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'Hancock', la maldición de ser superhéroe

'Hancock', la maldición de ser superhéroe
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Es el tiempo de los superhéroes en el cine. Nunca hemos tenido tantas películas seguidas cuya trama gire alrededor de uno de esos personajes tan queridos por la mayor parte de la audiencia a la que van dirigidos. En cierto modo, para muchos de nosotros es como una vuelta a la infancia, cuando soñábamos con volar, o tener una armadura indestructible, o lanzar rayos por los ojos, o ser invisible, o cualquier otro poder extraordinario, uno de esos poderes que nos diferenciaran de los demás, que nos hiciera especiales. Todos hemos querido ser algún superhéroe en algún momento de nuestra niñez.

Pero ser superhéroe no debe ser nada fácil, por todo lo que nos cuentan tanto en los cómics como en las películas. Parafraseando la famosa frase de 'Spider-Man' de Sam Raimi, "tener un gran poder lleva consigo una gran responsabilidad". Una responsabilidad que ha sido plasmada de formas distintas dependiendo del personaje, y en algunos casos supone una especie de maldición el ser alguien distinto a los demás por muy superhéroe que se sea. Ahora, y en total medida para un actor como Will Smith, probablemente el actor más rentable de la actualidad, se indaga en ese vital aspecto, en 'Hancock', un film tan olvidable como interesante.

'Hancock' apenas tiene argumento, y sin embargo cuenta cosas, o habría que decir que las sugiere. Will Smith da vida a un superhéroe que lleva una vida de los más patética. Cuando ha de intervenir para evitar algún acto delictivo, en vez de ayudar prácticamente molesta a todo el mundo, causando una serie de destrozos monumentales. Todo el mundo le odia, y apenas creen en él, hasta que un día salva de una muerte segura a un joven publicista emprendedor, idealista y bastante inocente, que en señal de agradecimiento se propone salvar la imagen pública de Hancock. Éste acepta no de muy buen grado, pero algo le dice que si confía en su nuevo amigo las cosas pueden salir bien, y empezar a ser respetado por todo el mundo, al que en cierto modo se debe, dada su condición de superhombre capaz de velar por la seguridad de todos.

Todas las constantes del cine de superhéroes están en esta cinta con personaje inventado para la pantalla grande. También le da la vuelta a ciertas cosas, rayando siempre con el género de la comedia, en una operación similar a la de 'El último gran héroe' pero sin un grado tan alto de complicidad por parte del espectador. Después de una primer parte, en la que se nos presentan los personajes y las dudas existenciales de Hancock, el film da un giro inesperado (y me sorprende que la campaña de publicidad no desvelara nada al respecto, algo de agradecer en los tiempos que corren, y que hace un poco más disfrutable la película) para solucionar en cierto modo las dudas del héroe, apareciendo entonces el verdadero dilema del mismo. Un dilema que sorprende por su dureza y que le confiere al superhéroe su verdadera dimensión. Su punto débil, su kryptonita, es el mayor don que los mortales poseen. Una gran ironía, que sólo por sugerirla se merece todos los aplausos, aunque, como la mayor parte del film, está poco desarrollada y aprovechada.

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Y es que 'Hancock' adolece de esquematismo a todos los niveles. La puesta en escena de Peter Berg es desconcertante, sus escenas de acción no están bien resueltas, y cuando el drama personal hace acto de presencia, le da por primeros planos algo ilógicos y filmados por un operador con tembleque. Drama que por otro lado no parece suficiente, al no enfrentar el héroe a un contrincante de altura que tome forma física de enemigo lo suficientemente peligroso para nuestro personaje (la escena en el hospital al respecto es de lo más insulsa y anodina). Por la contra consigue que no nos aburramos, que ya es bastante, aunque en 80 minutos hubiera sido casi un pecado, cierto clímax final entre atípico y complaciente, y unas dignas interpretaciones de su pareja protagonista. Will Smith da el tipo para ser Hancock, aunque su pose de estar mosqueado con todo el mundo termine cansando un poco, y Charlize Theron le da la réplica bastante bien, demostrando que sus dotes como actriz están a la altura de su belleza. En Jason Bateman es mejor no fijarse porque este actor sin el más mínimo carisma suele estropear todos los personajes que caen en su manos.

'Hancock' no es ninguna maravilla, y estropea parte de sus posibilidades (el origen de Hancock es una idea tan atractiva como mal desplegada), pero es en sus sutiles diferencias con el resto de films idénticos a éste, donde radican sus virtudes. Eso, y algún que otro gag ingenioso ocasionado por la "rebeldía" de Hancock. Para pasar el rato huyendo del asfixiante calor de estos días.

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