxeo sin guantes de la desmadrada ‘Snatch’, en la que es el máximo exponente y lo único que merece la pena. Es interesante constatar que en un conjunto pobre y de tebeo chorra, él sobresale con una intensidad incuestionable, y se erige en rey de la función sin apenas esfuerzo. Sin embargo esta década no va a resultar nada fácil tampoco, al menos los inicios, porque con ‘The Mexican’ y ‘Mr. and Mrs. Smith’ completa su trilogía, junto con ‘Meet Joe Black’, de películas irrisorias, y aunque gana dinero y libertad, pierde crédito como actor. Pitt comienza a entender, en películas como ‘Snatch’ o la posterior ‘Troya’, que no ha de interpretar, sino vivir la secuencia con intensidad, y empieza a ganar fuste y solvencia. Su Aquiles es un ejemplo de sobriedad y arrojo, y se merecía mejores críticas de las que tuvo.

Su suerte, sin embargo, ha sido colaborar en la trilogía de Ocean, que aunque no aporta nada a su carrera como actor, al menos le da estabilidad, crédito y libertad para futuros proyectos. No en vano entre ellas pudo hacer un papel de madurez total como el de la infravalorada ‘Babel’ y comenzar la que esperamos sea una racha de inspiración y libertad. En la película de Iñárritu, por fin, vemos a un intérprete curtido y dominador de la escena, capaz de llenar, con su sola presencia, un ambiente y hacerlo suyo, de creerse lo que está viviendo su personaje y de confiar plenamente en sus herramientas de actor. Y la sensación de que Pitt comienza a dominar su oficio se multiplica en la bellísima ‘The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford’ (una película que recuerda sobremanera al gran Terrence Malick), en la que le vemos maduro y cansado, pero también pletórico; y en la absurdez de papel de ‘Burn After Reading’, que demuestra su sentido camaleónico, su escasa intención de tomarse en serio a sí mismo y su autoexigencia.

Es decir, que el esfuerzo de voluntad de ‘The Devil’s Own’ comienza a dar sus frutos, y sus ramificaciones se extienden hasta la plenitud de ahora, en que encadena tres proyectos con tres de los directores-autores más importantes del panorama norteamericano actual: el oscuro amigo David Fincher, el apasionado Quentin Tarantino y precisamente el poeta Terrence Malick. ‘The Curious Case of Benjamin Button’ ya ha dado sus frutos, en forma de reconocimiento y de buen recibimiento para un proyecto tan arriesgado. Cabe esperar que obtenga similares resultados para su teniente de ‘Inglourious Basterds’ y para su padre de familia en ‘The Tree of Life’. De pronto, Pitt cierra década de la mejor manera posible. Sin alardes, sin perseguir un Oscar de manera tan evidente como el mucho más joven pero menos inteligente DiCaprio, habiendo logrado una carrera más estimulante que el obcecado Tom Cruise, que le sacaba tres cuerpos como vampiro.

La carrera de cualquier actor es incierta, pero Pitt ha alcanzado estabilidad y presencia, soltura y respeto. No hay muchos sex-symbols de fama mundial que lleguen a eso. Es de esperar que, con altibajos, prosiga con una trayectoria tan sorpresiva como hasta ahora.

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