Antes de que 'Aladdin' se convirtiera en uno de los grandes iconos animados de los noventa, hubo una decisión silenciosa que lo cambió todo. En aquellos años en los que Disney parecía encadenar un éxito tras otro, el estudio sabía que la magia no dependía solo de castillos, canciones pegadizas o alfombras voladoras, sino de encontrar a la persona adecuada para dar alma a sus personajes.
Y en ese punto concreto, alguien dentro del estudio tuvo una idea tan sencilla como brillante que acabaría convenciendo a uno de los actores más imprevisibles de Hollywood sin necesidad de largas negociaciones.
Desde el primer momento, los responsables creativos de 'Aladdín' tenían claro que el Genio no podía ser un personaje cualquiera. Querían a Robin Williams, y lo querían precisamente por lo que le hacía único: su capacidad para improvisar, su velocidad mental y esa energía caótica que parecía no apagarse nunca.
El problema era que Williams no estaba especialmente interesado en poner voz a un dibujo animado convencional ni en entrar en el típico tira y afloja contractual con un gran estudio. Así que Disney decidió hablarle en su propio idioma, el de la comedia pura, sin promesas vacías ni discursos de despacho.
Un experimento creativo que hizo historia
La jugada fue tan poco habitual como ingeniosa: Disney contrató al animador Eric Goldberg (a quien le debemos títulos como el de 'Pocahontas') para que hiciera algo que no se solía hacer en aquel momento: animar al Genio sincronizando sus movimientos y su boca con rutinas reales de stand-up de Robin Williams, tomadas directamente de sus actuaciones en vivo.
No había guion cerrado ni diálogos escritos para convencerlo, solo dibujos moviéndose al ritmo exacto de su humor, de sus pausas y de su forma tan particular de contar chistes. Cuando Williams vio aquel material, entendió al instante que no le estaban pidiendo que se adaptara a un personaje, sino que el personaje se estaba adaptando a él.
La reacción fue inmediata. Robin Williams quedó tan impresionado por lo que estaba viendo que aceptó el papel en el acto, sin mareos ni vueltas innecesarias. Aquella animación le demostró que el Genio podía ser un campo de juego perfecto para su talento, un espacio donde improvisar, cambiar voces, romper la cuarta pared y convertir cada escena en algo vivo.
Lo que vino después es historia del cine: Williams grabó horas y horas de material, muchas veces improvisando, y los animadores adaptaron la película a su ritmo frenético, haciendo del Genio uno de los personajes más memorables de toda la historia de Disney.
Fotos de mubi.com | Alpha Coders
En Espinof | Un accidente originó un mito cinematográfico: así obligó Harrison Ford a reescribir el guion de 'Indiana Jones'
Ver 0 comentarios