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Carretera al infierno de los bodrios

Carretera al infierno de los bodrios
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Como adolescente perteneciente a la década de los 80, disfruté de lo lindo con un film, hoy de culto, titulado 'Carretera al Infierno', y del que hace poco publiqué una crítica. La idea de un remake nunca me gustó desde el principio, pero como uno ya no puede luchar contra lo inevitable, pues por lo menos esperaba que me ofreciesen un entretenimiento mínimamente digno, ya que el punto de partida siempre ha sido ciertamente original y con muchas posibilidades, eso sí, explotado hasta la saciedad después del film de Robert Harmon.

Ahora el inefable productor Michael Bay nos intenta hacer olvidar a Rutger Hauer es una de sus más inolvidables composiciones, y le ha cedido al director de videoclips Dave Meyers la ocasión de hacer sombra a la extraordinaria puesta en escena del film original. La película presente va excatamente de lo mismo que la anterior, pero con el único cambio de que algún personaje tiene más protagonismo, e incluso hay algún intercambio de roles, porque claro, no iban a hacer un calco del original.

La película ya falla desde el inicio. La escena en la que dos personajes van en coche y hablan de tonterías está tan mal filmada que no te la crees. Para colmo, cuando empieza lo bueno, o sea, cuando el psicópata hace acto de presencia, la cosa va a peor, porque en ningún momento se siente la amenaza de algo peligroso, uno de los grandes aciertos del film del 86. Aquí, el asesino parece alguien normal y corriente al que de repente le da por matar a la peña que le va recogiendo mientras hace autostop. La relación de éste con la pareja protagonista no está bien conseguida, no hay un tratamiento que pudiera sugerir algo más que el hecho de querer matarles. Incluso algunos diálogos son ilógicos, están simplemente cogidos del otro film y puestos a calzador en éste.

La puesta en escena de Meyers es típica de cualquier film de Michael Bay, quien por cierto, como productor empieza a parecerse demasiado a su mecenas Jerry Bruckheimer, cine de consumo rápido para adolescentes sin cerebro, y se olvida de lo que es una buena película de terror o de acción. Hasta ahora, los tres remakes de films de terror que ha producido los ha destrozado (y en el caso de 'La morada del Miedo' es de juzgado de guardia, porque hacerlo mejor que el film de Stuart Rosenberg no era difícil). Meyers se preocupa por cierto preciosismo visual que no aporta nada al film, no crea ni la más mínima tensión, logrando que dejemos de interesarnos por lo que pasa, y la escueta acción con un par de persecuciones automovilísticas, parecen un homenaje al productor de la cinta, y de los malos.

En el campo interpretativo, Sean Bean no se acerca ni de coña a lo que logró Rutger Hauer, y es que aquí John Ryder no tiene ni una pizca de interesante, no resulta terorífico y para colmo su ambigüedad sexual ha sido eliminada por completo, supongo que porque en el cine de Bay los hombres son muy machos, pero con esa eliminación ahoga las enormes posibilidades del personaje, el cual termina siendo un más que tópico psychokiller al uso. A su lado, Sophia Bush y Zachary Knighton deberían volver a la escuela de interpretación, y Neal McDonough hace lo imposible con un personaje (el sheriff) con frases imposibles que intentan hacernos creer lo increíble, como por ejemplo las deducciones a las que llega después de visitar un escenario del crimen.

Una enorme pérdida de tiempo, un insulto a la inteligencia del espectador, y que lamentablemente no acabará con esa dichosa manía de querer rehacer lo que ya está bien hecho. Pillaos en dvd el film del 86, que disfrutaréis mucho más que con esta cosa.

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