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Disney: 'El jorobado de Notre Dame', de Gary Trousdale y Kirk Wise
Críticas

Disney: 'El jorobado de Notre Dame', de Gary Trousdale y Kirk Wise

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En el fondo del complejo relato de Víctor Hugo, hay una historia sencilla y conmovedora. Es la historia de un pobre paria, un rostro aterrador que esconde un alma maravillosa. Alguien que quiere ser aceptado por el mundo que le rodea, pero que debe superar sus propios miedos para poder conseguirlo (...) Cuando buscamos historias para transformarlas en animación, lo que queremos encontrar son ocasiones para recrear grandes sentimientos y personajes interesantes. No hay duda de que Víctor Hugo nos legó un fantástico reparto de personajes.

Chasco a muchos niveles pero no en lo comercial —la cinta se saldó con casi 350 millones de recaudación global frente a los estimados 55 que acarreó a las arcas de la productora— y dejando claro que la tónica que habían establecido sus antecesoras se había roto por completo, 'Pocahontas' (id, Mike Gabriel y Eric Goldberg, 1995) servía como apertura a un nuevo período.

Si bien los estudios supieron como seguir encadenando grandes éxitos de taquilla, fueron olvidándose poco a poco de lo que se había conseguido al comienzo de la década de los noventa, estableciéndose lo que veremos entre 1996 y el final del siglo XX —con una MAGISTRAL excepción y un soberbio adendo— como claro preludio del extraño movimiento que la Disney haría a principios de la presente centuria.

Y no hay mejor muestra de esa tónica por la que se moverían las cintas de la casa de Mickey Mouse que esta 'El jorobado de Notre Dame' ('The Hunchback of Notre Dame', Gary Trousdale y Kirk Wise, 1996), una ligerísima adaptación de la gravedad dramática —trágica más bien— con la que Víctor Hugo caracterizaba en 1831 esa capital obra de la literatura universal que es 'Notre-Dame de París' que, por mor del acusado talante con el que siempre se caracterizan las cintas de la productora y por esa maldita manía de orientar hasta el más adulto de los relatos a los más peques, se queda en tierra de nadie y a medio camino de haber sido una obra maestra sin paliativos.

Víctor Hugo en su mínima expresión

Jorobado De Notre Dame 1

Como ya he comentado en más de una ocasión, no me considero un purista cuando hay que valorar la adaptación cinematográfica de un texto en concreto. Siempre defiendo eso de que "medios diferentes tienen necesidades diferentes" y, bajo esa premisa, acepto de buena gana las muchas variaciones que los guionistas suelen introducir en las traslaciones literarias a la gran pantalla. Ahora bien, dicha aceptación pasa, sí o sí, por un filtro inevitable, que los cambios no terminen chirriando y sean fieles al espíritu original del texto al que dan respuesta a 24 fotogramas por segundo —caso, por poner un ejemplo muy llamativo, de (casi) todo lo que Peter Jackson planteó para la trilogía de ESDLA en contra de lo que ha perpretado con la de 'El Hobbit'.

Centrando nuestra atención en 'El jorobado...', resulta llamativo observar como, en el drástico proceso de simplificación al que la Disney tenía que someter sí o sí al texto de Víctor Hugo —la novela tiene, literalmente, cientos de personajes— se terminara obliterando casi por completo la esencia última de tan fundamental texto, reflejando el guión de forma sesgada la caleidoscópica mirada que el literato francés hacía sobre un momento de la historia de su país para poner en valor de cara a los lectores de la época la relevancia del templo que se eleva en mitad de la Île de la Cité.

Jorobado De Notre Dame 3

Quizás su mayor y acusado problema al ser comparado con la novela, no es el hecho de que se reduzca como se hace la vasta complejidad de la misma, sino el infantilizarla, primero, mediante el suavizado extremo que se hace de Quasimodo para convertirlo en un personaje con el que el público más menudo de la sala pudiera empatizar y, segundo, por mor de la inclusión de unos alivios cómicos que NUNCA han estado tan fuera de lugar en una cinta Disney como lo están aquí esas tres gárgolas que son Víctor, Hugo y Laverne, tres personajes completamente prescindibles que cargan a cada nueva aparición y que, para colmo, cuentan con el peor número musical del metraje.

Ahora bien, al César lo que es del César: si es incuestionable que en el esfuerzo por agradar a los más pequeños se pierde gran parte de la fuerza original de las palabras de Víctor Hugo, también lo es que éstas quedan perfectamente representadas por el marcado carácter adulto que ostenta una buena parte del metraje, esa que habla de temas como el infanticidio, la odio racial, la hipocresía religiosa o el deseo y la obsesión sexual y cuya inclusión en un filme de la compañía habría sido impensable décadas antes tanto como el que la "princesa" de turno fuera una bomba de sensualidad llamada Esmeralda a la que pondría voz y mucho más una actriz de imagen tan controvertida como Demi Moore.

