'13 exorcismos': José Sacristán lucha contra Satán en una sólida réplica del cine de posesiones que retrata un triste caso real de la España negra
Críticas

'13 exorcismos': José Sacristán lucha contra Satán en una sólida réplica del cine de posesiones que retrata un triste caso real de la España negra

La semana de todos los Santos se llena de terror en la pantalla grande con el estreno el 4 de noviembre de ’13 exorcismos’ un nuevo esfuerzo del cine de terror hecho en España que viene del mismo equipo creativo detrás deMalasaña 32’, pero en esta ocasión trata de ser menos parecida al terror James Wan y se adentra en el drama de su protagonista, una adolescente con problemas que además experimenta una educación confesional opresiva en Provincias.

Producida por Ramón Campos, esta apuesta de Atresmedia Cine y Bambú Producciones, esta historia de posesiones transcurre en Ourense aunque está inspirada en diferentes casos de exorcismos documentados recientemente a lo largo de todo el país y nos cuenta cómo tras una sesión de espiritismo realizada la noche de Halloween, Laura Villegas comienza a comportarse de manera extraña; a partir de ese momento una serie de fenómenos extraños comenzarán a envolver a la protagonista.

La posesión de Laura Villegas

Alarmados por el siniestro comportamiento de su hija y convencidos de que el demonio la ha poseído, sus padres acuden al Padre Olmedo, uno de los 15 exorcistas autorizados por el Vaticano para intervenir en casos de posesiones demoníacas. Esta ópera prima de Jacobo Martínez está protagonizada por José Sacristán, que se mete en la piel de un rígido sacerdote coronando un modesto pero muy sólido retrato fantástico basado en un caso real bastante reciente, que sigue la estela de otras películas de horror sobrenatural reciente con inspiración en casos paranormales.

España tiene una larga tradición de cine de exorcismos. No solo nuestro gran representante del fantaterror adelantó por la derecha al estreno del clásico ‘El exorcista’ (1973) con ‘Exorcismo’ (1975), sino que el creador de los muertos sin ojos, Amando de Ossorio se apuntó al carro de forma precoz con ‘La endemoniada’ (1975). En el nuevo siglo no han faltado muchos ejemplos, como ‘La posesión de Emma Evans’ (2009), en la que ya se jugaba con la ambigüedad y el ambiente opresivo como desencadenante del trastorno de la víctima adolescente, aunque en realidad, aquí hay más del spanish gothic de 'Una vela para el diablo' (1973).

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’13 Exorcismos’ no tiene problema en usar muchos de los tropos recientes del cine de posesiones, pero la diferencia con otras de su categoría es que se sirve de ellos para exponer una España negra de represión católica con un fondo muchísimo más parecido aCamino’ (2008) que al ‘El exorcismo de Emily Rose’ (The Exorcism of Emily Rose, 2005). Aunque camine por una vía lúdica de reciclaje de momentos clave del ritual romano, al estilo de la película de Scott Derrickson, toma una vía que se decanta por exponer todos los factores determinantes de sugestión y mala praxis.

Represión ca´tólica y crónica de sucesos

El tono apagado y triste de la película conecta más con la idea de un entorno retrógrado y prohibitivo, en el que la práctica de la religión alcanza niveles de extremismo que definen la vida de una adolescente y cómo esta vive una enfermedad, no muy separado de lo que hizo la película de Fesser, aunque en vez de surrealismo aquí se utilicen los códigos familiares del cine de terror. Durante la mitad de su recorrido se centra en el tormento de una chica, funcionando mejor como coming of age oscuro que como carrusel de sustos.

Su indefinición de tono —no es un drama true crime de denuncia como ‘Más allá de las colinas’ (2012)— hace que sus momentos de terror contenido sean más elegantes y efectivos que muchas propuestas de subidas de volumen actual, incluso con algunas fugas al body horror muy conseguidas que hacen alarde de efectos especiales bien enmascarados para no romper la idea de drama que nos mete en la existencia torturada de una adolescente con lso mismos anhelos que cualquier otra. Hay un reparto muy competente en donde destacan Ruth Díaz, Urko Olazabal o Pablo Revuelta, secundarios creíbles, que evitan el clásico síndrome teatral del actor español.

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Sin embargo la que destaca es la joven María Romanillos, que hace un trabajo orgánico y tortuoso con el dolor de Laura, sin llegar nunca al histrionismo ni la exageración que suele condenar los momentos más pasados de vuelta del subgénero. Su rostro dulce se muestra afectado o triste de forma convincente y sirve de gancho perfecto para su viaje de pesadilla. De hecho, ‘13 exorcismos’ podría hacer programa doble con ‘Verónica’ (2017), pero aunque propone un martirio "sobrenatural" muy válido como aportación al cine de terror actual.

El terror sobrenatural español es posible

Sin embargo, aquí el conjunto de manifestaciones diabólicas responde más a una metáfora de la propia respuesta de la niña a la toxicidad del fanatismo de su ambiente, casi una forma somática de rebelión que conecta más con una tragedia comoRequiem’ (2006), pese a que no renuncie a las voces infernales, maquillaje, ojos en blanco y el resto del catálogo que todos queremos ver en una obra de este calado, que a veces no deja claro el campo en el que está jugando.

La clave puede estar en el personaje de Sacristán, un sacerdote estoico que está lejos de ser un héroe al estilo los Warren, por lo que la película funciona más bien como un caballo de Troya del cine de horror religioso al estilo ‘Expediente Warren 2’ para lanzar un dardo envenenado a la intromisión eclesiástica en competencias sanitarias. El cura del mítico actor de 85 años está basado en el sacerdote real Jesús Hernández Sahagún, vallisoletano autorizado por la iglesia para realizar exorcismos. Junto a los padres de una adolescente burgalesa acabó en procesos judiciales por la responsabilidad sanitaria de su suicidio.

José Sacristán

El guion hace un buen trabajo de ir introduciendo detalles conocidos del caso para convertirlos en una representación terrorífica, de tal modo que incluso las secuencias del rito se plantean perversamente como un posible juego de maltrato. Quizá es en ese tramo final cuando ’13 exorcismos’ no se atreva a echar el resto y acabe de forma algo precipitada, pero es difícil mantener la dualidad en un momento tan delicado, y sea como sea sale con éxito de la difícil tarea de darle dignidad y continuidad a la difícil empresa de consolidar la idea de que el horror fantástico vuelve a ser posible en el cine español, uniéndose a notables muestras como ‘Voces’ y ‘La abuela’.

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