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Cómic en cine: 'X-men: Días del futuro pasado', de Bryan Singer

Cómic en cine: 'X-men: Días del futuro pasado', de Bryan Singer
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Un 8,5 en la IMDb, un asombroso 92% en Rotten Tomatoes, un más moderado 72 en Metacritic y casi 610 millones de dólares recaudación mundial en tan sólo dos semanas para un (desmesurado) presupuesto de 200 millones, son las cifras que no hacían sino prever que la vuelta de Bryan Singer a la franquicia que él mismo inició hace catorce años era, a todas luces, lo que todos esperábamos: el regreso a la grandeza que se había atisbado en los dos primeros filmes de la saga mutante y la confirmación de que atrás iban a quedar los oscuros momentos que la "serie" había atravesado, con más o menos intensidad, desde la marcha del cineasta.

A fin de cuentas, servidor no se cuenta —y eso será algo que ya veremos con más detenimiento cuando le toque el turno en este especial— entre los muchos y fervientes admiradores que respaldaron el éxito crítico de 'X-men: Primera generación' ('X-Men: First Class', Matthew Vaughn, 2011), una cinta que, con indudables aciertos, acusaba una teatralidad demasiado flagrante como para ser obviada y, dejando de lado los dos filmes protagonizados por Lobezno, y la infumable producción firmada por Brett Ratner, era muy obvio que el regreso de Singer se esperaba como agua de mayo que, finalmente, no ha traído todo aquello que prometía.

Una historia con solera

X-Men comic

Como se ha dicho ya por activa y por pasiva, 'X-men: Días del futuro pasado' ('X-Men: Days of Future Past', Bryan Singer, 2014) basa su trama en aquella urdida por Chris Claremont en los números 141 y 142 de 'Uncanny X-Men' aparecidos allá por 1981 a continuación de un par de ejemplares que habían servido al guionista inglés para servir como transición de la que sigue siendo la saga mutante más aclamada de todos los tiempos, la de Fénix Oscura.

En 'Días del futuro pasado', Claremont describía un futuro aciago para unos hombres y mujeres X que, diezmados a lo largo de los años por la incesante persecución de los centinelas, recurrían a los poderes psíquicos de Rachel Summers, la hija de Scott Summers y Jean Grey —Cíclope y Fénix— para enviar la consciencia de Kitty Pride al pasado en un intento de evitar el asesinato de un senador llamado Kelly que supondría el principio del fin para el mundo mutante.

Dibujada, como todo lo que tocaba por aquella época, por un John Byrne inconmensurable, 'Días del futuro pasado' es, junto con la citada saga de Fénix Oscura, el mejor exponente de lo que el legendario Claremont fue capaz de ofrecer al frente de la serie insignia de lo que, pocos años más tarde, se convertiría en la franquicia de cómics más rentable de la historia del noveno arte. Una franquicia que, desde entonces, sólo ha sabido encontrar la calidad que ostentó hace tres décadas en un par de momentos sueltos debidos a las etapas de Grant Morrison y, por supuesto, Joss Whedon.

'X-men: Días del futuro pasado', desigual entretenimiento

X-Men 1

Tachada por algunas de las más enfervorecidas voces de la red como "el mejor filme de Marvel hasta la fecha" —un título que, personalmente, veo muy difícil que alguna producción consiga arrebatarle a 'Los Vengadores' ('The Avengers', Joss Whedon, 2012)— 'X-men: Días del futuro pasado' es un filme que, al menos en la percepción del que esto suscribe, se queda bastante lejos de rozar el incuestionable sobresaliente que se le atribuye por estos vastos mundos de internet. Los motivos, variados ellos, apuntan sobre todo a un guión que "aprieta muy poco por intentar abarcar demasiado".

No en vano, tanto los 200 millones de presupuesto como el impresionante reparto con el que cuenta la cinta de Singer, hablan de forma inequívoca de la potente apuesta de la Fox por establecer un hito en el discurrir de la franquicia cinematográfica mutante. Una apuesta que queda plasmada de forma intermitente en dos horas y diez de metraje a las que mucha tijera se le podría haber metido para evitar los no pocos momentos en los que la acción languidece verbigracia a los excesos expositivos de la trama ideada por Jane Goldman, Simon Kinberg y Matthew Vaughn.

Ésta, que altera por completo el material de partida para malearlo a su antojo y acoplarlo a las necesidades de volver a contar con el reparto del anterior filme —un ejemplo claro, no es a Kitty Pride a la que se envía al pasado, sino a un Lobezno que viaja gracias a los ¿inauditos poderes mentales de Gatasombra?— arranca de forma brillante, impecable, con un primer tramo modélico sobre el que absolutamente nada habría que objetar y en el que se destapan los mejores hallazgos de la cinta: ese futuro en el que los mutantes son sistemáticamente aniquilados y, por supuesto, el Mercurio interpretado por Evan Handler Peters.

X-Men 2

Con la MEJOR secuencia del filme centrada en el personaje que interpretará Aaron Taylor Johnson en la segunda entrega de 'Los Vengadores' —esperemos que con mayor fortuna que lo que le hemos visto perpretar en 'Godzilla' (id, Gareth Edwards, 2014)— como techo al que no se vuelve a ascender, es a partir de que la citada escena finaliza que la cinta de Singer comienza a diluir su potencial en la pretensión innecesaria de abundar en la vertiente dramática de los acontecimientos, un error que el filme termina pagando caro cuando todo su tramo intermedio puede definirse mediante un doloroso término: aburrido.

De poco valen lo sólido de las interpretaciones de McAvoy, Fassbender —lo mejor del filme, sin duda alguna—, Dinklage o Jackman cuando, de una parte, el resto del abultado reparto queda tan desaprovechado —creo recordar que Halle Berry tiene ¡una única frase de diálogo!— y cuando, de la otra, el ritmo de la cinta desciende casi al electroencefalograma plano antes de comenzar a remontar de cara a un clímax final que, de acuerdo, será todo lo espectacular que queráis, pero no hace sino evidenciar que la cinta hubiera funcionado mucho mejor de haber incursionado con más insistencia en ese futuro que tan buenos instantes nos regala.

Todo ello queda aumentado, si bien no sobremanera, por la sensación que dejan los últimos minutos de metraje acerca de las verdaderas intenciones de la Fox para con un filme que se establece como una gategórica tabula rasa de TODA la saga mutante en un movimiento que plantea no pocas dudas de cara al futuro de la franquicia por muy atractivo que pueda ser el inmediato paso que anuncia la escena post-créditos. Un movimiento que se antoja de todo punto innecesario y cuya marcada personalidad "crowd pleasing" esperamos ver alterada con el estreno de 'X-men: Apocalipsis' ('X-Men: Apocalypse, Bryan Singer, 2016).

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