'El jorobado de Notre Dame', un filme bipolar

Jorobado De Notre Dame 2
Sabíamos que sería todo un reto permanecer fieles al material al tiempo que le aportábamos la cantidad de fantasía y diversión que el público siempre espera de una producción Disney. No la íbamos a terminar como el libro, con todo el mundo muerto.

Si en las palabras de Don Hahn —productor del filme— que abren esta entrada uno puede leer entre líneas y adivinar la directriz por la que siempre terminan moviéndose los filmes de Disney, es en las de Kirk Wise que encabezan este párrafo donde mejor podemos identificar la clara bipolaridad por la que se rigió la producción de una cinta que, como apuntaba al comienzo del texto, podría haberse convertido sin problemas en la MEJOR película de los estudios. Y no hablo ya de los noventa, sino de toda la historia de los mismos desde 1938 hasta ahora.

Valores que apoyan tal afirmación los encontramos desde el primer minuto de acción, con un prólogo capaz de dejar a cualquiera sin aliento: unos coros ominosos de claro corte clerical dan paso a unas campanas que acompañan a un plano aéreo que se va abriendo paso a través de las nubes hasta llegar a las dos torres de Notre Dame. A continuación, un número musical que, de no ser por lo que años después veríamos en el arranque de las aventuras de cierto rey de la selva, conformaría los primeros cinco minutos más potentes que haya tenido una producción animada de la Disney.

Jorobado De Notre Dame 6

En ellos ya se adivinan los derroteros adultos por los que va a discurrir el metraje, vertidos todos ellos en un Frollo que, trastocado de diácono a juez para evitar problemas con la iglesia, no se desprende no obstante del halo de hombre santo que le imprimía Hugo y supone, a todas luces, lo mejor de la película cada vez que hace aparición. Viva encarnación del mal en la que es probablemente la versión más terrorífica que se ha visto del mismo en un filme de la compañía, Frollo es a la postre uno de los mejores villanos que ha dado jamás Disney y suya es, junto a el inicio, la MEJOR secuencia de la cinta, el número musical 'Hellfire'.

Logro en todos los sentidos que uno quiera analizar a la hora de aproximarse a una cinta de animación, y pináculo indiscutible de 'El jorobado de Notre Dame' junto con la luminosa y poderosa 'Out There' que canta Quasimodo, oir de boca de un personaje Disney frases como "ardiente deseo me arrastra hacia el mal", "en el infierno debe arder si no va a ser jamás mi posesión" o "Es fuego. Oscuro...ser mía ahora o tu condenación" y asistir a un despliegue de animación que es como poco turbador dice, mejor que ningún otro momento de la producción, que de haberse dejado de ñoñerías y vanas amabilidades, estaríamos ante un hito de los estudios.

Pero claro, esto es Disney y no podemos llevarnos a engaños, amparar un filme sólo destinado a un sesgo de público que superara los tres lustros de edad era un movimiento suicida y de ahí la inclusión de las gárgolas, la dulcificación de Quasimodo y de lo trágico de la conclusión de la historia, o la aparición de esa Corte de los Milagros que tan metida con calzador queda en un segundo acto que funciona a rastras y que, de no ser por la citada canción de Frollo —que, por cierto, menuda la labor que hizo nuestro querido y desaparecido Constantino Romero doblando al personaje— habría hundido por completo los esfuerzos de un clímax que, eso sí, tiene instantes de suma fuerza.

Huelga decir que, reflejando ese desequilibrado talante dual que caracteriza a toda la producción, tanto la banda sonora de Alan Menken —que aquí no logró llevarse el gato al agua en la entrega de Oscars por más que su trabajo fuera superior al que hiciera Rachel Portman— y las canciones de Stephen Schwartz, como la animación en términos generales, oscilan entre lo mejor y lo muy irregular. Y si ya hemos puesto ejemplos abundantes sobre los primeros, centremos ahora nuestra atención en aquello que, a estas alturas, ya no tendría que haber sido escaparate de tantos altibajos.

Jorobado De Notre Dame 5

Provocadas en última instancia por el hecho de que la Disney comenzó a contar con equipos de animación a ambos lados del charco, las grandes diferencias que en lo que a calidad se refiere encontramos a lo largo del metraje son un pecado imperdonable. En la parte positiva —muy positiva— cabría destacar la grandeza de los escenarios y de los efectos generados por ordenador —asombroso el rosetón de la catedral— y la animación y diseños de Frollo y Esmeralda. En la negativa, aquello que corresponde a Quasimodo y Febo —simple como él sólo— y el insalvable maridaje entre ambos escalones de producción.

"Pudo ser y no fue" es, en definitiva, la expresión que mejor caracteriza a un filme que, con todo —y a pesar de que mis muchos embistes en el texto hagan pensar lo contrario— roza el sobresaliente y que como he dicho nos deja algunos de los momentos más gloriosos que se hayan podido ver en una película Disney. Lástima que la productora no le echara los redaños suficientes para convertirla en ese algo más que tan bien había alcanzado en años previos y que no volvería a tocar hasta que se atrevió con el personaje más famoso salido de la pluma de Edgar Rice Burroughs.

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