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'District 9', puntos de vista

'District 9', puntos de vista
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‘District 9’ es la sorpresa de la temporada, y lo cierto es que no es para menos. El film aúna en perfecta armonía comercialidad y calidad, y va camino de convertirse en una de esas películas de culto, a las que también le surgirán un montón de detractores —evidentemente nunca llueve a gusto de todos, y cuando se trata de cine, menos—, aunque de momento la respuesta general está siendo de lo más positiva —imagino que en Tordesillas estos días esta película será adorada por todos aquellos que sienten un profundo respeto por la vida—, tanto por el público llano como por la crítica especializada, aunque hay casos, como el de cierto crítico internetero americano que la ha puesto a parir. Dejando a un lado las polémicas, siempre es un placer discernir cuando se trata de arte, y sobre esta película aún queda mucho por discutir.

Es realmente curioso que mi compañero Juan Luis Caviaro haya señalado en su crítica del film el no haberle gustado los diferentes puntos de vista que ‘District 9’ desarrolla a lo largo y ancho de su intenso metraje. Es precisamente dicho elemento el que me ha parecido el más llamativo, pues cambiar los puntos de vista, de la misma forma que andar cambiando de tono, representa un riesgo que no siempre se sortea con ingenio. En el caso del debutante Neill Blomkamp —que adapta al largometraje su corto ‘Alive in Joburg‘—, éste ha sabido utilizar con sabiduría los distintos puntos de vista que el relato necesitaba, logrando captar la atención en todo momento.

‘District 9’ da comienzo poniéndonos al día del estado en Johannesburgo, ciudad sobre la que hace años se plantó una nave extraterrestre. Cuando los gobiernos de todo el mundo esperaban una invasión, luego un contacto amistoso —siempre por ese orden, y a veces sólo se considera el primer punto—, descubren que los alienígenas están en un estado precario, su nave está inutilizada y no pueden regresar a su planeta. Los terrestres, en uno de esos gestos tan amables que nos caracterizan, deciden aceptar en el planeta a los peculiares visitantes, recluyéndolos en una zona denominada Distrito 9, donde viven todos como tercermundistas… En la actualidad, la situación se ha puesto insostenible, al ser humano no le interesan sus compañeros interestelares, si no el saber utilizar sus evolucionadas armas —el ser humano siempre pensando en grandes avances—, las cuales sólo funcionan mediante ADN alienígena. La MNU, empresa privada encargada del bienestar de los extraterrestres en su nuevo hogar, decide desplazarlos a todos a otro lugar.

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Neill Blomkamp sabe muy bien cómo manejar el material que tiene entre manos, que sin tratarse de lo más original que se haya hecho, sí posee una frescura de la que carecen otras películas de Sci-Fi. Comienza a modo de documental, poniendo al espectador en situación. No necesitamos ver el origen de todo, cómo la nave llega a la Tierra o el contacto entre humanos y aliens. Un par de escenas al respecto y llega. En cinco minutos, a través de declaraciones de supuestos expertos, apoyadas por documentos visuales de la propia MNU, mezcladas sabiamente con escenas de noticiarios, el espectador es sumergido de lleno en una historia que le arrastrará hasta el final, sin despegar ni un sólo momento la mirada de la pantalla. Si de algo hace gala Blomkamp en su ópera prima es de poseer un nervio narrativo envidiable.

‘District 9’ toca de refilón el tema del apartheid —de hecho la película contiene elementos autobiográficos del propio Blomkamp, sudafricano de nacimiento—, nos habla de los prejuicios contra gente de otra raza, de la comprensión, del amor fraternal, de la ceguera mundial ante ciertas desgracias, de la falta de información, de la manipulación por parte de los medios, y hasta si me apuras, de la amistad. Temas universales a través de una historia concreta, y he ahí la importancia de los puntos de vista que el film toma. Cámaras de noticiarios, dando información según convenga, y sacando conclusiones precipitadas, cámaras de la MNU, entrevistas a expertos que opinan sin haber estado en el lugar, gente de la calle, y finalmente los personajes centrales de la historia: un repelente, en principio, trabajador de la MNU —Wikus Van De Merwe—, encargado de desalojar el distrito 9, y un extraterrestre —Christopher— acompañado de su hijo, con los que mantendrá una especial relación debido a especiales circunstancias, las cuales tiene que ver con el entendimiento por parte de Van De Merwe de lo que significa ser perseguido, o diferente. Una transformación física y psicológica que nos lleva en algunos instantes al Peter Jackson —productor del evento— de hace años, y si no, fíjense en los detalles de la uñas o los dientes, instantes provistos de cierto halo cómico que funciona a la perfección. Esto no sucede en un intento previo de humor, antes de que el drama personal del protagonista estalle, con secuencias como la del cumpleaños sorpresa, que roza el esperpento.

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En el aspecto actoral, todo el peso de la función recae en un estupendo Sharlto Copley, que de hecho no quería ser actor, pero aquí lo hace tan estupendamente que parece que la interpretación es lo suyo. Wikus Van De Merwe empieza siendo un gilipollas integral, un tipo literalmente insoportable que sólo piensa en hacer cumplir la ley. Poco a poco va cambiando, y la empatía con el espectador se produce de forma lógica y coherente, para acabar transmitiendo el mensaje que se daba en films como ‘Matar a un ruiseñor’ (‘To Kill a Mockingbird’, Robert Mulligan, 1962) y que se resumía en aquella maravillosa frase de Atticus Finch: You never really understand a person until you consider things from his point of view… Until you climb inside of his skin and walk around in it, traducida en España como Nunca se conoce realmente a un hombre hasta que uno se ha calzado sus zapatos y caminado con ellos. Van De Merwe pasará por esa necesaria experiencia y comprenderá muchas cosas, principalmente lo repugnantes que pueden llegar a ser los de su propia especie, la inhumanidad del mal llamado ser humano.

‘District 9’ ha costado solamente 30 millones de dólares, un presupuesto que casi puede considerarse ridículo en una película de estas características, pero lucen en pantalla hasta el último centavo. La película es la prueba patente de que no se necesitan grandes presupuestos para hacer buenas películas, algo parecido a lo que Roger Corman hacía, salvando las distancias por supuesto —no obstante, sus films sobre las obras de Poe lucían increíblemente—, a lo que hay que añadir que los efectos visuales están perfectamente insertados en la historia, y resultan simplemente espectaculares por el simple y difícil hecho de que uno se cree completamente lo que ve en pantalla. Sirva como ejemplo toda el tramo final, de ritmo vertiginoso, que deja en pañales a buena parte del cine de acción coetáneo, o lo creíbles que resultan los diseños de los aliens, de claras reminiscencias Spielbergnianas —esos ojos del crío alien—, en una mezcla sombrosa de realismo y pura ficción.

‘District 9’ no es una obra maestra, ni lo busca ni lo necesita. Con el paso del tiempo se convertirá sin duda en un título de culto —acepción que ahora se concede a la velocidad del rayo—, por sus indudables méritos. Acción y emoción, denuncia y crítica, cine en pura esencia desde el primer plano al último, en el cual culmina el punto de vista del espectador, y omitiendo el fuera de campo con gran ingenio y sencillez, se nos muestra lo que imaginamos justo antes de hacerlo. No es una concesión ni un final feliz, es una agridulce mirada —la de aquellos que han sentido la opresión— hacia la esperanza.

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