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'Come, reza, ama', Julia Roberts descubre las claves de la felicidad

'Come, reza, ama', Julia Roberts descubre las claves de la felicidad
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A veces, perder el equilibrio por amor es parte de vivir una vida equilibrada.

(Ketut Liyer)

No es que sea nada nuevo, pero creo que el marketing está influyendo demasiado en el cine. Gracias a la profesionales de la publicidad, todas las películas son buenas, todos los directores son maravillosos, y todo el que salga en una pantalla de cine es una estrella (ya consolidada o en potencia). Claro que en esta dinámica, en un mundo de ganadores y perdedores, los que tienen más dinero, más medios y más influencia son los que cortan el bacalao, y los que les dicen a todos cuáles son las mejores películas, los mejores directores y las mejores estrellas; y el resto, a seguirles el juego. Como digo, no es algo de ahora, pero pienso que cada vez va a peor. Un ejemplo perfecto de lo que digo es esta cosa titulada ‘Come, reza, ama’ (‘Eat, Pray, Love’), que llegó a los cines españoles en septiembre, días después de que su protagonista, Julia Roberts, recibiera un premio a toda su carrera en el (otrora importante) festival de San Sebastián. Carteles por todas partes, la actriz en todos los medios, la película en boca de todos.

Por eso a nadie le extrañó que ‘Come, reza, ama’ lograra el número uno en la taquilla española, pero lo doloroso del asunto es que a nadie le pudo extrañar encontrarse con una película mediocre. Era imposible ocultarlo, pero no importó. A menudo, cuando hablo con mi compañero Alberto Abuín, llegamos al indiscutible tema del bajísimo nivel general del cine actual, de estreno, pero inevitablemente acabamos viendo un puñado de novedades cada semana, aun sabiendo que no nos va a gustar lo que veremos, y que en definitiva es una pérdida de tiempo. Puede que sea la curiosidad, el deseo de estar equivocados, o quizá es la fuerza de la publicidad. En cualquier caso, no he podido evitar ser otra víctima de ‘Come, reza, ama’, y aquí tenéis mi valoración de la película, una de esas que llegan a hacerte sentir mal por querer ver sufrir (de verdad) a la protagonista de la historia.

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La protagonista es Elizabeth Gilbert (Roberts), la autora del libro en el que se basa el film. Liz comienza su peculiar aventura cuando descubre su matrimonio no funciona, básicamente porque su marido (Billy Crudup) es egoísta y bastante idiota (en todas las escenas que aparece lo demuestra, resultando absurdo que siguiera con él, sin niños que lo justifiquen). Así que en lugar de seguir viviendo una farsa, le pide el divorcio, cosa que le cuesta conseguir; y enseguida encuentra a otro hombre (James Franco), uno más joven y espiritual. Tampoco le va bien con este otro, dejan de hacer sexo y se enfadan a menudo, desde que un amigo le suelta a Liz que siempre se parece a los hombres con los que se relaciona. Y la mujer se desespera. Entonces se plantea romper con su vida normal y hacer un largo viaje. Va a visitar Italia, India y Bali, con la esperanza de encontrarse a sí misma.

Si hasta ese momento la película parecía un aburrido capítulo de ‘Sexo en Nueva York’ (‘Sex and the City’), desde que Liz abandona Estados Unidos, ‘Come, reza, ama’ se transforma en un burdo reportaje turístico con las imágenes más tópicas de los lugares que visita, todo estupendo y divertido, la idílica visión que promueven las agencias de viajes en sus manipulados folletos. La mujer llega a Roma y, aparte de pasearse por las calles para que veamos lo alegre, loca, romántica y pueblerina que es la gente (salvo los viejos, todos los extras son muchachos guapos persiguiendo a muchachas guapas), se dedica a comer como loca, disfrutando sin medida, por lo que en un momento dado, a un plano cenital de la protagonista tirada en el suelo, intentando ponerse unos ajustados pantalones mientras se parte de risa. Ese es el humor del film. Y esa es una de las claves para la felicidad, zampar todo lo que se quiera. Claro que Roberts no tiene problemas de salud ni de peso ni de dinero, pero en parte, tiene razón. Las otras dos claves están en el título, paz interior, buen humor y articulaciones entrenadas como premio.

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Además de los clichés y las postales, también falla que en los tres viajes ocurre prácticamente lo mismo, todo es tan esquemático y tan poco natural que es imposible sentir que se está asistiendo a un viaje de verdad, y menos uno que pretende llegar al alma de una mujer para descubrir lo que hay dentro. Liz llega, consigue un lugar maravilloso donde quedarse (porque nunca olvidemos que la mujer tiene bastante dinero), se pasea un poco, se ríe y se entusiasma con todo, casualmente encuentra a una mujer que sabe inglés y la ayuda desde ese momento para descubrir más cosas. En los tres viajes hace una amiga similar. Pero en la India también conoce a un hombre triste, norteamericano como ella, que esta allí para intentar superar errores y seguir adelante; y esa parte es la mejor de la película, gracias al formidable Richard Jenkins, que con su mirada, su saber estar y unas pocas frases, engrandece durante unos minutos este torpe relato de más de dos horas.

Desafortunadamente, Jenkins tiene un papel breve en esta historia, y de nuevo todo vuelve a ser el show de la risueña y perfectísima Julia Roberts descubriendo los placeres de la vida en los lugares más pintorescos. Pero no quiero ser injusto, la culpa no es de la actriz, que realiza su trabajo con la corrección habitual, no se le exige mucho pero tampoco se la ve desconectada o desganada con el endeble material (a diferencia de Javier Bardem, que da vergüenza como guaperas padrazo brasileño), quizá porque la estrella encontró parte de sí misma en el personaje de Liz. El problema es que la crisis de identidad que plantea resulta tan superficial que es imposible sentirla como cierta, su situación es demasiado privilegiada para sentir su supuesto drama, y solo hay que ver cómo acaba todo (por cierto, con una incoherencia asombrosa) para confirmar su exagerado conflicto. Sobresale la fotografía de Robert Richardson y el escaso talento para el cine (con una pobre puesta en escena) del realizador Ryan Murphy, cuyo sitio parece ser la televisión. Un medio también más apropiado para ‘Come, reza, ama’, en especial a la hora de la siesta.

1,5

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