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¿Qué ocurre hoy en día con los personajes femeninos?

¿Qué ocurre hoy en día con los personajes femeninos?
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Hoy en día encontramos poquísimos personajes femeninos interesantes. ¿Es culpa del cine o es un reflejo de nuestra sociedad?

Desde el guión, el personaje debe tener matices y aristas, estar bien compuesto, mostrar una personalidad diferenciada y que atraiga, ya sea de manera negativa o positiva. A eso además hay que sumarle un intérprete con suficiente carisma como para darle vida. Y una buena dirección de actores. Al parecer, todos estos factores flaquean a la hora de componer hoy en día tipos femeninos.

Existen actrices maravillosas en nuestro tiempo, claro que sí, pero quizá no existen intérpretes femeninas con el carisma que tenían algunas de las clásicas. Si tomamos el género de la comedia romántica —que analicé en otro post que también estaba de capa caída— nos encontramos maravillosas encarnaciones como las de Katharine Hepburn en ‘La fiera de mi niña’, Barbra Streisand en ‘¿Qué me pasa, doctor?’, Diane Keaton en ‘Annie Hall’… no digo que todas estas actrices hayan desaparecido, pero ya no están en edad para determinado tipo de papeles. También es cierto que de personas que no nos imaginaríamos en un papel de ese estilo se pueden sacar interpretaciones muy interesantes, como la de Kim Basinger en ‘Cita a ciegas’ o la de Meg Ryan en ‘Adictos al amor’. Así que la dirección de actores entraría aquí para darnos una visión diferente. Sandra Bullock, estandarte de las últimas comedias románticas, puede representar al tipo “vecinita de al lado” a la perfección y resultar simpática a la par que más guapa de lo que aparentaba, pero nunca será la mujer de personalidad torbellino que envuelva al hombre sin que pueda hacer nada al respecto y que acabe fascinándolo antes de que se dé cuenta.

Dejando a un lado la fascinación por la belleza externa, ¿cuántas veces os habéis enamorado recientemente de un personaje de la pantalla por su forma de comportarse? Probablemente desde alguno de los ejemplos que he citado arriba no ha vuelto a ocurrir.

En los géneros que no son la comedia romántica tenemos un claro exponente que sigue actuando, pero que ya rara vez es protagonista: Sigourney Weaver. Tanto matando alienígenas como de ejecutiva agresiva, fue un modelo de comportamiento para las que éramos niñas en los años ochenta que hoy en día no ha tenido reemplazo. Susan Sarandon en ‘Thelma & Louise’ hizo tres cuartos de lo mismo, en la década siguiente.

Como estudiaba Karelia, abundan las heroínas en el cine de hoy. Y no por ello encontramos buenos personajes femeninos. Casi todos los ejemplos recientes son de films pésimos y que no han hecho taquilla. Me da la impresión de que esto se debe a que el introducir a una protagonista femenina que sea capaz de dar caña no está movido por una visión igualitaria entre los sexos, sino por algo tan casposo como lo que antes hacía que se quedase detrás del héroe machito gritando: porque al público de los cómics y de los videojuegos en los que se basan —público eminentemente masculino— les erotiza ver a estas mujeres ligeras de ropa dando patadas. Sólo en ‘Alien’ y sus secuelas y en ‘Terminator’ y sus secuelas, las heroínas lo eran de verdad, no eran modelos de ropa de sex-shop. No es de extrañar, por lo tanto, la decisión de no hacer más films con protagonistas femeninas de este tipo.

Hoy en día, ¿qué ocurre? ¿Por qué no encontramos ni las divertidas féminas que convertirán en felices a hombres grises ni tampoco las mujeres que tienen por completo las riendas de su vida? No es que no haya films o series protagonizadas por mujeres, pues probablemente hay muchas más que antes. No hablo de la cantidad, hablo de la calidad.

Además de la ausencia de actrices como las mencionadas, el motivo está en la creación de personajes desde el guión. Y quizá esto no se nada más que un reflejo de la realidad. No sólo las mujeres, el mundo entero vive una época en la que parece que se ha retrocedido en lugar de avanzar con respecto a una serie de valores: el aspecto externo importa más que nunca, la superficialidad se extiende en todas las edades, la profesionalidad no es que desaparezca, es que se considera un defecto; la adolescencia dura hasta los treinta y tantos, los desequilibrios mentales están de moda, y el no tener nada claro, sino más bien nadar entre empanadas mentales, está a la orden del día.

Todo esto se refleja en los guiones y la mujer alocada y animada se convierte en una neurótica adicta a la medicina alternativa o al consumismo desaforado. La ejecutiva agresiva es una zorra manipuladora que machacaría a cualquiera por un avance profesional. ¿Es así la realidad y las películas lo único que hacen es reflejarla? Quizá.

El caso es que no tenemos personajes femeninos interesantes. Se podría decir lo mismo de los masculinos, pero con los de mujeres pasa algo muchísimo más grave que lo dicho hasta ahora: a veces son inexistentes. Estoy hablando ahora de todas aquellas películas que nos narran los hechos desde el punto de vista del hombre protagonista. No pasa nada, hay que elegir una perspectiva y ésta es tan buena como cualquier otra. El problema llega cuando, debido a que la mujer no es la que nos da su visión de los hechos, ella ya ni siquiera es un personaje. Se convierte en una cosa, en un objetivo que el hombre aspira a alcanzar, pero que por sí misma no tiene ideas, no tiene sentimientos, opiniones, pensamiento… Se convierten en estereotipos que sirven para simbolizar valores tradicionales o para representar la pérdida de libertad y la opresión que siente el protagonista masculino. Los personajes descritos en el párrafo anterior, aunque sean negativos, son preferibles para un film, ya que al menos, tienen virtudes y defectos, que es lo que tiene que poseer todo tipo humano en un guión.

Esto último ya no es un reflejo de la sociedad, pues las mujeres pierden más libertad que los hombres cuando tienen hijos y también pueden sentir miedo al compromiso a una atadura de por vida. Esto es simplemente una mala escritura de guiones, ya que el convertir a alguien en un símbolo no tendría por qué significar despojarlo de toda identidad. Los personajes no se pueden dejar vacíos, definidos únicamente por los estereotipos de su género, orientación sexual, procedencia, clase social... Es uno de los defectos más habituales en el cine superficial que nos llega hoy en día y afecta también a los personajes masculinos, pero más a los de mujeres.

Entraría aquí también otro fenómeno muy reciente, que no sólo ha afectado al cine, sino también a la literatura, por lo menos en nuestro país: la idea de que las mujeres escriben o dirigen para mujeres, mientras que los hombres crean para cualquier tipo de público. De este ardid comercial han aparecido los booms de escritoras que mostraban personajes femeninos descerebrados, politoxicómanos y atolondrados y que, para más inri, nos hacían creer que, al estar creados por otra fémina, era más reales que los que habíamos conocido hasta la fecha. Personajes como aquellos, y hablo más de literatura que de cine, habrían puesto el grito en el cielo de cualquiera si hubiesen sido fabricados por hombres.

Quedan excepciones, por supuesto, como habrá que decir siempre que se haga un estudio de este tipo, pero en general, estamos ante una crisis de personajes y especialmente en lo que se refiere a los femeninos.

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