Compartir
Publicidad

Añorando estrenos: 'Super' de James Gunn

Añorando estrenos: 'Super' de James Gunn
10 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Ahora que se estrena ‘Guardianes de la galaxia’ (‘Guardians of the Galaxy’, James Gunn, 2014) he creído conveniente rescatar el anterior film de su director, 'Super’ (id, 2010), film de corte indie sobre un hombre metido a superhéroe, y que pasó sin pena ni gloria por las carteleras del mundo entero —en nuestro país ni se estrenó—. Eso sí, en los festivales ha provocado las más grandes ovaciones, tildándola enseguida de film de culto, algo que sin duda alguna ha conseguido en estos cuatro años. Ni tanto ni tan poco. Creo que estamos ante un film estimable, muy divertido. Y ya.

‘Super’ no es la quintaesencia de nada y a veces no logra el tono adecuado. Su parecido con la mucho más conocida 'Kick Ass’ (id, Matthew Vaughn, 2010) juega en su contra hacia el espectador despistado. A pesar de sus similitudes argumentales, más que evidentes, Gunn rehúye de todo espectáculo, marcando un acercamiento a los personajes fuera de lo común, abrazando quizá demasiadas cosas, pero resultando más atrevido de lo que parece a simple vista, captando quizá sin quererlo, o sí, el espíritu de la obra de Mark Millar, aunque sea de reojo.

superf2.jpg

Rainn Wilson hace una pareja imposible con Liv Tyler —igual de mala actriz que siempre, pero ganando belleza con los años—, ex yonqui que encuentra en Frank (Wilson) una tabla de náufrago con la que reinventar su vida. Pero los viejos vicios aparecen en forma de Kevin Bacon, con su innegable y fuerte personalidad, secuestrándola legalmente para que sirva de conejillo de indias en sus asuntos de drogas. Frank pedirá ayuda a Dios, probablemente el chiste más atrevido del film, y aquél contestará, o Frank así lo cree, en forma de solución radical: convertirse en superhéroe para erradicar el mal de la humanidad.

Por supuesto Frank es un hombre normal y corriente, tirando a persona con complejos muy arraigados —atención a la dolorosa escena en la que rezando llora por haber sido siempre vacilado y niño del que se reían—, y su alter ego no variará demasiado, salvo por su necesidad de repartir justicia, ansia que sale de su rabia más profunda, debido a la ausencia del amor de su vida. Pronto tendrá la ayuda de una joven amante de los cómics —Ellen Page en una interpretación antológica, utilizando muy bien su sexualidad— que se unirá a Frank, alias The Crimson Bolt, como su Robin particular.

superf3.jpg

Actores en estado de gracia

Es ahí donde yo al menos considero que el film levanta el vuelo de forma prodigiosa, tanto en la relación de los dos personajes centrales, como en la pobre trama central de tráfico de drogas y unos villanos que por momentos parecen tontos —muy probablemente hecho adrede—. Desde una Page descontrolada, queriendo tener sexo con su nuevo compañero, o disfrutando mientras mata, hasta las pocas concesiones que el film hace, sobre todo en un final algo desconcertante y en el que el retrato de la soledad es más desolador, valga la redundancia, de lo que hacen aparentar un montón de dibujos recordatorios sobre la pared.

Wilson y Page demuestran un feeling quizá inesperado, y Kevin Bacon se lo pasa en grande dando vida a ese villano sin corazón y cabrón que entristece la vida de Frank. Michael Rooker, un habitual en el cine de Gunn, se pasea toda la película con cara de querer pegar a alguien, algo para lo que sin duda ha nacido. Así pues un reparto entregado a esta gamberrada, por la que también se pasea, con su típico sentido del humor, Nathan Fillion, dando vida a ese superhéroe cristiano de la televisión en lo que es una hostia sin precedentes a las creencias religiosas.

Divertida, aún con chistes demasiado alargados, el drama personal de Frank va in crescendo hasta una traca final llena de sangre y buen humor, también de instantes duros, casi inesperados en un film con cierto tono de guasa. El demasiado subrayado epílogo, termina de cebarse con el personaje central en un cierre de film que no me convence demasiado por su cambio brusco de ritmo que hace que parezca que está metido a calzador. Con todo, la diversión y la mala leche están aseguradas.

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio