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Animación | 'Todos los perros van al cielo', de Don Bluth
Críticas

Animación | 'Todos los perros van al cielo', de Don Bluth

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Cuando hace cosa de casi un año di cuenta de lo más grande que Don Bluth llevó a cabo durante los años ochenta con esos tres clásicos del cine animado que son 'Nimh, el mundo secreto de la Sra. Brisby' ('The Secret of NIMH', Don Bluth, 1982), 'Fievel y el nuevo mundo' ('An American Tail', Don Bluth, 1986) y 'En busca del valle encantado' ('The Land Before Time', Don Bluth, 1988), cerré la entrada dedicada a éste último afirmando que a partir de la historia protagonizada por dinosaurios, la calidad de lo producido por el cineasta iría en descenso.

Lo que dicha afirmación no recogía —por no aumentar el ya amargo calado de la última anotación— era que el citado descenso sería tan acusado como el que podemos apreciar si comparamos la producción de la Amblin con la que nos llegaría al año siguiente, una 'Todos los perros van al cielo' ('All Dogs Go Heaven', Don Bluth, 1989) que se encuentra a años luz de distancia en cualquier sentido que uno quiera analizar de la maravillosa personalidad que atesoraba el relato de Piecito en la búsqueda del Gran Valle.

'Todos los perros van al cielo', iteraciones

Todos Los Perros Van Al Cielo 1

Que Bluth se hubiera forjado, como ya dijimos, en los hornos de Disney, no había supuesto ningún problema para que, aún asumiendo ciertas similitudes en su estilo de animación al ser comparado con el de la todopoderosa compañía, la terna de producciones anteriormente citada se elevara por encima de lo que la casa de Mickey Mouse llegó a ofrecer los años en los que aquéllas se estrenaron, sobre todo por la incuestionable calidad de las historias que contaba.

Desafortunadamente, no pasaría lo mismo con una cinta que, estrenada el mismo día, tendría que competir codo con codo con ese renacer de Disney que fue 'La sirenita' ('The Little Mermaid', Ron Clements, Jhn Musker, 1989), saliendo perdedora, no sólo en taquilla, sino, mucho más preocupante, a un nivel artístico que desmerece por completo los grandes esfuerzos que Don Bluth había puesto en pie con anterioridad. Un nivel cuya disminución se hace aquí de forma más ostensible en la historia, en la fragmentada forma en la que se nos expone y en la calidad de la animación.

Contando la historia de un perro de Nueva Orleans que, asesinado por un rival, se niega a morir y vuelve del cielo para terminar ayudando a una pequeña huérfana, lo que evidentemente llama primero la atención de 'Todos los perros van al cielo' es lo poco esforzado de unos diseños que no son más que sucintas variaciones sobre personajes, bien ya vistos en sus predecesores —Charlie, el perro protagonista, parece el cuervo de 'N.I.M.H...', mientras que el villano no se aleja mucho del de 'Fievel...' o el cocodrilo del gigantesco gato de ésta—, bien en cintas de la competencia.

Todos Los Perros Van Al Cielo 2

En lo que a esto último respecta, lo más alarmante es el descaro con el que se da vida en el filme a Anne Marie, la huerfanita, una niña cuyo parecido con cierta princesa Disney de 1938 es más que sospechoso; detalle éste que habla, quizás mejor que ningún otro, del empobrecimiento formal que había sufrido de forma drástica la compañía regentada por Don Bluth en el brevísimo lapso de tiempo que había transcurrido entre 'En busca del valle encantado' y la presente producción.

Un empobrecimiento que, decía más arriba, también afecta a una historia trastabillada desde su frenético comienzo hasta su más que obvio final. Un carácter este, el de obvio, que no es capaz de superar su interesante premisa de partida, y al que se añade lo equivocado del tono en determinados momentos —la ensoñación de Charlie con el infierno— que para nada guardan relación con lo decididamente infantil de la gran mayoría del metraje.

Añadamos a todas estas ramplonas cualidades una música impropia de una cinta firmada por Bluth —recordemos que fue a Jerry Goldsmith y a James Horner a quiénes debemos las tres soberbias partituras de la terna de filmes que antecedieron a éste— y habremos cerrado el cúmulo de erróneas decisiones que llevan a situar a 'Todos los perros van al cielo' en el extremo opuesto de lo que el cineasta había firmado hasta entonces. Y cuidado, que con su siguiente producción la cosa no haría sino empeorar aún más. Ver para creer.

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