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El Señor de la Guerra y la duda moral superficial

El Señor de la Guerra y la duda moral superficial
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Mañana se estrena entre nosotros la tercera película de Andrew Niccol, cuyos mejores trabajos a día de hoy siguen siendo 'Gattaca', su ópera prima; y el guión de 'El Show de Truman', una de las mejores películas de Peter Weir. Nos llega con bastante retraso, algo a lo que estamos acostumbrados, y eso que en su reparto figuran los nombres de Nicolas Cage y Ethan Hawke, que son lo suficientemente conocidos por el público. No obstante, no estamos ante una película taquillera ni mucho menos y no sé yo cómo será recibida por cierto sector. He leído por ahí que era como 'Uno de los Nuestros' pero con un comerciante de armas. A la gente le encanta exagerar, lo único en lo que se le parece al film de Scorsese es en la utilización de una voz en off realmente excesiva, y en una puesta en escena algo alejada de lo que normalmente se suele ver. Pero no nos ilusionesmos, todo es fachada.

El film narra la vida y obra de Yuri Orlov, un ucraniano que afincado en Nueva York con su familia un día descubre un negocio que no puede fallar: tráfico de armas, armas que todo el mundo necesita. Convence a su hermano para sumerjirse en el peligroso mundo de las armas, y a partir de entonces, y con contactos, empezará a ganar un montón de dinero. Conocerá a la mujer de sus sueños, una importante modelo, pero también empezará a ser acosado por un agente de la Interpol a la par que competir con otro traficante de mayor éxito. Y como broche final la duda moral hará acto de presencia ¿lo que hace está bien? ¿si no lo hace él lo hará otra gente? La película comienza con unos espectaculares títulos de crédito que siguen a una bala desde su fabricación hasta su destino final. Toda una declaración sin palabras de cómo son las cosas en un mundo en constante guerra, y de cómo será la tónica de la película hasta el final. Con una violencia fría y descarnada, que nuestro protagonista presencia continuamente, pero que no interviene ni le afecta, ya que él sólo vende armas. Para qué son utilizadas no le importa lo más mínimo. "No es nuestra guerra", se repite unas cuantas veces a lo largo del film. La película juega en todo momento con si no intervenir en un acto violento totalmente injustificado es ético o no, y va más allá cuando esta duda moral la tiene el que precisamente proporciona la herramienta para llevar a cabo ese acto violento.

Lamentablemente el film se queda en la superficie y no profundiza sobre esa interesante cuestión. Nos ofrece pinceladas muy bien filmadas, pero que no terminan de arrancar, es como un quiero y no puedo, o más bien no me atrevo. Sobra decir que el film realiza un poco de denuncia, pero sólo un poco, podría haber sido mucho más sangrante, material había para ello, pero Niccol parece sólo preocupado en ofrecer un producto dinámico visualmente hablando y no se preocupa po una historia que si bien resulta en todo momento interesante, no es capaz de contarla coherentemente, y sobre todo con mala leche, que no le hubiera venido nada mal.

El guión se tambalea entre escenas bien rodas que funcionan a la perfección y otra muchas donde las cosas nos son explicadas porque sí. Por ejemplo, la decisión del protagonsia de dedicarse al tráfico de armas, que la toma a la buena de Dios, y de repente es un experto en el tema. La relación con su mujer está cogida por los pelos, apenas nos cuentan cosas, cuando se supone que es el amor de su vida; y la relación con su hermano, a pesar de estar mejor explicada por momentos resulta forzada, como todo lo relacionado con las drogas. Una voz en off intenta solventar todos esos errores, pero la vocecita de turno termina por cansarnos.

Los actores están muy correctitos. Nicolas Cage que nunca me ha parecido un gran actor está como casi siempre, con cara de agobiado y desentona un poco en el papel. Ethan Hawke interpreta al agente de la Interpol que quiere darle caza, y sus apariciones son de lo más forzadas en la película, un contrapunto al personaje de Cage pero que no está bien mostrado. Jared Leto interpreta al hermano drogadicto del personaje principal y tampoco se luce especialmente, a pesar de su importancia en la historia, sobre todo en su tramo final, pero que resulta muy artificioso. Ian Holm interpreta a un importante traficante de armas, pero el actor se muestra en todo momento desganado. Bridget Moynahan es muy mona. Punto.

Una floja película que resulta interesante sólo por momentos, y que no añade nada nuevo a las carreras de sus responsables. Es probable que aquí el film sea un éxito, ya que hay cierta incorrección política, pero muy leve. Como leve es la crítica hacía un pais que no se cansa de suministrar armas a sus propios enemigos. Eso aquí nos va a encantar, cuando alguien se mete con los Estados Unidos, en términos cinematográficos, casi siempre es bien recibido por estos lares.

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