'Que se mueran los feos' ¿Amor o conformismo?

'Que se mueran los feos' ¿Amor o conformismo?
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La semana pasada se estrenó ‘Que se mueran los feos’, una producción de Antena 3, dirigida por Nacho G. Velilla y escrita por Oriol Capel, David S. Olivas, Antonio Sánchez y el propio Velilla. Protagonizan Javier Cámara, Carmen Machi, Juan Diego, Hugo Silva, Tristán Ulloa, Ingrid Rubio, Julián López, María Pujalte y otros.

El cuestionable género de la dramedia

Si del anterior film de este director y guionista, ‘Fuera de carta’, comenté que era únicamente tronchante; ahora nos encontramos ante una película que busca, no tanto la comedia, como la emoción sentimental. Sin embargo, debido a que el componente amoroso funciona sólo hasta cierto punto, habría preferido, personalmente, una inmersión más plena en lo humorístico.

‘Que se mueran los feos’ comienza con una escena con considerable fuerza y la que le sigue también tiene bastante tirón. Pero, a partir de ahí, el libreto se apiada del personaje de Javier Cámara, en lugar de hacer mofa de él. Hacia el final, Carmen Machi, que es una actriz a la que se le da mejor el drama que la comedia —por mucho que haya participado en teleseries de humor—, introduce todavía más elementos trágicos en un momento en el que los demás intérpretes están viviendo un tono descerebrado más propio de una pieza gamberra. Ridiculizados en su retrato físico, pero tratados de manera seria en sus diálogos y acciones, estos protagonistas no pueden verse como seres reales y, por tanto, se hace cuesta arriba sentir una identificación con ellos, lo cual habría sido imprescindible para que el romanticismo de la cinta nos emocionase.


Que se mueran los feos

Los trucos de guión

En lo que atañe a su trama, el guión tiene el defecto de ser perfectamente correcto. Con esta broma quiero decir que no hay ningún reproche que se le pueda achacar a la manera de desarrollarse la historia ni de sucederse los acontecimientos. Pero que precisamente por responder tan bien a los cánones, carece de frescura y de personalidad. Y, por recorrer caminos tan trillados no puede ofrecer nada que no se espere. Estratagemas como el empleo de una conversación con malentendidos en la que unos personajes saben menos que otros —ironía dramática— e interpretan mal los comentarios, o como las apariciones de aquellos de quienes se habla en el instante preciso, si bien tienen un efecto garantizado, son demasiado fáciles y ya se han explotado tanto que sería preferible que los autores buscasen otros recursos.

Con todo lo española que es esta comedia, por su ambientación rural, por sus actores de desecho estético… en realidad tiene mucho de norteamericana en las estrategias utilizadas para emocionar. Mucho antes que el cine español, la televisión ya se estaba fijando en lo que hacían los estadounidenses para meterse al espectador en el bolsillo y este equipo de guionistas, que procede de las series, se conoce todos los movimientos. Baste como ejemplo (spoiler) esa aparición de los amigos del protagonista tras sus instrumentos musicales cuando éste necesita un apoyo para cantar su amor con el ‘Eres tú’, de Mocedades (fin del spoiler).

Que se mueran los feos

Los personajes secundarios

A pesar de todo esto, ‘Que se mueran los feos’ contiene los suficientes ingredientes positivos para que su visionado sea agradable o, quizá, aceptable. Si hubiese que extraer un apartado titulado «Lo mejor», como se hace en algunos medios, en él claramente situaría a Juan Diego, el actor menos adecuado para dar lecciones sobre vida y, menos aún, sobre romanticismo y, por ello, en el que más llevaderas pueden quedar estas frases. Los libros de autoayuda para muertos que se han inventado para que lea este hombre son otro de los grandes puntos del film: uno de ellos parodia el famoso manual sobre guión de Linda Seger: ‘Cómo convertir un buen guión en un guión excelente’.

Como se hace en las comedias para TV, los personajes están diferenciados con gran claridad, ya que cada uno cumplirá un propósito concreto. Hugo Silva es el que dará voz a todos los comentarios políticamente incorrectos que provocan una risa no exenta de cierta incomodidad. Por ello, ponerlos de boca de un bruto machista excusará tanto a quienes los escriben como a quienes los suscriben. Julián López —de ‘Muchachada Nui‘— está tan perfecto en su papel de retrasado que podría pelear contra Diego por ese «lo mejor», aunque también podemos concederle apartado propio diciendo que es «lo más gracioso».

María Pujalte, sin caer en el melodrama, logra un retrato de mujer abnegada muy equilibrado. Ella y su marido representan una realidad que otras películas más ambiciosas han tratado de reflejar con menos acierto y ellos lo hacen sólo gracias a algunas pinceladas. Dudo de si esto tendría que considerarse un acierto o una indicación de las posibilidades no alcanzadas que presentaba ‘Que se mueran los feos’. No obstante, entre los personajes secundarios encontramos también patochadas poco convincentes, como (spoiler) el apaño de Tristán Ulloa e Ingrid Rubio, que no sólo resulta forzado, sino que, además, no resuelve nada. Apaños existen también para los protagonistas: el embarazo inesperado, además de ser uno de los elementos más manidos, obliga a Eliseo a tomar decisiones por un sentido de la responsabilidad, lo cual podría indicar que no es el amor lo que le motiva (fin del spoiler).

Que se mueran los feos

El mensaje

Siempre he sido de la opinión de que «más vale estar sola que mal acompañada». Sin embargo, con esta noción es difícil construir un relato romántico. Por ello ‘Que se mueran los feos’ predica, con algún disimulo, la máxima contraria, pero sin declararla abiertamente, sino haciendo una teórica apología de la belleza interior —belleza que no se llega a mostrar nunca—. No obstante, un análisis distanciado de los sentimientos de la pareja protagonista, concluiría que el corazón y las hormonas les engañan para que crean que están bien acompañados cuando hayan llegado al punto en el que no les queda más remedio que conformarse con lo que hay. La película no se adentra en esta consideración, ya que perdería su supuesto romanticismo, sin embargo, quizá habría sido mejor punto de partida, pues habría dado pie a un film más ácido y cínico.

Es habitual escuchar la queja de que en el cine español sólo se hacen comedietas. Lo cierto es que no se hacen apenas, pero al espectador le llegan más noticias sobre las pocas que hay, debido a que son las que tienen posibilidad de triunfar. De las otras ciento y pico películas que se estrenan cada año de tapadillo —y que, insisto: no suelen ir sobre la guerra civil ni ser comedias— no tiene noticia. Por otro lado, el problema de una comedia no está en que haya optado por este género, sino, como con cualquier otro film, que no haya hecho bien aquello por lo que se decantaba. Sería normal decir de ‘Que se mueran los feos’ que no engaña a nadie o que se puede esperar de ella lo que da. Sin embargo, mi opinión es que se queda corta incluso con respecto a lo que promete. A pesar de que tiene varios puntos a su favor, el conjunto no presenta todo el humor que se podría esperar y no pasa de ser una cita agradable, pero prescindible.

Tráiler de ‘Que se mueran los feos’.

Mi puntuación:

2

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