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Cine en el salón: 'Safe', venganza al rojo vivo

Cine en el salón: 'Safe', venganza al rojo vivo
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Podrá sonar a broma pero, dicho con toda la seriedad, hablar de Jason Statham supone casi hablar de un sub-género dentro del cine de acción: desde que debutara en solitario con la primera entrega de 'Transporter' ('The Transporter', Corey Yuen, 2002), el buceador, modelo, vendedor del mercado negro y finalmente actor, no ha parado de alternar producciones en las que comparte protagonismo con sonados nombre del género, con aquellas en las que se erige como única estrella, repartiendo estopa a diestro y siniestro sin perder nunca la compostura y ese inmutable gesto que ya son marca de la casa.

Y si pocas dudas puede haber al respecto de que el Frank Martin de la trilogía producida y co-escrita por Luc Besson es, al menos por ahora, su personaje más emblemático, menos aún tendría que haberlas de que, en lo que a esta 'Safe' (id, Boaz Yakin, 201) atañe, estamos ante el mejor filme que ha protagonizado el británico, un feliz encuentro entre un guión efectivo hasta decir basta con unos diálogos por momentos antológicos, una dirección modélica y, por supuesto, una secuencias de acción con las que Statham se luce, y de qué manera.

Safe 1

Quizás algunos lo hayáis adivinado nada más leerlo, pero para aquellos que no lo hayan hecho, que quede claro que, más que un spoiler en toda regla, el título de la entrada pretende hacer directa referencia a los dos filmes que en mayor medida determinan aquello que podemos ver en 'Safe': de una parte, lo que Besson y Robert Mark Kamen, la misma pareja de guionistas que la citada trilogía de 'Transporter', ponía en juego en 'Venganza' ('Taken', Pierre Morel, 2008) —que a su vez no era más que la enésima iteración de una historia que hemos visto muchas veces— y, de la otra parte, lo que veíamos hace algo más de tres lustros de la mano de Taylor Hackford en 'Mercury Rising (al rojo vivo)' ('Mercury Rising', 1998).

De hecho, es con ésta última, y con la historia del niño prodigio a quien el héroe de turno tiene que proteger a toda costa, con la que más deudas adquiere el libreto de Boaz Yakin y el relato que éste construye en torno a un hombre que lo ha perdido todo y que encontrará la redención de mano de una niña china que es un genio de los números y que, sin pretenderlo, se ha convertido en pieza de cambio esencial en la guerra entre dos mafias neoyorquinas: la china y la rusa.

Con el actioner por bandera

Safe 2

Con tales mimbres, lo que Yakin construye con suma eficacia es un filme que, sabedor de sus limitaciones, saca partido de las mismas para erigirse como un actioner de primer orden en el que todo funciona como un preciso mecanismo de relojería, consiguiendo el escritor y cineasta mantener la tensión acerca de la resolución de la trama hasta el preciso momento en que se van desvelando los varios secretos que ésta esconde, un valor poco cuidado por este tipo de cine que hace que el filme se eleve muy por encima de la media de lo que podemos ver en el género.

Unido a ese valor que se desprende del libreto y a, como decía, unos diálogos cortantes —atención especial merece el que intercambian el personaje de Statham y el encarnado por Chris Sarandon en torno a las gónadas del primero—, la dirección de Yakin y el montaje de Frédéric Thoraval, éste último, casualidades, también editor de 'Venganza', hacen de la claridad y concisión narrativa, constantes y reglas a seguir a lo largo de todo el metraje, algo que servidor, como ya he comentado en más de una y dos ocasiones, agradece sobremanera. Brillantes son en éste apartado los primeros minutos de metraje, en los que se presentan a los dos protagonistas principales, y a la mayoría de secundarios, con un ritmo, una fluidez y una economía soberbias.

Unos minutos que sirven para marcar el talante que va a ostentar toda una función que, por mano de unos actores más que convincentes —genial el rescate del citado Chris Sarandon—, se acerca, gracias a su tono hosco, cortante y seco, a las formas que el género ostentaba hace tres décadas y que hoy por hoy cada vez abundan más. Y si esto no es motivo de celebración que venga San John McClane y decida.

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