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'El Havre', un Kaurismäki social y optimista

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La suerte no suele visitar mi barrio” (Arletty).

Esta semana se ha estrenado ‘El Havre’ (‘Le Havre’, 2011), el último trabajo del finlandés Aki Kaurismäki, en el que vuelve a contar con su actriz habitual, Kati Outinen, y en esta ocasión añade al reparto nombres franceses: André Wilms, Blondin Miguel, Jean-Pierre Darroussin y Jean-Pierre Léaud, habitual de François Truffaut.

La sencilla historia que mueve esta película se centra en un antiguo escritor bohemio que ha sentado la cabeza y se gana la vida a duras penas con un trabajo de limpiabotas para el que ya casi solo puede contar entre sus clientes a algún mafioso con intenciones de despistar a sus perseguidores. La esposa de este hombre está fatalmente enferma y él, que desconoce la gravedad de la dolencia, está centrando sus atenciones en ayudar a un chaval que acaba de llegar al puerto en una patera y al que busca la policía. Tras tal crónica de los acontecimientos que acontecen al inicio del film, cualquiera esperaría no ya un drama, sino una durísima película sin concesiones, cargada con una presencia exagerada del componente crítico.

Sin embargo, Kaurismäki puede contar hechos como estos con sentido de humor y de una forma positiva, pero, sobre todo, muy particular y única. El director elige como sus seres preferidos a personas con poca suerte. A pesar de o precisamente por ello, opta por el optimismo y la alegría y busca la parte buena de la vida incluso en momentos o lugares en los que parece imposible hallarla. Al haberse trasladado a Francia, aunque sea a una zona deprimida, parece necesario marcar más claramente este componente de crítica social. En sus anteriores films, situados en Finlandia, la protesta estaba más velada, presente solo por la mera ubicación en deprimentes y míseros escenarios, y era la historia personal lo predominante.

El Havre

Con sencillez pasmosa, como pasando de todo, actitud que lo caracteriza por completo, el director compone cuadros casi pictóricos al situar la cámara ante sus personajes y los coloridos fondos. Así, una de las características más llamativas de ‘El Havre’ es la ambientación y quizá por eso el título alude a la ciudad, pues se toma la zona como protagonista comunitario. Los integrantes de la historia se agrupan en un barrio que semeja un decorado y los vemos en interiores que, de puro viejos y degradados, recuerdan al bar más “vintage” de la zona “hipster” de cualquier gran ciudad de ahora. Con su realismo feísta y nada adornado, la película es, al mismo tiempo, de una gran belleza plástica.

En el aspecto negativo, se puede comentar que, a partir de un momento en el que está todo dispuesto para acometer una resolución, puede producirse impaciencia por contemplar el desenlace, al que aún le queda por llegar, dando la impresión de que el film es más largo de lo que realmente dura. El final descolocará a quienes no conozcan a Kaurismäki, que encontrarán inverosímil la coda que funciona casi como epílogo. Pero hay que saber entender sus intenciones para apreciar que responde a la forma de ver la vida del director, quien construye la conclusión sobre la pura fantasía, dotando de magia a esos lugares donde no ocurren los milagros.

El Havre

Personajes

Como tantas otras veces en la filmografía de este cineasta, se trata de una película de personajes. La trama no es más que la forma más indicada de provocarles las actitudes con las que demostrar sus auténticas faces. Estas pobres personas que forman el pequeño mundo que rodea al limpiabotas y a su mujer son la dueña del bar, el frutero, la panadera y un compañero que también lustra zapatos. Cada uno de ellos en su hieratismo, en su escasez de palabrería, antepone una barrera de dureza que en seguida deja ver un enorme corazón cuando es necesario. Así, todos los personajes son entrañables y sumamente cercanos. Kaurismäki es un guionista de pocos diálogos, pero muy acertados y es en las pausas y miradas donde se adivina casi todo lo que necesitamos saber.

André Wilms da vida al principal, derrochando carisma a través de su piel, sin necesidad de gestos grandiosos o de muchas palabras. Funciona a la perfección y supone el valor más importante de ‘El Havre’. El acento de Kati Outinen que, además, está doblada –por sí misma, pero no es sonido directo–, resulta artificial, pero este pequeño defecto se podría tomar como otra de las rarezas voluntarias de Kaurismäki. La actriz –a quien pude conocer en el Festival de Locarno– es tan maravillosa y tiene unos ojos tan expresivos que no necesita clavar una pronunciación para que todas nuestras esperanzas estén con su recuperación. El detective encarnado por Jean-Pierre Darroussin, que conduce un coche de los años sesenta y viste como si estuviese en esa época, podría funcionar como homenaje al polar o cine francés policiaco de aquellas décadas. Pero su actitud es muy diferente a la de aquellos aguerridos investigadores, más en la línea de un Javert de ‘Los Miserables’. Este hombre cuenta con un papel menor en cuanto a minutos de presencia, pero principal por el impacto de sus movimientos.

El Havre

‘El Havre’ entra dentro de un canon de películas no solo habituales, sino hasta manidas, que nos presentan a una comunidad que, unida por una causa y gracias a la bondad de cada uno de los ciudadanos, vence a fuerzas superiores. A pesar de ello, no resulta ni ñoña ni aleccionadora ni falsa,. Está cargada de emotividad, pero debido al comportamiento tan extravagante de quienes cometen estos actos desinteresados, es imposible que aparezca el más mínimo rasgo de sensiblería.

En resumen

Quienes ya conozcan la filmografía de Kaurismäki, encontrarán aquí la rareza y el encanto de los personajes, el humor y el optimismo que tantas veces habrán disfrutado gracias este creador. Para alguien que quiera comenzar con la filmografía del finlandés, recomiendo verse antes ‘Nubes pasajeras’, ‘Una vida de bohemia’, ‘La chica de la fábrica de cerillas’ o ‘Los Cowboys de Leningrado van a América’ y luego ya pasarse a esta, ya que considero imprescindible conocer las idiosincrasias del autor para no suponerlas fallos. Así como otras películas suyas no solo habrían entrado en mi lista de las diez mejores del año, sino que incluso podrían encabezarla, ‘El Havre’ puede que quede fuera, porque tiene todo lo esperable, pero no termina de producirme la misma emoción que el resto de las maravillosas cintas del finlandés.

Otra crítica en Blogdecine | Festival de Cannes 2011: ‘Le Havre’ (Aki Kaurismäki) y ‘Michael’ (Markus Schleinzer), por Juan Luis Caviaro.

Mi puntuación:

3

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